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España, campeón del mundo: el verano en Nueva York más bonito de La Roja

El equipo ibérico ganó dando una verdadera exhibición, venció a una aguerrida Argentina, que aguantó con uno menos hasta la prórroga, y casi fuerza los penaltis.

19 de julio de 2026 - 06:44 p. m.
El equipo ibérico ganó dando una verdadera exhibición, venció a una aguerrida Argentina, que aguantó con uno menos hasta la prórroga, y casi fuerza los penaltis.
Foto: EFE - CHRISTOPHER NEUNDORF
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Ferran Torres rompió al fin la resistencia de Emiliano Martínez en el segundo tiempo de la prórroga y le dio a España el segundo Mundial de su historia. Casi se cae la tribuna norte, en la que estaban agolpados todos los españoles.

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Después de 105 minutos de asedio constante, de una exhibición de posesión y paciencia, la selección de Luis de la Fuente encontró el premio que había merecido durante toda la tarde. Argentina cayó 1-0 en el MetLife Stadium y vio escapar el sueño del bicampeonato. También fue la despedida mundialista de Lionel Messi, quien cerró una carrera irrepetible con un título, dos subcampeonatos y el reconocimiento unánime como uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos.

El gol llegó cuando ya parecía imposible que el Dibu Martínez siguiera sosteniendo solo a la albiceleste. Nico Williams recibió un pase largo sobre la izquierda, cabeceó antes de que el balón abandonara el campo y puso la pelota al corazón del área. Ferrán Torres apareció libre y sacó un derechazo potente que, por primera vez en toda la noche, dejó sin respuesta al arquero argentino. Era el minuto 106. Era el gol que llevaba casi dos horas rondando el arco argentino.

Entonces sí, España pudo celebrar el fútbol que había construido desde el primer minuto.

Apenas iban cuatro cuando Dani Olmo y Lamine Yamal fabricaron una pared extraordinaria que dejó al joven delantero frente al Dibu. Martínez respondió con una atajada monumental, la primera de una colección que terminaría convirtiéndolo en la gran figura del partido, pese a la derrota.

Para el minuto 15 el libreto ya estaba escrito. España monopolizaba la pelota, encadenaba pases con naturalidad y poco a poco encerraba a Argentina cerca de su propia área. El campeón del mundo corría detrás del balón. Messi casi no intervenía porque simplemente no había posesión para construir. Los pases argentinos eran imprecisos y la presión española recuperaba la pelota apenas unos segundos después de perderla.

No era un vendaval de ocasiones. Era algo mucho más desgastante: un dominio absoluto del juego.

La segunda llegada clara apareció a los 38 minutos. Otra combinación limpia terminó con un remate de Mikel Oyarzabal que volvió a encontrar al Dibu. Cuatro minutos después fue Marc Cucurella quien sacó un zurdazo cruzado desde lejos que pasó apenas desviado.

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Argentina seguía sometida. Sin balón. Sin protagonismo. Sin ataque. El descanso llegó con un sabor extraño. Se esperaba una final vibrante y el primer tiempo había resultado espeso. Nada cambió cuando volvió a rodar la pelota.

Álex Baena probó apenas reanudado el encuentro y otra vez apareció Martínez. Desde la hora de partido el asedio se volvió permanente. Ferrán Torres tuvo una clarísima. Después llegó Pedri con otro remate peligroso. Nico Williams desbordaba una y otra vez. Laporte ganó de cabeza al minuto 80 y otra vez el arquero argentino evitó el gol. España ya no atacaba. Avasallaba.

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Los pases empezaron a convertirse en una auténtica tortura para el equipo de Lionel Scaloni. Argentina apenas podía hilar dos o tres toques antes de perder nuevamente la posesión. El reloj avanzaba mientras la sensación era cada vez más evidente: el gol español estaba al caer.

En el tiempo añadido llegó otro golpe. Tal vez el letal. Enzo Fernández, que ya estaba amonestado tras una discusión, llegó tarde a una disputa y vio la segunda tarjeta amarilla. Argentina se quedó con 10 justo después de una de sus escasas aproximaciones ofensivas. En la jugada siguiente Nico Williams volvió a exigir al Dibu. Las estadísticas reflejaban lo que los ojos veían. España le sacaba cerca de 300 pases completados a Argentina. La diferencia era abrumadora.

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Ni siquiera el alargue cambió el panorama. Nico Williams estuvo a centímetros de marcar con un tiro libre que Martínez sacó de manera espectacular. En el arranque de la prórroga el Dibu volvió a convertirse en héroe con una reacción felina ante un cabezazo a quemarropa. España ya acumulaba once remates al arco. Argentina seguía sin registrar uno solo.

Incluso hubo un gol anulado por una falta previa sobre el arquero. Las tribunas españolas explotaron reclamando la decisión del árbitro. “Infantino es argentino”, bajó desde un sector del estadio. Después apareció otro cántico: “Alto Argentina, esto es un atraco”.

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Messi seguía desaparecido, aislado por completo. No porque hubiera renunciado al partido, sino porque Argentina era incapaz de darle la pelota. En las tribunas albicelestes apenas sobrevivía un tímido “vamos, Argentina, pongan huevos que ganamos”, más sostenido por la esperanza que por lo que mostraba el equipo.

Scaloni respondió reforzando la defensa con un quinto zaguero al minuto 102. Resistir parecía el único camino.

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Y, curiosamente, los últimos minutos del primer tiempo suplementario trajeron el mejor momento argentino. Sin demasiadas ideas, pero con orgullo, empezó a empujar unos metros al rival. Parecía que podía llevar la definición hasta los penales. Pero el fútbol terminó imponiendo justicia.

Al comenzar el segundo tiempo suplementario llegó la jugada definitiva. Nico Williams ganó por velocidad, mantuvo vivo un balón imposible y asistió a Ferrán Torres, quien descargó toda la frustración acumulada en un remate imposible para el Dibu. Con 10 jugadores, agotada física y futbolísticamente, Argentina ya no tuvo respuesta. Todavía Messi dejó una última pincelada al minuto 119. Una acción individual maravillosa terminó con un centro que España alcanzó a despejar casi sobre la línea. En el tiro de esquina siguiente Giuliano Simeone quedó completamente solo dentro del área, pero envió el balón por encima del travesaño. Fue la última oportunidad.

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El pitazo final liberó la fiesta. Los jugadores españoles corrieron hacia la tribuna mientras sonaba “Superestrella”, de Aitana. El MetLife entero terminó cantando. España levantó su segunda Copa del Mundo fiel a su identidad: la posesión, el pase y la paciencia. Argentina, irreconocible durante casi todo el partido, entregó la corona y le puso fin a la historia de Lionel Messi en los Mundiales. El campeón de Catar se marchó sin poder regalarse un último milagro, pero con una obra que ya pertenece para siempre a la historia del fútbol.

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Foto: El Espectador

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