Ned Yost solo tiene una explicación. Técnica, sincera, con sabor a béisbol:
‘’Los muchachos lo hicieron todo sobre los diamantes y van por todo por el béisbol’’.
Mejor explicación, imposible. Ciertamente los Reales de Kansas City deben sentirse más que orgullosos hoy, en su primer día completo de celebración, después de haber conquistado el título de la Liga Americana, frente a los valiosos Orioles de Baltimore, novena que los aventajaba en todo, sobre el papel, pero que se ‘’arrugaron’’ a la hora de la verdad, ante la calidad, el talento y la oportunidad que aprovecharon en todas las ocasiones, la novena ganadora del comodín de la Liga Americana, que ahora esperan al rival para la Serie Mundial, que resultará de la confrontación de la final en la Liga Nacional entre los Gigantes de San Francisco y los Cardenales de San Luis.
Todos los análisis quedaron por el suelo cuando los expertos, incluido quien escribe estas líneas, dábamos como favoritos para conquistar la corona del novel circuito a los Orioles. Todo se cayó como un castillo de naipes, ante la capacidad de juego de los Reales, por explotar todas las falencias de la novena de Baltimore, por cambiar su estilo de juego al cual nos tenía acostumbrados y por la forma en que su nómina se comportó a la altura de las circunstancias, en los momentos cruciales los cuatro juegos de la final de la Americana.
La artillería de los Orioles fue silenciada en los dos últimos encuentros efectuados en casa de los Reales, pero en los dos primeros compromisos, pese a que respondieron a la ofensiva, cayeron en su campo de juego, gracias a las formidables actuaciones de los lanzadores abridores de la novena de Kansas, incluyendo el trío imbatible de cerradores que, cada vez que fue necesario, se encargaba de sellar las victorias en las cuatro confrontaciones por la corona de la liga, cuya semblanza dejaba conocer el sabor de victoria asegurada desde la séptima entrada.
Mano a mano desde la loma
James Shields, el dominicano Yordano Ventura, el mexicano-estadounidense Jason Vargas y Jeremy Guthrie, los cuatro ases de la rotación, con los intransitables lanzadores relevistas Kelvin Herrera, Wade Davis, por cierto, ganador de dos de los cuatro partidos disputados, y Greg Holland, el cerrador con cuatro partidos salvados en igual número de apariciones desde la lomita de los sustos, en un mano a mano sensacional, en ese orden, para actuar en los episodios séptimo, octavo y noveno, se encargaban de colgar los ceros necesarios para que los Reales, con pizarras muy cerradas por cierto, se adjudicaran los cuatro juegos, para compilar ocho victorias consecutivas en la postemporada, registro que no se presentaba en la historia de las Grandes Ligas desde 1928, cuando los Yanquis de Nueva York acumularon igual número de triunfos de postemporada, pero sumadas cuatro en la ronda del 27 y cuatro en la del 28.
Nadie puede olvidar en estos momentos, que los Reales se alzaron con la tarjeta de invitación a la postemporada, tras vencer a los encopetados Atléticos de Oakland, novena que era favorita para capturar el comodín del circuito.
Luego, los Reales se deshicieron de los temibles Angelinos de California, en la serie divisional, en donde triunfaron con el mismo sello, al uno, dos, tres, con juegos de béisbol brillante, en donde todo les salía a pedir de boca, y por cuya capacidad, pudieron superar sin obstáculos a un rival de talla y jerarquía, que se había puesto el título del mejor club de la Gran Carpa en el presente año.
No hay excusas
No hay excusas que dar por parte de los Orioles. La novena del estratega Buck Showalter sabía de antemano que no contaría con el antesalista y formidable jugador, el latino-norteamericano Manny Machado; que su receptor titular Matt Wieters, tampoco estaría disponible para la contienda y que su primera base regular, el poderoso zurdo Chris Davis, estaba suspendido en los 25 partidos siguientes del club, al habérsele comprobado el uso de anfetaminas.
Todo eso lo sabíamos y sin embargo, escogimos a los Orioles, como muchos otros tantos colegas, para cruzar la barrera que le permitiera llegar la Serie Mundial de este 2014, por primera vez en más de dos décadas, dadas sus estadísticas y la forma en que venía jugando el béisbol. Y nosotros, en cambio, sí ofrecemos excusas, por dar a conocer una propuesta ganadora que nunca llegó a calentar siquiera sus bates. Una vez más, el béisbol nos ha dado una soberana bofetada por estar entregando pronósticos que la realidad los vuelve añicos.
La pólvora de los Orioles se humedeció cuando más se necesitaba. Después de vapulear a los Tigres de Detroit, ganándoles la serie divisional en tres partidos bateando para 263, incluyendo cuatro estacazos de vuelta completa, frente a los Reales, los Orioles compilaron apenas 217 puntos con el madero, 30 imparables en 138 turnos, con apenas 2 cuadrangulares en las estadísticas, luego de despachar 211 ‘’bambinazos’’ en la temporada regular, contra 280 a la ofensiva del Kansas, 37 indiscutibles en 132 turnos, sumándose 4 tablazos de cuatro esquinas, dos de ellos del tercera base, Mike Mostazas, a quien además hay que abonarle sensacionales atrapadas en la esquina caliente, engarces que todavía siguen en la retina de ciento de millones de espectadores del mundo beisbolero.
Por los Orioles, Caleb Joseph, quien actuó detrás de la receptoría por Wieters no ofreció el desempeño esperado: Steve Pearce, el primera base en reemplazo de Davis, no dio la talla y a la ofensiva bateó para un lánguido 059, un indiscutible en 17 turnos; Adam Jones estuvo por debajo de lo normal con el uso del madero, y la capacidad de Nelson Cruz, el dominicano rescatado en momentos cruciales de su carrera y que brilló con luz propia en la campaña, tampoco respondió a las expectativas de la novena y sus seguidores, al tiempo que Ryan Flaherty, el tercera base que actuó por Machado, con 333 puntos al bate, 4 discutibles en 12 turnos, se convirtió en el mejor de su club con el bate sobre sus hombros; mientras que por los Reales, Eric Hosmer, el guardabosques izquierdo, con 400 puntos, 6 inatajables en 15 veces al bate y par de espectaculares atrapadas; y el venezolano Omar Infante, con 308 a la ofensiva, 4 imparables en 13 turnos, le dieron a los Reales el apoyo que se necesitaba con el madero en los momentos oportunos.
Cuando anunciaron que el jardinero central, Lorenzo Caín se había adjudicado el trofeo del Pelotero Más Valioso de la serie por el título, no nos causo sorpresa alguna. Caín, además de ser un extraordinario guardabosques, que juegan tan bien en el central como en el jardín derecho, se erigió como el mejor hombre al ataque de los Reales frente a las ofertas de los lanzadores rivales, con 8 tablazos en 15 turnos, para el astronómico promedio de 533 puntos. ¿Hubo otro pelotero mejor que él en esta serie por la corona de la Liga Americana? Ninguno.
Linea central envidiable
Si hay algo más que rescatar de los Reales, fue la forma en que todos sus integrantes denodadamente lucieron el uniforme, con semblanza de triunfo en todo momento.
La línea central de los Reales fue espectacular. Los venezolanos Salvador Pérez, un hombre que está para muchas cosas importantes dentro del béisbol de las mayores, lideró el grupo de esa columna tan valiosa para cualquiera novena; Alcides Escobar, en el campocorto, y Omar Infante, cuidando el segundo cojín, y el derroche de calidad a la defensiva del norteamericano Lorenzo Caín, cortaron muchas posibles acciones ofensivas de los Orioles en momentos cruciales.
No hay excusas. Los Reales jugaron un béisbol de calidad, con bríos, defendiendo todo lo que tenían a su favor y aprovechando todas las ventajas que le otorgaron los rivales de turno en ciertos pasajes de los juegos. Y una cosa más: todo les salió de maravilla en esos cuatro juegos por el titulo de la Liga Americana, jugando de manera impecable.
A la Serie Mundial
Los Reales estarán de descanso desde hoy hasta el martes 21 de octubre, cuando reciban en su parque de pelota a los campeones de la Liga Nacional, para disputar el primer juego de la Serie Mundial, a cuya cita no concurrían desde 1985.
Los Reales probaron una vez más que en el béisbol nadie gana sobre los escritorios; que cuando se quiere se puede; que esa pelota que es redonda pero que viene en cajitas cuadradas, siempre está dispuesta a dar más de una sorpresa.
Los reyes del béisbol de la Liga Americana tienen todavía un paso más para ratificar que su llegada a la postemporada de la mano del comodín, es tan valioso como los clubes que se encumbran en la campaña regular, terminan con sensacionales guarismos, pero que en una serie tan corta como las que se viven en la jornada adicional de cada campaña, cualquier cosa puede suceder.
Y si no que le pregunten a los tradicionales Yanquis de Nueva York en aquella Serie Mundial de 2003, cuando los Marlins de la Florida, se alzaron con la corona de la Cita de Otoño, después de aparecer en la gran final con la tarjeta de invitación entre sus manos, para derrotar a un equipo que hizo trizas a todos sus rivales tanto en la temporada regular, triunfando en 101 presentaciones frente a apenas 61 derrotas, como en la jornada de las grandes finales, hasta cuando les llegó la hora de enfrentarse a los campeones de la Liga Nacional.