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Policarpa goleadora

Se enamoró a los siete años de un deporte "prohibido para las mujeres". Es parte de la selección Colombia que desde este domingo empieza la aventura en el Mundial de Alemania.

25 de junio de 2011 - 03:58 p. m.
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Desde pequeña Íngrid Vidal escuchaba que el fútbol no era para mujeres, y su madre, Estela Isaza, incluso era cómplice de ese argumento. No su abuelo, Luis Ángel (q.e.p.d.), quien la llevaba desde su natal Palmira a Cali a ver jugar a sus tíos y primos. Don Luis, quien veía cómo se le iluminaban los ojos color miel a su nieta cuando veía a alguien jugar, le dio un 24 de diciembre el regalo que cambiaría su vida: un balón y unos guayos de $25.000 a su medida , de color negro y el chulo de Nike en verde.

El deseo de don Luis Ángel de ver a su nieta convertida en futbolista se hizo realidad. Su casa, esa que se llena de vecinos y familiares para verla por televisión jugar, está repleta de las medallas que ha conseguido con las selecciones de Colombia en torneos bolivarianos, suramericanos Sub-17, Sub-20 y mayores, y, por supuesto, en el  Mundial Sub-20 de Alemania, en donde consiguió un histórico cuarto puesto.

Todos esos metales han sido conseguidos a pulso, pues en algún momento el machismo amenazó con que no se las colgara. “Todos decían que eso no era para nosotras. Me veían y me decían: ‘¡Vieja marimacha!’. A veces yo me iba llorando a mi casa porque me sentía incómoda”, recuerda Íngrid, nacida el 22 de abril de 1991 y quien empezó a jugar en una escuela local junto con niños.

Pero en cierto sentido, la situación la motivaba. Su alma combativa de rebelde y perseverante se enamoraba cada vez más del fútbol “por su esencia, por saber que en ese momento era prohibido y que lo veían mal. Yo sentía que podía hacer que cambiara, porque las mujeres podemos realizar muchas cosas de hombres y por eso creo que fui la fundadora del balompié femenino en Palmira”, dice con su marcado acento valluno.

Y, curiosamente, nunca dejó atrás el gusto por jugar con hombres, pues fue con ellos con quienes aprendió. “Me encanta, más que con mujeres, porque ellos creen que se lo sacan a uno y no, entonces me la montan y algunos hasta me han querido ‘cascar’, pero yo no me dejo, también les doy”, sostiene.

Después de soportar tantos comentarios en la escuela en la que inició a los siete  años, pronto dio el paso a la selección Palmira, después a la selección Valle y luego al onceno colombiano Sub-17. Con ese equipo dirigido por Pedro Rodríguez, y en el que llevaba el nueve a sus espaldas, conseguiría clasificarse al Mundial de la categoría y ser la segunda goleadora del torneo.

Vistiendo una camiseta amarilla ha pasado los momentos más felices de su vida, sobre todo en 2010, el mejor año de su carrera deportiva hasta la fecha, pues el equipo finalizó cuarta en el Mundial Sub-20 de Alemania con la selección del técnico Ricardo Rozo.

En noviembre, un mes después de haber sido subcampeona y figura en la Copa Libertadores Femenina con el Everton de Chile, marcaría un antes y un después en el fútbol de mujeres en el país, pero con la selección de mayores. Gracias a un gol suyo se alzaron con el segundo puesto de la Copa América de Ecuador, clasificaron a los próximos Juegos Panamericanos, a los Olímpicos y, por primera vez en la historia, a un Mundial —el que empieza este domingo en Alemania—.

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Semejante hazaña no pudo festejarse de otra forma: se quitó la camisa; poco le importó el pudor de quienes la criticaron al regresar . “Sé que esta camiseta representa excelencia, pero no pueden llegar a entender que me la quitara si no lo sienten por sí mismos; y si en el Mundial llega a suceder algo parecido, lo haría de nuevo”, afirma con el ceño fruncido.

Quedarse en top no le importa, así no esté de acuerdo su madre, su más grande crítica, quien la regaña: “¿Por qué no atacaron más, por qué no metieron más goles?”. Íngrid Vidal quisiera siempre atacar, hacer diagonales, meter goles y volverse a quitar la camiseta. Pero a veces las robustas defensas de Alemania o de un equipo africano impiden que no sea muy productiva, a pesar de que según la misma Íngrid la tricolor juegue como el Barcelona.

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“¿Tú has visto jugar al Barcelona? Así vamos a jugar en Alemania, a tocar: ta, ta, ta. Muchas somos pequeñas y jugamos es al pase, como el equipo de Cataluña”, bromea cuando habla de las expectativas que tiene Colombia en el Mundial en el que debutarán ante Suecia este martes, por el Grupo C.

En el plantel se respira un aire de optimismo, a pesar de estar en el grupo de la muerte ante Corea del Norte, Suecia y Estados Unidos. Íngrid, por ejemplo, aspira a que Colombia finalice “campeona, por 44 millones de habitantes y por las compañeras que hicieron el proceso y que no fueron convocadas por el profe”.

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Cuando el DT Ricardo Rozo hizo la última convocatoria hubo llanto por las que se fueron, porque eso son: unas hermanas dirigidas por un papá al que llaman “Richi”.

“Para mí, él significa amor. Por su país, por Dios y por hacer historia. Esos dos sentimientos se nos han ido contagiando a todas porque, eso sí, pensamos igual, vamos para el mismo lado: hacia el título mundial, panamericano en 2011 y olímpico en 2012”.

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