¡Rafael Robayo tiene tres pulmones! Sólo así se puede explicar que el volante embajador corra tanto en los partidos.
Cuando su equipo ataca y llega a posición de gol, ahí está él, listo para habilitar a un compañero o empujarla al fondo de la red. Y cuando hay que defender, se multiplica para llegar a apoyar, cometer una falta o hacer un quite deslizante.
Está por todo lado. Eso en el fútbol a veces es un problema. Pero no en este Millonarios, que necesita del empuje y el temperamento de su capitán para jugar a toda velocidad, con poca pausa, para desgastar a sus rivales y hacerles sentir la altura de Bogotá.
Un guerrero es Rafa Robayo. Un luchador de noventa y pico minutos por partido. De esos que apenas tienen tiempo para lamentarse por fallar una opción clara de gol o descacharse, porque debe volver de inmediato a su posición.
Contagia a sus compañeros, con su ejemplo los obliga a dar un poco más de lo que tienen. Y además, El Flaco sabe jugar al fútbol, maneja con criterio la pelota, va bien al cabezazo y de vez en cuando se atreve con una gambeta.
Y el público embajador, más acostumbrado históricamente a aplaudir a los calidosos que a los corajudos, está rendido a sus pies. “Gracias, Robayo”, reza una pancarta que le entregaron varios hinchas después del partido contra Júnior, un juego redondo para él y para su equipo.
“Eso es bonito, lo mejor que tiene el fútbol. Que la gente agradezca el esfuerzo que uno hace”, dice con un poco de timidez, esa que no se le nota dentro de la cancha.
Rafa está contento. El 3-0 en El Campín le permite ser optimista, pero ya lleva muchos años en el fútbol como para saber que “la serie no está liquidada. Tenemos un 50%, pero falta el restante. Júnior es muy fuerte en su casa y tenemos que salir a jugarnos una final, para poder seguir soñando con la estrella”.
El número 8 tiene claro que “la unión del grupo ha sido la clave de este Millonarios, así como el respaldo que se le ha dado al técnico Richard Páez. Acá me ha tocado vivir muchos cambios, cada seis meses o máximo cada año. Lo que estamos logrando hoy es el fruto de año y medio de proceso”.
El bogotano, de 27 años, asegura que esa continuidad ha permitido que todos los jugadores se conozcan más, que haya mayor empatía y que tengan más claro el estilo de juego que quiere el entrenador.
“Este equipo siempre propone, va para adelante, porque es su esencia. Corre, lucha, pero también sabe jugar y lo ha demostrado en todos los estadios”, argumenta antes de señalar que “no solamente lo hacemos con Máyer, sino con los laterales, que salen todo el tiempo, con Tancredi (José Luis), cuando estaba, o ahora con Ómar Vásquez, con nuestros delanteros”.
Pero no se atreve a hablar de título, ni siquiera de final. “Hay que tener los pies en la tierra: tenemos una ventaja, pero no hemos logrado nada todavía”.
Sobre el buen momento de Santa Fe, su rival de patio, señala que “es una bendición para la ciudad, así como nuestra buena temporada, pero está claro que eso hay que ratificarlo el miércoles”.
Robayo no quiere desconcentrarse. Tiene su mente puesta en el partido ante Júnior y en pelear la estrella 14, pero resulta inevitable hablar de su futuro en el fútbol del exterior. “Había una propuesta de México, pero finalmente no se concretó. Vamos a esperar a que termine el torneo para analizar nuevas posibilidades”.
Los próximos, seguramente, serán los últimos partidos de Robayo en Millonarios, porque un jugador con ‘tres pulmones’ merece una oportunidad en el fútbol del exterior. Él quiere irse, pero después de colgarle la estrella 14 al escudo embajador.