En el Challenger Seguros del Estado 2025 hay un nombre que despierta expectativa en el público local. Se trata de Nicolás Mejía. El tenista de 25 años llega a esta cita consolidado como la segunda mejor raqueta de Colombia y con la ilusión de cerrar la temporada con un título que se quede en casa.
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El torneo, que se disputa en el Club Los Lagartos, reunirá a representantes de más de 15 países y cerrará la temporada del circuito ATP en Colombia. Para sus competidores será una escala decisiva para sumar puntos que les permitan escalar posiciones en el escalafón mundial, y para Mejía, es una oportunidad de cerrar el año de una muy buena manera y, por qué no, “ojalá con título”.
“Creo que es una oportunidad muy linda jugar en Colombia”, dice sin presión y con convicción del objetivo que tiene por delante. Tiene ambición, pero también sabe que debe ir paso a paso. El primer reto será el rumano Sebastian Gima, en la primera ronda. “Me gustaría ganar el torneo. No empieza este martes, sino desde la preparación, y siempre veo cada partido como una final”.
Hace unos meses había alcanzado su mejor ranquin histórico, el puesto 190 del mundo. Hoy aparece en la casilla 208. Nació en Bogotá, pero se formó como tenista en la capital del Valle del Cauca. Se le nota en cada “vos” que dice al hablar y en el amor que profesa por el Deportivo Cali.
En este Challenger Seguros del Estado 2025 el mejor ubicado será el argentino Juan Pablo Ficovich, número 164 del mundo. El mexicano Rodrigo Pacheco Méndez aparece en el 202. Y ahí, muy cerca, está Mejía, en el puesto 204, para efectos del torneo.
Cuando le pregunté si pensaba que sus rivales lo veían como el jugador a vencer, dijo que sí. “Las cosas como son. Es la última semana de torneos del circuito, no juegan los más ranqueados arriba. Eso abre oportunidades tanto para mí como para los otros jugadores. El escalafón te da ciertas ventajas, entre comillas, si se puede hablar así, pero eso uno lo tiene que materializar en el día del partido”.
Mejía, rival de altura
Jugar en Bogotá implica lidiar con una circunstancia que no perdona, la altura. 2.600 metros sobre el nivel del mar nunca son un detalle menor. Para algunos es un fantasma, pero para otros puede ser un aliado. “Para nadie es un secreto que es un factor muy diferente a cualquier otro. El conocer y tener la experiencia que he tenido acá me ayuda a saber qué puedo esperar. Si a mí me incomoda un poco, a los que vienen les incomoda el doble o el triple”.
El bogotano de corazón azucarero cuenta con una extensa experiencia a nivel competitivo en la capital, sobre todo en Copa Davis. “Cuando tenés un poco de dudas, la altura no te perdona. Me salvó haberme mantenido cerca en el ‘score’, pegado ahí. La tensión se siente mucho más acá”, recuerda sobre una serie contra Turquía, en la que a pesar de sufrir sacó adelante un resultado.
De un tiempo a esta parte Mejía ha encontrado un ritmo que lo acompaña con más frecuencia. Esa fue la conclusión que sacó al resumir su año deportivo. “Más consistencia. He tenido mucha más regularidad. El ranquin es parecido al del año pasado, pero no tengo los puntos concentrados solo en una etapa del año. Necesito mantener esa consistencia y subirla más”.
Su horizonte es claro. El primer objetivo de todo tenista es estar entre los top 100, y se siente capaz de lograrlo. Ese objetivo le permitiría disputar torneos de mayor envergadura, entre ellos los Grand Slams. “Me encantaría terminar el próximo año ahí”.
En medio de un panorama en el que el deporte nacional ha sufrido recortes a nivel gubernamental, “Nico” cuenta con el apoyo de Colsanitas, que ha sido la empresa que ha respaldado el talento nacional en el deporte blanco. Aun así insiste en que toca seguir alzando la voz por los que no dependen del sector privado. “Somos los deportistas los que tenemos que alzar la voz. Colombia necesita apoyo no solo para tener figuras, sino porque el deporte es salud y también libra a muchas personas de malos caminos”.
Por más torneos
El Club Los Lagartos está listo para recibir a tenistas de más de 15 países. El torneo reparte una bolsa de USD 100.000 en premios y puntos valiosos para el ranquin ATP, lo que convierte cada partido en una pieza clave del cierre de temporada.
La semana pintará exigente. Las canchas de polvo de ladrillo, la amenaza de lluvia, muy típica de la Bogotá novembrina, y la altura serán determinantes. Manuel Maté, director del certamen, insiste en que para que existan más eventos de este tipo no basta con organizarlos, hay que construir reputación.
“Lo mejor para que se agranden los circuitos Challenger en Colombia es dar buen ejemplo”, afirma Maté. “Los jugadores que van a venir a este club hablarán con los demás jugadores. Queremos que sean más torneos por año. Estamos trabajando, y creo que es con ejemplo”.
Mejía complementa la idea desde la experiencia del jugador que pasa semanas enteras lejos de casa. “El calendario del tenista es demasiado extenso. Cuando se hacen torneos como este, y los jugadores ven gente como Manuel, que hace sentir al jugador como en casa desde que llega hasta que se va, eso es lo que puede hacer que haya más torneos en el futuro. Sin eso es imposible hacerlo crecer”.
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