Colombia es uno de esos países que uno cree que vive el fútbol con una intensidad que parece desproporcionada. Se sufre, se celebra y se discute como si cada partido fuera una cuestión de orgullo. No obstante, en medio de esa pasión hay una contradicción que se repite desde siempre, pues aunque el talento abunda, las oportunidades no. El fútbol profesional colombiano, en muchos sentidos, sigue siendo de pocos.
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En un país de más de 50 millones de habitantes, el universo profesional se reduce a apenas 36 clubes: 20 en primera división y 16 en segunda. Es una pirámide rara, invertida, en la que la categoría máxima tiene más equipos que el ascenso. Un sistema estrecho para una cantera que, en teoría, nunca deja de producir futbolistas.
Y aun así, Colombia aparece con frecuencia en el mapa global como uno de los grandes exportadores de futbolistas. En el mundo del “scouting”, el país es un punto fijo que abastece ligas grandes y medianas. La pregunta inevitable es qué significa esa exportación, si es señal de fortaleza o síntoma de que aquí no caben todos. Exportar también puede ser una manera elegante de decir que muchos tienen que irse para existir.
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Carlos Sánchez, quien representó a la selección de Colombia 88 veces, hizo parte de dos Copas del Mundo, y también compitió en cuatro de las cinco grandes ligas de Europa, no debutó como profesional en su país natal, sino tuvo que abrirse camino en Uruguay para cumplir su sueño.
“No jugué en Colombia, arranqué por fuera. Vine a jugar a los 35 años en Colombia, estuve un año y medio, y me di cuenta dónde estábamos ‘fallando’, sin desmeritar lo que se está haciendo”, comentó en diálogo con El Espectador.
Tras pasar por las inferiores de Danubio, pasó a River Plate de Montevideo en 2005, año en el que debutó como profesional. En tierras charrúas dio los pasos que acá no pudo y encontró el puente que lo conectó con Europa, a los grandes torneos y, sobre todo, a la selección.
El problema es que no todos tienen la posibilidad de tomar ese camino ni encuentran un Uruguay que los empuje. “Nosotros hicimos un trabajo muy arduo, como se dice, ‘maleteamos’ y nos dimos cuenta de que todos tenían la misma queja. Los niños de 15 a 17 años no tienen dónde jugar, no tienen una estructura profesional”, expone La Roca.
En esa realidad aparece otra idea que Sánchez repite y es la de que el fútbol no es solo fútbol sino un fenómeno social, un espacio que, en territorios históricamente olvidados y abandonados, puede ser una forma de futuro.
“Sabemos que el fútbol es el ancla para muchas cosas positivas. Entonces, ¿por qué no utilizarlo? El fútbol cambia vidas”, aseguró como ejemplo de lo que pregona. Este deporte ha permitido que muchos jugadores de su Chocó natal, como Jackson Martínez, Jhon Córdoba y Jhon Arias hayan dejado huella en la memoria colectiva de los colombianos.
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Al igual que en Chocó, existen muchas otras regiones donde el Estado colombiano llega tarde. En esos territorios, el deporte ha abierto oportunidades, aunque sigue siendo más una excepción que la regla. Desde su posición hace un llamado para que la estructura del fútbol colombiano sea más amplia.
“Yo nací hace 40 años en Quibdó y nunca vi una primera C. Sí existió, pero era muy pequeño y yo nunca la vi jugar. Desde la estructura, desde la intención, las ganas de hacerlo, yo estoy completamente seguro que se puede hacer”. En Colombia hubo una categoría que funcionó como tercer escalón entre 1989 y 2001, pero por disputas administrativas no continuó.
La Roca insiste en la idea de que el fútbol sostiene más empleos de los que se ven en televisión. “La persona que vende aguas en un día de partido al lado del estadio, va a vender 100 porque hay fútbol. Pero es mucho más grande que eso. Se generan carreras afines como la de los preparadores físicos, kinesiólogos, ‘marketing’, periodistas”.
Esa mirada, la del jugador que entiende la calle, es la que después se vuelve útil cuando se habla de dirigencia. Porque Sánchez no se quedó en la nostalgia del retiro. No se limitó a ser exjugador. En su caso, el fútbol siguió, solo que cambió de uniforme, pues ya no juega con fibras sintéticas ni guayos, sino con traje y corbata.
El Dorado de La Roca
Tras concluir su carrera como futbolista profesional en 2024, Sánchez tuvo una experiencia como director deportivo en San Lorenzo, uno de los gigantes de Argentina. “Fue un año muy difícil en un club muy importante, pero el aprendizaje que tuve fue inmenso. Soy firme creyente de que en esas estructuras en las que se toman las decisiones tienen que haber personas que hayan vivido el fútbol desde adentro, desde el vestuario”.
Por eso ve con buenos ojos que exjugadores busquen cargos de poder real. Menciona el caso de Iván Ramiro Córdoba, quien ha expresado interés en aspirar a la presidencia de la Federación. “Yo voy en mi camino, no sé si mañana voy a ser presidente, no lo sé. Yo voy en este proceso de la dirigencia y veremos hasta dónde puedo llegar”.
Esa transición del césped a los escritorios lo trajo de regreso a Colombia con otra mirada. Y ahí vuelve la idea inicial, la de que el fútbol colombiano sigue estando en pocas manos y de que hay mucho talento para tan corto campo de acción. De esa inquietud nació su proyecto más ambicioso, La Liga El Dorado, una competencia aficionada organizada por la Institución del Fútbol Asociado (IFA) con la que busca fortalecer el fútbol colombiano e impulsarlo desde las regiones.
“Eso es lo que estamos creando con La Liga El Dorado, con unos patrocinadores que nos están apoyando. Lo que me motiva es eso, poder generar eso y poder aportarle al fútbol colombiano”. El proyecto apunta a distintas geografías a lo largo del territorio, pues así como cuenta con equipos en lugares de extensa tradición, también se desarrolla en territorios menos comunes y con menor infraestructura como La Guajira, Caquetá o Cundinamarca.
Y entonces el texto, de nuevo, vuelve al punto de partida, el de Colombia como país futbolero, pero con un espectro cerrado. La historia de La Roca funciona como prueba de que se puede salir, de que se puede crecer, de que se puede llegar a la élite, pero sirve también como recordatorio de que no debería ser tan difícil.
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Si el fútbol colombiano sigue concentrado en pocas manos y en pocas ciudades, no es por falta de talento, sino de estructura. Y ahí aparece la palabra que Sánchez repite como si fuera la única respuesta posible: “voluntad”. Hoy ve con buenos ojos la competición de El Dorado en el ámbito aficionado, pero en su ambición está que sirva, a la vez, como un paso para ampliar el fútbol profesional.
Los mundiales de Sánchez
Al tener un espacio con Carlos Sánchez en año de Mundial, no podíamos perder la oportunidad de preguntarle por la selección de Colombia, que en poco más de un mes y medio estará jugando la cita orbital en Estados Unidos, México y Canadá. Lo que para muchos es un sueño, para él fue una realidad y, además, por partida doble, pues disputó las ediciones de Brasil 2014 y Rusia 2018.
En esos mundiales, el volante chocoano era titular fijo y coincidió con Néstor Lorenzo, quien por ese entonces era el asistente técnico de José Pékerman. Le tiene un gran respeto al hoy timonel de la tricolor y está en la primera línea de sus defensores.
“A Néstor yo lo puedo contar desde el lugar que él tenía cuando yo estaba: era una persona leal, muy seria, muy comprometida, honesta. Y hoy verlo ahí me llena de orgullo y lo único que me queda es apoyarlo”, afirma La Roca, quien además recuerda una frase que Lorenzo le repetía para empujarlo desde lo emocional: “Me decía ‘sos un león’ antes de cada partido”.
En la previa del Mundial, su mensaje es casi un regaño afectuoso. Para él, Colombia tiene una mala costumbre, la de empezar a discutir el futuro del técnico, alimentar la duda, convertir el proceso en un juicio permanente.
“Quiero hacer una invitación porque estamos en este momento a pasos de una cita mundialista y estamos pensando en la cabeza del técnico. O sea, es contraproducente. Nos pegamos el tiro en el pie. Después se ve. Hoy no tenemos que hablar de eso, tenemos que apoyar”.
Su punto no es que Lorenzo sea intocable, sino que el país no puede vivir instalando la sospecha. Los amistosos recientes contra Croacia y Francia despertaron críticas, pero para Sánchez eran el momento indicado para identificar falencias y llegar de la mejor manera a la máxima cita del fútbol.
También habla de mentalidad. “Yo diría que nosotros nos la tenemos que creer más. Sin ser egocéntricos. Nosotros somos muy buenos, pero tenemos una percepción de que si somos buenos y decimos lo que pensamos, esa persona pasa a ser un egocéntrico, un agrandado, y en otros lados eso es actitud. Eso no tiene nada que ver si es buena o mala persona. Es actitud, es cómo se maneja y hay que respetarlo”.
Al grupo le dice que no hay que esperar a la lista definitiva para preparar la Copa del Mundo. Desde la alimentación, lo psicológico y el cuidado diario se empieza a jugar el torneo, no hay que esperar al 17 de junio, cuando la tricolor enfrente a Uzbekistán en la Ciudad de México.
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