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La máquina perfecta de Walid Regragui y la aspiración de la final del Mundial

El entrenador de la selección africana ha creado un conjunto idílico en defensa: solo un gol en contra en cinco partidos. Marruecos sacó a España y Portugal, y ahora va por Francia, los campeones del mundo. Se vale soñar.

14 de diciembre de 2022 - 10:17 a. m.
Walid Regragui, el entrenador de Marruecos, levantado por los jugadores de su selección.
Foto: EFE - Georgi Licovski
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Una pelea puso a Walid Regragui en el puesto de seleccionador de Marruecos. Fue inesperado, pero la situación con el antiguo entrenador, Vahid Halilhodzic, siempre tan complejo y de difícil temperamento, llegó al límite. Y, solo cuatro meses antes de que empezara el Mundial de Catar, el estratega bosnio fue despedido por la federación de futbol marroquí.

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Un poco de contexto: meses atrás, durante la Copa África que ganó Senegal, Halilhodzic se negó a convocar a la gran estrella de Marruecos, el mediocampista del Chelsea Hakim Ziyech, argumentando que al jugador le faltaba compromiso. El bosnio fue tajante: “No puedo llamar a un jugador como Ziyech, aunque sea Lionel Messi. Arruinaría el ambiente en el grupo”. Y ante las críticas dio sus razones: “Por primera vez en mi carrera de entrenador vi a un jugador de la selección que no quiere entrenar y dice estar lesionado, aunque las pruebas médicas han demostrado lo contrario. No toleraré este comportamiento mientras yo sea seleccionador”.

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En Marruecos estalló la polémica, ¿cómo no? ¿Hakim Ziyech, su gran estrella, se iba a perder el Mundial por el capricho de un entrenador? La situación se hizo insostenible. Y Halilhodzic, a solo cuatro meses de que empezara la Copa del Mundo, fue despedido de su cargo. De inmediato, la federación se fijó en el entrenador del Wydad Casablanca, Walid Regragui. Un acierto casi tan inesperado como su llegada, pues el DT hizo historia y llevó por primera vez a un equipo africano a la semifinal de un Mundial.

Antes de ser seleccionador nacional, Regragui fue asistente técnico en la selección de marroquí durante 2012 y 2013. Después, dirigió al FUS Rabat de su país, al Al-Duhail SC de Catar y al Wydad. Eso sí, en ese tiempo consiguió un buen palmarés: una Copa de Marruecos, una Champions League de la Asociación Africana, dos títulos de la Liga de Marruecos y otro de la Liga de Catar.

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Sin embargo, su llegada a la selección, tan intempestiva, en medio de esa vorágine, no permitía augurar un buen desenlace. Era lógico pensar que Marruecos, con nuevo DT y sin proceso, no pasaría de la primera ronda en un grupo en el que estaban Croacia y Bélgica. No obstante, Walid Regragui llegó a trabajar. Ni bien asumió el cargo, lo primero que hizo fue llamar a Ziyech, el núcleo de su equipo, le contó sus ambiciones y hasta donde quería llegar. Soñaba con un Marruecos colectivo que pudiera dar el golpe y llegar muy lejos. Por lo menos, él lo tenía claro.

Walid Regragui (cent.) en el entrenamiento de Marruecos.
Foto: EFE - MARTIN DIVISEK

Juan Solla, uno de sus preparadores físicos en la selección en entrevista con el medio español Relevo, reveló que lo primero que hizo el entrenador cuando llegó a la selección marroquí fue convencer a los jugadores de que la única manera en la que podría soñar con hacer historia era trabajar colectivamente. “Regragui fue capaz de meterles en la cabeza que para competir ante selecciones mejores la única manera era tener ese espíritu de trabajo colectivo y defensivo, que nadie hiciera la guerra por su cuenta, que todos trabajaran en equipo”.

Un equipo de gregarios, sin estrellas, en el que primara el conjunto por sobre todas las cosas. Orden y compañerismo fueron las bases para crear el monstruo competitivo que Marruecos le reveló al planeta en este Mundial. La máquina perfecta de Walid Regragui.

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Walid Regragui festejando con sus jugadores el paso a la semifinal de Catar 2022.
Foto: EFE - JOSE SENA GOULAO

Los principios de Walid Regragui

Por nombres se sabía que Marruecos tenía con qué. De ahí el afán y el desespero en la Federación cuando el técnico, en vez de usar sus mejores armas, empezó a pelearse con sus estrellas. ¡El enemigo estaba en casa!

Los marroquíes tienen una generación dorada, jugadores que brillan en Europa en los mejores equipos del mundo: Hakim Ziyech (Chelsea), Yassine Bono (Sevilla), Achraf Hakimi (PSG), Noussair Mazraoui (Bayern Múnich), Sofyan Amrabat (Fiorentina) y Youssef En-Nesyri (Sevilla).

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Él es Bono, el arquero de Marruecos que eliminó a España del Mundial de Qatar
Foto: GettyImages

¡Es un equipazo! Sin embargo, y es el gran pero de siempre en los equipos africanos, a esos buenos nombres, a ese conjunto de talentos, había que darle un norte, una idea y un propósito. Y ese fue el principal objetivo de Regragui desde que llegó. Ordenar la casa, ponerle un sentido.

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El estratega marroquí partió de varios principios, pero el esencial era el trabajo defensivo. Una idea sobre las demás: el equipo defiende junto, pero no abajo. Eso es clave. Marruecos no se cierra atrás, aunque lo parezca. En realidad, lo que hacen es juntar muchísimo sus líneas, atosigando al rival, cercando los caminos interiores y nublando las posibilidades de pases.

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Para cumplir esa premisa es esencial el trabajo de la línea media del equipo. Ahí, especialmente, Marruecos es intenso y pica muchísimo. Por ahí no pasa ni siquiera el viento, porque, cuando se intenta, los marroquíes muerden, y muerden duro.

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Regragui hizo un equipo de relevos. Cuando un jugador salta a presionar, cuando se sale de la línea, otro le cubre la espalda. Es inmediato. Es un trabajo intenso y muy bien coordinado. Marruecos es un equipo dificilísimo de cortar, porque, como juega tan junto, cada jugador es un gregario. Vale recordar la frase del preparador físico, clave: “Nadie hace la guerra solo”.

Y en ataque, porque también es un equipo que, cuando puede, tira para adelante, nunca regalan la pelota. Siempre la tocan, ¡y la mueven bonito! Hacen progresiones continúas con el balón siempre al pie. Tac, tac, tac, boom. Son tan rápidos como letales y en Catar, además, han tenido la fortuna de estar finos de cara a gol. Son un equipo muy completo.

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Fue la idea que Walid Regragui siempre tuvo en la cabeza. Siempre corriendo de atrás, nunca favorito, Marruecos llegó hasta la semifinal contra Francia, vigentes campeones del mundo, dejando en el camino a: Bélgica, España y Portugal. Y ojo: con un solo gol en contra en todo el torneo, el que les hizo Canadá en la fase de grupos, que, además, fue gol en contra.

Walid Regragui celebrando en Catar.
Foto: EFE - Georgi Licovski

El reto ahora es Francia, la madre patria

Fruto del colonialismo en el continente africano y de la migración hacia Europa en el siglo XX, muchos jugadores de Marruecos son nacidos en Francia. Por ejemplo, el capitán Romain Saïss o el extremo Sofiane Boufal. De hecho, el entrenador estrella, Walid Regragui, también nació y se crio en Francia, aunque siempre vivió con la tradición de Marruecos en casa.

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Sus padres, originarios de la ciudad de Fnideq, nunca perdieron la conexión con Marruecos y, siempre en vacaciones, volvían a su tierra, de la que emigraron en la segunda mitad del siglo XX. “Cada año volvíamos a casa durante dos meses, era obligatorio. Por eso tengo muchos amigos ahí”, contó alguna vez en una entrevista el estratega.

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Regragui inició su carrera como futbolista en Francia y allá jugó gran parte de su vida, más allá de alguna salida a España y Marruecos. Sin embargo, siempre representó la selección de sus raíces, la de sus padres, en su tiempo como jugador y ahora como entrenador.

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Ya es un ícono, en Catar lo apodaron el Mourinho marroquí porque el espíritu de su selección ha contagiado el Mundial. “Somos un equipo al que todos aman por talento y calidad. El dinero no consigue superar la pasión. Esto no es un milagro, es trabajo. Todo el continente está feliz por nosotros. Somos el Rocky Balboa del Mundial, tenemos su espíritu”, aseguró el estratega en una rueda de prensa

La realidad es que Marruecos hizo historia para áfrica al entrar a semifinales, pero también para el pueblo árabe. En el mundial catarí, los marroquíes han sido la representación de los locales.

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La máquina perfecta de Regragui sigue soñando, su aspiración es la final y llegar a jugar contra Argentina. Ya tumbó a tres grandes, por lo que soñar con un cuarto, Francia, no sería demencia. Ni tampoco sorpresa, Marruecos hace rato, en esta copa, dejó de ser revelación, es una realidad.

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