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A Colombia no se le cayó ni una idea con Croacia: el grave síntoma del equipo de Lorenzo

El equipo de Néstor Lorenzo cayó 2-1 contra la selección croata. Ahora le toca pensar en Francia, que será su rival este domingo.

26 de marzo de 2026 - 09:37 p. m.
Jhon Arias cae mientras disputa un balón con Marin Pongracic.
Foto: EFE - CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH
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Colombia quería un buen termómetro para preparar su Mundial y lo encontró. Empecemos por algo: la derrota 2-1 contra Croacia, en Orlando, no enciende alarmas. Es un amistoso y sería exagerado medir en esos términos. Sin embargo, lo que sí deja al descubierto es un síntoma recurrente en el ciclo de Néstor Lorenzo. No es fiebre alta, pero tampoco es un mal menor: es una dolencia que ya se ha visto antes y que, a menos de tres meses del inicio de la Copa del Mundo, exige atención. Este fue apenas el primero de los dos ensayos de la fecha FIFA de marzo, el último tramo antes de que el equipo vuelva a reunirse en mayo para la preparación definitiva. Y, aun así, lo que se vio preocupa por su repetición.

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El punto es claro: Colombia sufre cuando se enfrenta a equipos que se le cierran. Un bloque bajo se ha convertido en la peor tortura para este equipo. Cuando el rival le cede la iniciativa y le obliga a construir, la selección pierde fluidez, se espesa, se queda sin caminos. Los delanteros entran en una especie de ansiedad colectiva, el equipo se parte y, en medio de ese panorama, todo termina dependiendo del esfuerzo individual de Luis Díaz, que intenta romper líneas a pura potencia, recorriendo la cancha de extremo a extremo, muchas veces sin compañía ni estructura que potencie su talento. El problema no es nuevo. Lo de Croacia fue, más bien, la confirmación de una tendencia.

El bloque que sacó de quicio, una vez más, a la selección de Colombia

El partido tuvo un inicio engañoso. A los dos minutos, Colombia ya estaba arriba en el marcador con gol de Jhon Arias. Un arranque que invitaba a pensar en una noche tranquila, en un trámite controlado, incluso en una goleada que despejara dudas. Pero ese impulso inicial fue apenas un espejismo. Cuatro minutos después, Luka Vušković empató el partido y, con ese golpe, desinfló el ánimo y el plan. A partir de ahí comenzó el verdadero examen.

Croacia, incluso con una nómina alternativa, hizo lo que mejor sabe: ordenarse. Se replegó con disciplina, achicó espacios, cerró líneas de pase y obligó a Colombia a jugar incómoda. El bloque fue compacto, solidario, trabajado. Un equipo que, sin necesidad de dominar el balón ni de proponer, logró controlar el partido desde la estructura. Colombia, en cambio, se vio atada de manos. No encontró una sola idea clara para desarmar ese entramado defensivo. No hubo movilidad suficiente, ni circulación rápida, ni cambios de ritmo que alteraran el orden rival. El balón iba de un lado a otro, pero sin profundidad ni sorpresa.

Luis Díaz intenta romper la defensa croata.
Foto: EFE - CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

El golpe definitivo llegó al minuto 43, cuando Igor Matanović marcó el 2-1. Más allá del resultado, ese gol tuvo un efecto psicológico evidente: Colombia quedó sin reacción. La segunda parte fue insulsa, predecible, completamente controlada por Croacia. El rival se afianzó aún más en su plan, defendió con solvencia y encontró espacios para contraatacar. Incluso estuvo más cerca del tercer gol —con un remate al palo incluido— que Colombia del empate. El equipo de Lorenzo tuvo la pelota, pero nunca el partido.

El sintoma que debe preocupar a Néstor Lorenzo

¿Preocupa? Sí, y no solo por lo ocurrido en Orlando, sino porque se trata de un patrón que se ha repetido en varios momentos del proceso. Después del subcampeonato de la Copa América, que fue un punto de inflexión emocional y competitivo, el rendimiento ha mostrado altibajos, especialmente en este tipo de contextos. Cuando Colombia enfrenta a rivales que proponen, que dejan espacios, sus virtudes aparecen con claridad. No obstante, cuando el partido exige paciencia, elaboración y precisión, las limitaciones quedan expuestas.

En ese sentido, el manejo de las variantes también entra en discusión. Lorenzo apostó nuevamente por James Rodríguez como titular, pese a que el mediocampista no ha tenido continuidad en los últimos meses. Su falta de ritmo fue evidente: lento en la toma de decisiones, impreciso en los pases, lejos de ese jugador capaz de marcar diferencias entre líneas. El equipo, en consecuencia, perdió claridad en la zona de creación. Y no fue sino hasta el ingreso de Juan Fernando Quintero que apareció un matiz distinto, una intención de juego más asociativa, con pases filtrados y cambios de orientación que, al menos, insinuaron otra vía.

James Rodríguez, en el partido contra Croacia.
Foto: EFE - CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Ahí aparece una de las grandes preguntas del proceso: ¿por qué esa alternativa no termina de consolidarse? Quintero ha demostrado, en distintos momentos, ser un recurso eficaz para romper bloques cerrados. Tiene el pase corto, la pausa y también la capacidad de lanzar en largo. Sin embargo, su presencia suele ser esporádica, casi circunstancial. Lorenzo, al menos hasta ahora, no parece confiar plenamente en esa opción. Y eso limita las herramientas del equipo en partidos como este, en el que la creatividad es indispensable.

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¿Y Francia?

Pensando en lo que viene, el panorama cambia. El próximo rival será selección de Francia, un equipo de naturaleza distinta. Más vertical, más ofensivo, con jugadores que buscan el arco contrario y que, inevitablemente, dejan espacios. Ese tipo de partidos le sienta mejor a Colombia, que se siente cómoda corriendo, atacando en transición, explotando la velocidad de sus extremos. Es, por decirlo de alguna manera, su terreno natural. Sin embargo, incluso ahí hay matices: enfrente estará un equipo dirigido por Didier Deschamps, un técnico que sabe competir y ajustar.

Por eso, el análisis no puede quedarse en el resultado ni en el próximo partido. Colombia tiene nivel para competir contra selecciones de primer orden, eso está fuera de discusión, el equipo lo ha demostrado. No obstante, si quiere dar un paso más en el Mundial, necesita resolver este problema estructural. La falta de claridad para romper bloques bajos no es un detalle menor: es, probablemente, el mayor desafío táctico que enfrenta el cuerpo técnico en este momento.

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Luis Suárez contra la defensa croata.
Foto: EFE - CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

A esta altura del proceso, se esperaría que el equipo tuviera más de una respuesta. Más de un libreto. Sin embargo, lo que deja la sensación es que, cuando el plan A no funciona, Colombia se queda sin alternativas. Y en un torneo como el Mundial, en el que los partidos se cierran, se traban y se definen en detalles, esa limitación puede ser determinante. El termómetro ya marcó la temperatura. Ahora queda ver si el equipo encuentra el tratamiento adecuado a tiempo.

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Foto: El Espectador

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