Colombia afronta el primer duelo de una fecha FIFA muy exigente. Será un duro examen que le servirá en su preparación rumbo al Mundial de 2026. El amistoso con Croacia representa un reto deportivo de alto nivel y una oportunidad concreta para medir el verdadero alcance del proceso bajo la dirección de Néstor Lorenzo.
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La selección llega con una racha positiva en sus últimos juegos de preparación, en los que se mantiene invicta tras sumar victorias frente a México, Nueva Zelanda y Australia, además de un empate con Canadá. Más allá de los resultados, el equipo ha logrado consolidar una identidad competitiva y un grupo que transmite confianza de cara a la cita mundialista.
Ahora el reto será con Croacia y Francia, rivales de máxima exigencia justo en la etapa final de la preparación, en la que el cuerpo técnico empieza a perfilar la lista definitiva de 26 nombres. Así lo reconoció Lorenzo en rueda de prensa, la intención es “queremos competir y jugar contra selecciones que han sido protagonistas en los últimos mundiales para entender a qué altura está Colombia en el panorama internacional”.
Del otro lado estará un rival consolidado. Croacia, dirigida por Zlatko Dalic, ha construido en los últimos años una identidad basada en el equilibrio táctico, la disciplina y la capacidad de competir en escenarios de máxima presión. Subcampeón del mundo en 2018 y tercer lugar en 2022, el equipo europeo sigue siendo referencia en el fútbol internacional.
Clasificó con autoridad, lideró su grupo en las eliminatorias europeas y mostró una notable solidez tanto en defensa como en ataque. A pesar del paso del tiempo en algunos referentes, Croacia mantiene una base sólida. Luka Modric continúa siendo el eje del mediocampo y el líder futbolístico, acompañado por jugadores que aportan dinámica y equilibrio. El funcionamiento colectivo suele imponerse incluso por encima de las individualidades, lo que se ve reflejado en las variaciones en las alineaciones.
El mano a mano con Croacia
En el arco, Colombia parece tener una ligera ventaja. Camilo Vargas ha sido un jugador constante dentro del proceso, con regularidad y buenas actuaciones tanto en su club como en la selección. Su presente competitivo y continuidad le dan un respaldo importante. En contraste, Dominik Livakovic, si bien es un arquero consolidado en Croacia, llega con menor ritmo de competencia en la última temporada. La diferencia no es amplia, pero la actualidad inclina la balanza a favor del colombiano.
En defensa el panorama es más parejo, especialmente en las bandas. Por el sector derecho, el duelo entre Daniel Muñoz y Josip Stanisic presenta dos perfiles distintos, pero igualmente competitivos. Muñoz ofrece una vocación ofensiva marcada y capacidad de gol, mientras que Stanisic aporta mayor lectura táctica y solidez defensiva. Es una comparación pareja.
Por el costado izquierdo, Croacia enfrenta una situación particular ante la ausencia de Josko Gvardiol, una de sus principales figuras defensivas. El defensor sufrió una fractura de tibia y trabaja en su recuperación para llegar al Mundial. Su baja abre interrogantes sobre el reemplazo y debilita una zona que suele ser clave en el bloque defensivo croata. Colombia, por su parte, ha encontrado estabilidad con Johan Mojica, quien ha tenido continuidad y rendimiento sólido con la selección, aunque sí podría tener varios candidatos a quitarle la posición, como Juan David Cabal o Deiver Machado.
En la zaga central es donde Colombia parece marcar una diferencia más clara. La dupla conformada por Jhon Lucumí y Dávinson Sánchez combina presente, experiencia y competencia en ligas exigentes. Ambos llegan con continuidad y actuaciones destacadas en sus clubes, lo que les da un respaldo importante. Croacia, en cambio, cuenta con nombres como Josip Sutalo y Duje Caleta-Car, buenos defensores, pero con menor regularidad y protagonismo en comparación con los colombianos.
El mediocampo plantea uno de los duelos más interesantes. Croacia tiene en Luka Modric a su gran referente, un jugador que, pese a su edad, marca el ritmo del equipo y aporta liderazgo. A su lado, la ausencia de Mateo Kovacic obliga a reajustes, con alternativas que buscan priorizar el equilibrio antes que la creatividad.
Colombia, en cambio, ha encontrado una base sólida con Richard Ríos y Jefferson Lerma, una dupla que ofrece recuperación, intensidad y salida clara. En términos colectivos, el mediocampo colombiano muestra un buen balance, aunque la jerarquía individual de Modric sigue siendo un factor diferencial que puede inclinar momentos del partido.
En ofensiva, Colombia parece tener una ventaja significativa. Luis Díaz y James Rodríguez son los nombres más determinantes, tanto por talento como por experiencia en escenarios importantes. El guajiro no para de brillar en Bayern con goles y asistencia, mientras que James nos ha demostrado que no necesita destacar con sus equipos para sobresalir con la camiseta nacional.
Croacia cuenta con Ivan Perisic, todavía vigente, y jóvenes como Petar Sucic, quien representa el recambio generacional. Ficha por ficha, el duelo podría equipararse, pero el momento de Lucho en la élite es la que marca la diferencia.
Entre los mediopuntas, los que flotan en el eje ofensivo, el duelo entre Jhon Arias y Andrej Kramaric también favorece a Colombia. Arias, tras un flojo semestre en Inglaterra, recuperó su ritmo en Palmeiras, vuelve a mostrar su mejor versión. Aunque no hay que subestimar el nivel de Kramaric, quien mantiene un nivel regular en el Hoffenheim de la Bundesliga, con 11 goles y siete asistencias en 29 partidos.
En la delantera, el que ha sido titular en Colombia es Jhon Córdoba. Sin embargo, el presente de Luis Javier Suárez invita a pensarlo como inicialista: es uno de los puntos más altos de Colombia. Sus números en la temporada lo respaldan como uno de los atacantes más efectivos del momento con 33 anotaciones en 42 juegos. En Croacia, Ante Budimir aporta experiencia y capacidad goleadora. En Osasuna acumula 16 goles en 32 partidos.
Croacia mantiene una estructura colectiva más consolidada y una experiencia reciente en instancias definitivas que pesa. Colombia, por su parte, presenta una generación en crecimiento, con buen presente en varias posiciones y argumentos más que suficientes para competir.
Para la tricolor será una oportunidad de empezar a probar si está lista para dar un salto de calidad y competir de igual a igual frente a selecciones que hoy marcan el ritmo del fútbol mundial.
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