Los penaltis. Ese método de definición macabro en el que la psicología engrandece al portero y empequeñece la portería a ojos del lanzador. Esa suerte que en las grandes citas mide el temple de los jugadores. Ante esa situación estuvo Brasil en el Mundial de Futsal. Y perdió. Los penaltis le quitaron la gloria a Falcao y a la verdeamarela ante Irán. El penalti que estalló Ari significó el adiós del último campeón de Futsal y también del jugador más grande que ha dado este deporte: Falcao.
Se suponía que iba a ser distinto. El guión decía claramente que los aficionados iban a disfrutar al menos dos horas más de la magia de Falcao en la Copa Mundial de Futsal 2016. Sin embargo, tras la euforia que se desató entre los hombres de rojo, conscientes de la importancia del penal transformado por Ahmad Esmaeilpour, no olvidaron a la estrella brasileña. Todos los iraníes se acercaron a Falcao para despedirse de él y acabaron manteándolo, en homenaje a una carrera que deja una huella imborrable.
Falcao se convirtió en el máximo anotador de todos los tiempos en la Copa Mundial de Futsal en el último partido de la liguilla, frente a Mozambique. Finalmente, el ala brasileño dejó su marca en 48 tantos y 34 partidos en la prueba reina, acumulados en un total de cinco ediciones, algo que nadie había logrado hasta la fecha. Y, si bien le ha faltado añadir un último momento de gloria a su leyenda, su legado quedará para siempre.