Ana Isabel Bustamante y Ana María Giraldo jamás se llegaron a imaginar que encontrarían a una tocaya para cumplir uno de los retos más importantes de su vida. Aunque ninguna tenía en sus planes escalar las Siete Cumbres —las montañas más altas de cada continente—, la vida terminó por enamorarlas del montañismo.
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En el caso de la caldense Giraldo, ha estado involucrada en el deporte desde que tiene memoria. Por sugerencia de sus papás, fue la natación el primer reto que tuvo en la vida y aunque al comienzo le costó más de lo pensado acostumbrase, logró encontrar un amor indescriptible por las piscinas. Incluso durante un buen tiempo representó a su departamento en varias competencias nacionales.
Pero el mayor de sus dos hermanos, el más aventurero de la familia, siempre quiso que ella lo acompañara en el montañismo. Intentó convencerla poco a poco y durante mucho tiempo le mostró fotos y le contó anécdotas y experiencias para seducirla.
“Él siempre me dijo: ‘Retírese de la natación, que eso es muy aburrido. Y si se retira, le prometo que le presento a los amigos míos que montan en bicicleta y a los del club de montaña’“, recuerda Ana Isabel. “Yo me salí a los 19 años y al sábado siguiente me estaba llevando a montar en bicicleta aquí en Manizales. La otra semana ya me estaba metiendo al grupo de montaña de acá”.
Y así fue que empezó todo. Los recorridos por trochas, acampar en los nevados, los paisajes, ver el mundo desde lo más alto de una montaña y la ausencia de la presión de las competencias que quitaba la paz terminaron por convencerla de que fue la mejor decisión que pudo haber tomado.
La historia de Bustamante es muy distinta. “Mis inicios fueron muy tranquilos, por decirlo así, pues yo nunca he sido como deportista élite ni de alto rendimiento ni nada. Jugaba baloncesto, hacía deporte, pero lo que me gustaba era caminar”, cuenta la antioqueña. “Yo llegué al montañismo de manera un poco accidental, porque quería ir a conocer la nieve y ahí fue que inició todo mi camino”.
En el Nevado del Ruiz, donde conoció la nieve, también experimentó una sensación que nunca había pasado por su cabeza ni por su corazón. De todas las decisiones que ha tenido que tomar en el montañismo, Ana Isabel solo se arrepiente de una: no haber comenzado tan joven como hubiera querido.
El primer encuentro
Entre las dos montañistas, Ana María tiene mucha más experiencia, pues inició su camino en 1999. Dos años después, ya tenía como principal objetivo cumplir con el reto de las Siete Cumbres. A pesar de que había varios colombianos interesados lograr esa hazaña, eran pocas las mujeres en el grupo al cual llegó.
“Fue tiempo después cuando vi que había un grupo más pequeño que el mío que contaba con una mujer para el proyecto Siete Cumbres y que ellos los llamaban los Siete Colmillos. Allí fue donde encontré a Anita, eso fue con Cumbres Blancas. Ahí fue donde nos encontramos e hicimos un match de los que pocas veces pasan en la vida”, dice Giraldo.
En 2019 se reunieron para ir a compartir en los glaciares colombianos. Una vez compartiendo mientras escalaban notaron que en la otra veían algo que complementaba y equilibraba cada metro que subían. Sin embargo, no idearon un plan en ese momento y sus caminos volvieron a distanciarse.
“Tres años más tarde, en 2022, nos contactamos de nuevo y hubo gran motivación para reencontranos”, relata Ana Isabel. “Yo había hecho como una pausa en los temas de montaña por organizar otras áreas de mi vida en el ámbito laboral. Había que balancear, que las cosas estuvieran bien, pero mi un sueño era retomar mis Siete Cumbres y en especial lograrlo con mujeres colombianas”.
Lo que se viene
Desde que definieron volver a escalar juntas, el objetivo es el monte Vinson, el punto más alto del Círculo Polar Antártico. Sería la séptima cumbre para Ana María Giraldo y la tercera para Ana Isabel Bustamante. Lo ideal hubiera sido haberlo hecho antes, pero además de ser montañistas, cada una tiene una vida propia, familia, compromisos y responsabilidades: Ana Isabel trabaja en una compañía de software y Ana María es emprendedora y madre de dos hijos: Simón y Rafael.
“Ahora ya llevamos trabajando en el proyecto un año, un año más o menos consolidando los patrocinios, que es una de las partes más complicadas”, cuenta Giraldo respecto a lo que se viene para este 2025. “La idea es que la expedición a la Antártica se realice a finales de año, ya que hay varios grupos de aventureros que salen desde noviembre hasta enero de 2026. Así que lo que tenemos presupuestado en esa temporada es lograr hacer la séptima cumbre por primera vez para una mujer colombiana”.
Pero más allá de amar este deporte, ambas son conscientes de que son mujeres comunes y corrientes que simplemente tienen un gran sueño por cumplir. Además, quieren unir sus poderes, sumar fortalezas que las unen para alcanzar un propósito mayor y tomar el tiempo que les tenga la vida para cumplir el sueño de las Siete Cumbres.
“Nos interesa es mostrar el valor que tiene hacer equipo, sumar esfuerzos y a veces renunciar a esos egos. Sabemos que nosotras somos mujeres normales, tan parecidas a ti y tan distintas también, que simplemente tenemos un sueño muy grande, la disciplina y el compromiso para hacerlo realidad”, concluye Ana Isabel.
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