Por fin rodó el balón. Después de seis años de preparación, comenzó el primer mundial de la historia en tierras africanas. Al final, las dificultades se superaron y la tensión pasó. A un lado empiezan a quedar los problemas de transporte y comunicación. Además, las noticias de robos a fanáticos, periodistas y delegaciones fueron reemplazadas ya por los goles de la jornada inaugural.
Luego de unas breves palabras del superpolítico Joseph Blatter, presidente de la FIFA, quien absolutamente emocionado dijo: “El sueño se hizo realidad. El Mundial es de África”, para que los 84.450 asistentes al estadio Soccer City lo aplaudieran a rabiar, el dirigente suizo les tocó el corazón a los aficionados locales al lamentar la ausencia de Nelson Mandela, el principal artífice de lo que es hoy este país y gestor de la Copa del Mundo de 2010.
Después cedió la palabra al presidente sudafricano, Jacob Zuma, quien inauguró oficialmente el evento minutos antes de que el árbitro uzbeco Ravshan Irmatov diera el pitazo inicial, que seguramente a todos los colombianos les generó el sinsabor de no tener a nuestra selección en el certamen y la envidia por los países que sí están presentes.
En lo deportivo, el partido inaugural cumplió con la regla de que los mundiales, futbolísticamente hablando, no comienzan bien. El primer tiempo estuvo tan frío como la tarde y los equipos hicieron tan poco dentro de la cancha, que apagaron los ánimos de sus hinchadas, no hubo emoción, no hubo picante.
En el complemento el juego mejoró y al menos fue entretenido. El volante sudafricano Siphine Tshabalala aprovechó una buena acción de contragolpe para poner a los locales en ventaja, con un golazo que hizo estallar de júbilo a la nación organizadora. México no reaccionó y más con vergüenza deportiva que con argumentos futbolísticos, logró la paridad por intermedio de Rafael Márquez, a diez minutos del final.
Para los manitos, sin embargo, el empate supo a derrota, pues el partido aparentemente más asequible que tenían en la primera ronda era el de este viernes, ya que seguramente Uruguay y Francia serán rivales más complicados.
Para los anfitriones, en cambio, el 1-1 significó un arranque muy digno, frente a un tradicional animador. Ese resultado no aplacó los ánimos de los aficionados y sirve para que la gente siga ilusionada con una buena presentación de los Bafana Bafana y con un buen Mundial.
Más allá del punto que sumaron los jugadores en la cancha, Sudáfrica festejó como si hubiera ganado el título, porque finalmente cumplió con la promesa de hacer el Mundial, así las ciudades y la infraestructura no estén a la altura de la que requiere un evento de esta magnitud.
Aún persisten las dificultades para el acceso de los aficionados a los escenarios y las personas que trabajan en la organización hasta ahora están aprendiendo a cumplir con su función, pero sus falencias no impidieron que la fiesta arrancara.
También festejó Joseph Blatter, y la Fifa en general, pues ya comenzaron a callar las críticas por haber tomado la decisión, evidentemente política, de organizar el torneo en un país en desarrollo.
Y comenzaron a disfrutar también todos los amantes del balón en el mundo, que esperaban con ansiedad a que rodara para disfrutar durante un mes del mejor fútbol del planeta.