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Más de 30 emociones en solo 90 minutos: la copa que obsesiona al mundo

A pocos meses para que empiece el Mundial, Colombia recibe en Corferias, entre domingo y lunes, el trofeo de la Copa del Mundo. Esta es la historia de la joya de la FIFA, la obsesión de millones de hinchas que sueñan con que su país se convierta en la mejor selección del planeta.

15 de febrero de 2026 - 09:17 a. m.
El trofeo de la Copa del Mundo ya está en Bogotá.
Foto: EFE - Danny Alveal
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La nariz inquieta de Pickles, un collie mestizo de asombroso pelaje blanco y negro, lo llevó hasta un arbusto. A pocas cuadras de su casa, al sur de Londres, el perro encontró un tesoro. Era 1966. En un par de meses se iba a celebrar el Mundial de Fútbol, pero desde hacía una semana la capital de Inglaterra estaba conmocionada por el robo del trofeo: la famosa Copa Jules Rimet. Para resolver el caso, la policía dispuso de cientos de oficiales. Todos estaban abocados a la búsqueda del objeto más preciado de la FIFA, que había llevado su torneo consentido a la mismísima cuna del fútbol.

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El trofeo fue puesto en una vitrina, exhibido en Westminster’s Central Hall, un complejo arquitectónico de la capital inglesa en el que, además de salas de conferencias y galerías de arte, también hay una iglesia. El asalto fue un 20 de marzo, día que justo coincidió con una multitudinaria misa. No le cabía ni un alma al edificio. Los dos guardas de seguridad encargados de cuidar la joya se distrajeron entre el tumulto. Y cuando repararon en la copa, ya no había nada sobre el pedestal. Las puertas traseras de la sala habían sido forzadas y no quedó ni la vitrina, ni el trofeo, ni nada. Solo una colección de sellos que estaba exhibida justo al lado y que costaba nada más y nada menos que tres millones de libras esterlinas.

El ladrón, seguramente frustrado al enterarse de semejante fallo, exigió en una carta, para devolver lo que se había robado, una recompensa de 15.000 libras, cuatro veces el valor del trofeo, pero nada comparado con los benditos sellos. Sin embargo, el pago de la estafa fue un fracaso y los organizadores del Mundial pusieron en marcha el plan B: hacer otra copa, una igualita, que reemplazara la corona con la que hasta ese entonces Uruguay, Italia, Alemania y Brasil se habían consagrado campeones del mundo. Ahí apareció Pickles, días después del hecho. Era una tarde común y corriente, durante un paseo normal con su dueño, David Corbett. El perro advirtió detrás de un arbusto un objeto envuelto en papel periódico. ¡Imposible! ¡Era el trofeo del Mundial! El perro se volvió una celebridad y meses después, en Wembley, Bobby Moore recibió de las manos de la reina la única Copa del Mundo que Inglaterra levantó en su historia.

En ese entonces, la copa ya era un objeto preciado. El fútbol empezaba a tomar impulso. No tenía la magnitud que tiene ahora, pero que el trofeo se perdiera fue todo un escándalo. ¡Imagínese qué pasaría ahora, cuando el balompié es el fenómeno deportivo más grande del mundo! Y que eso pasara en Bogotá, donde estará el trofeo desde este domingo. La exhibición será abierta al público, aunque con la preinscripción ya agotada, este lunes.

No es la misma copa que se robaron en 1966, la que representaba a la diosa griega Niké, deidad de la victoria. En 1970, Brasil se quedó con el galardón para siempre después de haber logrado su tercer Mundial. Sin embargo, en 1983, la Copa Jules Rimet, que llevaba ese nombre por el presidente de la FIFA que se inventó el Mundial, fue robada de nuevo cuando la extrajeron de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol. Nunca se volvió a saber de ella. La leyenda cuenta que los ladrones la fundieron en lingotes de oro. De todas maneras, la FIFA desde 1974 empezó a entregar otro trofeo.Esta vez, se trataba de la representación del mundo, pero sujetado por dos figuras humanas y todo bañado en oro. Aprendieron la lección. El original permanece fuertemente custodiado en su sede, en Suiza. Ninguna selección se lo quedará para siempre, así gane 1000 mundiales, pero, mientras tanto, por el mundo viajan réplicas oficiales. Y una de esas ya está en Colombia.

La Copa que todos quieren

Corferías será el epicentro de la exhibición. Coca Cola, patrocinador oficial del Mundial y empresa encargada de llevar el trofeo de la Copa del Mundo por todo el planeta, pensó que se inscribirían poco más de 10.000 visitantes. ¡Se quedaron cortos! Las reservaciones se acabaron hace días y el resto de personas que quieran ver el trofeo, uno de los más prestigiosos del deporte, tendrán que apelar a la suerte y hacer una fila que promete ser eterna sin la garantía de que se cumpla el anhelo. No había modo de extender más la fecha, pues la Copa tiene un exigente calendario por cumplir. Viene de Centroamérica y pasará, después de la capital colombiana, por Ecuador, Argentina, Uruguay y Brasil, los países elegidos para contemplar la pieza más ansiada del fútbol global.

Daniel Suárez Mejía, uno de los principales encargados de organizar el evento de la multinacional estadounidense, le alertó a El Espectador el reto que ha supuesto traer un objeto de esta envergadura al país. “La logística es inmensa. Y para garantizar que un evento de este tamaño se pueda realizar sin contratiempos, hay que tener todo lo más controlado posible. Llevamos más de un año planificando la llegada del trofeo de la Copa del Mundo y esperamos que el impacto sea a nivel panamericano y global”.

El evento, que contará con grandes figuras del balompié local y mundial, girará alrededor de las emociones que genera el fútbol. No se trata solo de la exhibición de la copa: es la experiencia alrededor de un deporte que moviliza sentimientos profundos y colectivos. La estructura del montaje emula la rueda de las emociones del psicólogo estadounidense Robert Plutchik, un modelo que parte de ocho emociones básicas que puede experimentar el ser humano: alegría, confianza, miedo, sorpresa, tristeza, asco, ira y expectativa. A partir de ellas se construye un mapa que permite entender cómo sentimos y por qué el fútbol ocupa un lugar central en la vida de millones de personas.

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En un partido de fútbol, esas emociones primarias aparecen desde antes del pitazo inicial. La anticipación domina la previa; la confianza sostiene la fe en el equipo; el miedo surge con cada llegada del rival; la sorpresa irrumpe con un gol inesperado; la ira aparece ante una falta, un error propio o una decisión arbitral; la tristeza acompaña la derrota; el asco se asoma en la frustración extrema; y la alegría estalla cuando el balón cruza la línea. No obstante, el fútbol no se queda ahí. Lo que realmente lo vuelve único es la combinación constante de esas emociones, que da origen a estados más complejos: el amor por los colores (alegría y confianza), el optimismo antes de una remontada (anticipación y alegría), la agresividad competitiva (ira y anticipación), el asombro ante una jugada imposible (miedo y sorpresa) o el remordimiento tras una oportunidad perdida (tristeza y asco).

Ese cruce permanente empuja al hincha a recorrer un círculo emocional todavía más amplio. En un mismo juego pueden convivir la esperanza y la ansiedad, el orgullo y la vergüenza, la curiosidad por lo que viene y la incredulidad ante lo que acaba de pasar. Aparecen también la culpa, cuando se duda hasta el último segundo; el pesimismo, cuando el resultado parece inevitable; la desesperación en los minutos finales; o incluso el cinismo que nace de tantas derrotas acumuladas. ¿Por qué nos gusta tanto este deporte? Porque el fútbol es uno de los pocos espectáculos capaces de activar más de treinta estados emocionales distintos en apenas 90 minutos: una experiencia humana total, intensa y compartida, que explica por qué una copa no es solo un objeto, sino un símbolo cargado de sentido.

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¿Volverá la copa en julio?

En año de Mundial, la expectativa es total. La llegada de la Copa del Mundo a Bogotá es apenas el puntapié de un año de mucha ilusión para los futboleros del país. Entre las miles de personas que irán a Corferias entre este domingo y este lunes seguramente habrá más de uno que se vaya con la certidumbre total de que el trofeo volverá en julio. El sueño intacto de que Colombia puede conquistar esa corona.

Después de 1974, cuando se creó el nuevo trofeo, el que hoy está de escala por Bogotá, Alemania, Argentina, Italia, Brasil, Francia y España han conquistado la Copa del Mundo. Es un grupo exclusivo. Entre sus manos, capitanes como Franz Beckenbauer, Diego Maradona, Lionel Messi, Dino Zoff, Fabio Cannavaro, Dunga, Cafú, Didier Deschamps, Hugo Lloris o Iker Casillas han sentido el peso único que significa levantar la máxima joya.

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¿Es el turno de Colombia? ¡Quién sabe! Faltan pocos meses para averiguarlo. Por ahora, el máximo trofeo del deporte volvió a pisar esta tierra. No lo hacía desde hace 12 años, cuando en 2014, Copa del Mundo de Brasil, la FIFA también trajo a su gran baluarte. ¡Y fue un bonito Mundial ese! Presagio, mística y ansiedad porque empiece, de una vez por todas, la gran fiesta del fútbol.

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Foto: El Espectador

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