103 victorias, 182 podios, siete campeonatos mundiales y una de las carreras más dominantes en la historia de la Fórmula 1, le valieron a Lewis Hamilton este miércoles el reconocimiento como caballero de la Orden del Imperio Británico (MBE, por sus siglas en inglés). Nacido en Stevenage, Inglaterra, de raíces africanas, Hamilton recibió su nombre por el hijo del viento, el atleta estadounidense Carl Lewis. Leyenda absoluta del automovilismo, Hamilton ha hecho honor a quien inspiró su nombre y, además de ser considerado por muchos el mejor piloto de todos los tiempos, ha contribuido en luchas contra el racismo y por la igualdad de las mujeres y de la comunidad LGTBI.
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Por eso, no tomó por sorpresa a nadie el reconocimiento de la corona a uno de los deportistas más destacados e influyentes de la historia del Reino Unido. Si alguien se merecía ser caballero de la corona, ese era Hamilton.
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El piloto de Mercedes, que en el último fin de semana perdió el campeonato mundial contra el neerlandés Max Verstappen, entró a la larga lista de caballeros de la reina, una orden creada para reconocer a los ciudadanos más ilustres del Reino Unido en el arte, la cultura, la ciencia, los deportes y, por supuesto, las fuerzas militares.
Sin embargo, más allá de la relevancia y el honor que conlleva ser Sir o Dame en el Reino Unido, la MBE también es un pulso político. A lo largo de la historia, así como la gran mayoría han aceptado la distinción real, otros se han opuesto a recibir el reconocimiento, incluidos muchos deportistas, principalmente como un acto de protesta a las acciones políticas del imperio británico.
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Una tensión que el momento de Hamilton invita a repasar y en la que el deporte no ha sido un actor pasivo.
¿Es un honor ser un Sir de Inglaterra?
Era 1965 y la reina Isabel II había decidido darle el MBE a los cuatro hijos de Liverpool más importantes de la historia: The Beatles. Todos aceptaron. Sin embargo, cuatro años más tarde, en una carta dirigida a su majestad, John Lennon rechazó la distinción en señal de protesta por la participación del Reino Unido en la guerra civil de Nigeria, el apoyo a Estados Unidos en la invasión a Vietnam y el descenso de la canción Cold Turkey en las listas de popularidad.
Este, uno de los casos más icónicos en esta historia, permite revelar diferentes grados de complejidad en la discusión. El más importante de ellos: la figuración política de las grandes figuras.
No cabe duda de que el MBE es el resultado de diferentes tensiones. Por ejemplo, durante décadas esta distinción real ha sido manipulada como estrategia política de los gobernantes para congraciarse con los héroes de la cultura británica y, en otras oportunidades, para pagar favores.
Entre la mezcolanza de esos factores se cuelan, sin duda, grandes nombres de la historia y la cultura universal entre la lista de los caballeros (Sir Winston Churchill, Sir Paul McCartney, Sir Conan Doyle, Sir Walter Scott, Sir Elton John, Sir Anthony Hopkins, entre muchos otros), así como entran otros que, en cambio, lo rechazaron (Keith Richards, David Bowie, Alfred Hitchcock, Peter Benenson, etc).
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Y, el deporte, que nunca se escapa de esos escenarios, también revela las dos caras de la moneda. Una lucha entre dos posturas que, por poner un ejemplo, han llevado a la crítica histórica hacía el Estado británico por su papel en la institución de la esclavitud y sus consecuencias para la humanidad.
Nombres importantes de algunos de los deportistas que han sido reconocidos como caballeros y a los que se une Sir Lewis Hamilton: Sir Bobby Charlton, Sir Alex Ferguson, Sir Kenny Dalglish, Sir Sebastian Coe o Dame Kelly Holmes.
Uno de los más recientes, fue Sir Marcus Rashford, que a pesar de solo tener 23 años, en 2020 fue reconocido por la corona británica por su labor social con los niños desfavorecidos en Inglaterra y su papel en la lucha contra el racismo en el fútbol.
Y en contraposición, así como la lista de deportistas que han aceptado el honor de la corona es larga, la de los deportistas que lo han rechazado también es nutrida.
Uno de los ejemplos más determinantes es el del exfutbolista Howard Gayle, primer jugador negro en ser reconocido con el MBE. El ex Liverpool, abanderado de la lucha contra el racismo en Inglaterra, declinó la distinción alegando lo siguiente: “Tuve que rechazar la nominación porque mis antepasados estarían revolcándose en sus tumbas después de cómo el Imperio y el colonialismo los esclavizaron. Sería una traición para todos los africanos que han perdido la vida o que han sufrido como resultado del Imperio”.
Hay otros casos, diferentes al de Gayle, que rechazaron el MBE porque consideraban que no eran dignos o que no era el momento adecuado para aceptarlo como fue el caso de Richie McCaw, jugador de rugby, o de Bill Woodfull, jugador de criquet. Y otros, como el del histórico golfista Peter Alliss, que rechazó el MBE, a pesar de que nunca trascendieron sus razones.
Y la lista que es larga, y tiene otras leyendas como el ajedrecista Leonard Barden, también tiene un caso icónico en Maharajkumar de Vizianagram, capitán de la selección de criquet de la India, cuando era colonia británica, que visitó Inglaterra en 1936 para una gira deportiva.
El rey Eduardo VIII quedó tan impresionado con su talento que le concedió el título de caballero en los Honores de su cumpleaños. Sin embargo, Vizzy, como era conocido, devolvió la orden cuando la India consiguió su independencia en 1974 y se convirtió en un estandarte en la lucha de la libertad del país asiático.
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Y como siempre la política, que se cuela en los rincones del deporte, puede explicar las razones por las que el debate sobre los caballeros de la orden británica involucra una discusión mucho más profunda que lleva a un análisis histórico de la sociedad británica. Más allá de los merecidos logros de Hamilton en su carrera como piloto, no está de más repasar las posturas de aquellos que, alegando motivos de peso político, decidieron rechazar los honores de la realeza.