El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Un partido que le cambió la vida

La vallecaucana fue profeta en su tierra al ganar medalla de plata en los Juegos Mundiales de Cali.

30 de julio de 2013 - 03:38 p. m.
La colombiana Cristina Amaya. / Luis Ángel
Foto: LUIS ANGEL
PUBLICIDAD

Su historia de triunfo en el racquetbol la marcó un partido. Transcurría el mes de junio del año 2008, Cristina Amaya llevaba dos años practicando este deporte pero aún no había logrado marcar mayor diferencia. En Costa Rica hubo una cita para un torneo internacional, al cual asistió la jugadora número uno del escalafón mundial en ese entonces. “Yo no sé qué me pasó en ese certamen, pero estuve a tan sólo un punto de ganarle un partido a la favorita y admirada por todos. Los directivos de las federaciones continentales y mundiales me vieron y me felicitaron por lo que hice en la cancha. Desde ahí se me abrieron las puertas”, comenta la ganadora de medalla de plata en el racquetbol femenino de los Juegos Mundiales de Cali.

Meses después de ser sorpresa en ese evento vendrían los clasificatorios en Irlanda a los Juegos Mundiales de Kaohsiung 2009. Por problemas económicos la caleña no iba a poder participar. El presidente de la Federación Panamericana de Racquetbol llamó a Juan Manuel Gutiérrez, novio, entrenador de Cristina y actual presidente de la federación de este deporte en Colombia, y le dijo: “¿Cómo así que Cristina no va a competir?”. Él le explicó que no tenían plata para ir. “En ese tiempo no había apoyo ni de Coldeportes, ni de la federación. Ahí era un completo desorden todo”, comenta Cristina. El presidente panamericano les brindó apoyo; sin embargo, no era suficiente. Días después fue la cabeza de la Federación Internacional de Racquetbol quien llamó a Cristina para ofrecerle su ayuda. “Pude ir a Irlanda, ganar el cupo a Kaohsiung y comenzar a competir en el Tour Mundial”, comenta esta caleña de 24 años, quien hoy en día es octava en el escalafón mundial en la rama femenina de este deporte.

Desde que tenía seis años, Cristina jugaba squash. A los 13 comenzó a competir de manera profesional. Fue selección de Colombia, campeona suramericana y panamericana. “Llegó un día en el que el squash se me convirtió más en una obligación que en una pasión”. Por esos días conoció a Juan Manuel Gutiérrez, quien comenzó a guiarla para que cambiara de deporte. Cuando llevaba sólo 15 días de estar jugando racquetbol se metió a un Nacional, en el cual terminó tercera. “Nada mal para ser mi primer torneo”, destaca. Luego de los Juegos Nacionales de 2008 se dedicó de lleno a esta disciplina.

Estos dos deportes parecen similares pero tienen grandes diferencias de reglamento y modo de juego. La cancha de racquetbol no tiene delimitación de espacio, la raqueta es más grande, la bola también y rebota mucho más. El squash es más aeróbico; el racquetball más explosivo y de puntos cortos. Lo que más le costó a Cristina fue el rápido movimiento de la bola. Algo que ahora es una de sus bondades: saber ubicarse para recibir y atacar.

Cuando recibió la medalla de plata, sintió una alegría especial. En lo último que se fijó fue en verificar si la suya decía “World” o “Word”. “Fue un error, pero de todas maneras lo que más cuenta es el significado que tiene la presea. La estadounidense que ganó bronce me dijo: ‘Déjame ver tu medalla’. Cuando la cogió me dijo: ‘Uy, la tuya también’. Y se rió. Luego me dijo que igual ganar era un sueño y el error era lo de menos”, dice la orgullosa vallecaucana que sintió el apoyo de cerca de 500 personas en el Club Cañasgordas de Cali. Ahí pudo consolidar el sueño que tenía desde niña. Ahora se prepara para afrontar el Tour Mundial Profesional, con torneos en México, Estados Unidos y posteriormente los Juegos Bolivarianos, en noviembre.

lmontenegro@elespectador.com

@luisguimonte

Temas recomendados:

Ver todas las noticias