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Colombia sub-20 enamora a las niñas del mañana en el Mundial Femenino

La selección de Colombia encara los cuartos de final del Mundial Femenino. El equipo de Carlos Paniagua busca clasificar a las semifinales, como lo hicieron las pioneras del balompié jugado por mujeres en la Copa del Mundo de la categoría en Alemania 2010. 


15 de septiembre de 2024 - 12:28 p. m.
Las jugadoras de la selección femenina sub-20.
Foto: EFE - ERNESTO GUZMAN JR
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Cuando era pequeña, Isabella Echeverri creía que era un bicho raro: la única niña que jugaba fútbol. Creció creyendo que el fútbol femenino no existía. Al menos, en Colombia. Aquello de jugar a la pelota siempre le llamó la atención, pero era algo que, siendo mujer, veía lejano. Y se demoró mucho para soñar, por lo menos hasta 2010, cuando ya tenía casi 16 años, con que esa podía ser su aspiración. Lo recordó hace poco, cuando vio a las jugadoras de la selección de Colombia, que ya están en los cuartos de final del Mundial Femenino Sub-20 que se celebra en Bogotá, Medellín y Cali.

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“La primera vez que vi que existía el fútbol femenino fue cuando quedamos cuartas del mundo en ese mundial sub-20 de Alemania en 2010. Estaban Paula Forero, Natalia Gaitán, las gemelas Ariza, Daniela Montoya, Melissa Ortiz…, las veía como mis ídolos. Nunca había visto a una mujer jugando fútbol. ¡Me creía la única niña jugando fútbol en el mundo! Y ahí se me abrieron los ojos”, contó en entrevista con la Tribuna Deportiva de El Espectador.

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Esa generación inspiró sueños. Hubo pioneras antes, por supuesto, y se ha repasado varias veces en las páginas de este periódico. Sin embargo, fueron esas jugadoras las que empezaron a despuntar en esa década y mostraron a la opinión pública la irrupción del balompié femenino en el país. Fue viéndolas, cuando ellas se tuvieron que levantar sin referentes para emular, que la actual generación de futbolistas empezó a soñar con que en Colombia las mujeres sí podían jugar a la pelota.

Natalia Gaitán, que fue la gran líder y capitana de ese equipo sub-20, recordó, en conversación con el mismo videopódcast de este diario, la importancia de esa camada que irrumpió hace 14 años y quedó a un paso de pelear la final de una Copa del Mundo: “Fue el primer contacto que tuvimos con el público de Colombia. No nos conocían y fue muy emocionante. Nos mostramos ante la gente y nos acompañaron desde el primer momento”.

Antes de la Copa del Mundo, en Colombia se hizo un Sudamericano Sub-20, que es la escena que hoy, casi dos décadas después, todavía se recuerda. “Desde el primer partido, la gente nos acompañó en la grada, pero, en la medida en la que íbamos avanzando, cada vez más los hinchas llenaban los estadios. La final contra Brasil, aunque la perdimos, es de los recuerdos más bonitos que me ha dejado el fútbol. Ver todo ese estadio de amarillo es algo que todavía me emociona”.

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Esa pasión del público, que despertó en su momento la selección de Natalia Gaitán, Yoreli Rincón y compañía, no estuvo muy lejos del abrumador cariño que se ha visto alrededor de la actual selección sub-20 que, por estos días, disputa el Mundial Femenino. Bogotá, Medellín y Cali le han respondido al combinado nacional, que también se las ha arreglado, aunque le ha faltado mejor fútbol, para llegar a los cuartos de final sin goles en contra y con cuatro victorias de cuatro posibles. Se esperaba un buen papel de este equipo, que es la misma generación que fue subcampeona del mundo sub-17 hace dos años en la India, y las expectativas se han cumplido.

Si en 2010 la primera camada de futbolistas colombianas impulsó a las jóvenes que seguían sus pasos, la nueva generación ya inspira los sueños de las niñas del futuro. Habrá muchas que querrán ser como Linda Caicedo, otras se pedirán ser Luisa Agudelo, Sintia Cabezas o Yéssica Muñoz. Así como en otros tiempos, Isabella Echeverri soñaba con jugar al lado de su heroína, Natalia Gaitán, hoy las nuevas estrellas aseguran un futuro de promesas.

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Basta con escuchar a Linda Caicedo, en cada uno de los partidos que ha jugado la selección en la Copa del Mundo Sub-20, para entender la emoción de las futbolistas que están representando al país y sueñan con el título. “¡Miren qué lindo se ve el estadio!”, dijo la estrella del Real Madrid después de ganar a Corea del Sur en los octavos de final. “Es muy emocionante ver el acompañamiento de la gente, por ellos nosotras estamos dejando la vida dentro de la cancha”.

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“Lo mejor de este mundial es que estamos hablando de fútbol femenino”, explicó Isabella Echeverri, que es comentarista deportiva tras haberse retirado de la actividad profesional hace un par de años. “Colombia, como epicentro del fútbol femenino mundial, emociona. Hemos visto estadios llenos, sobre todo en los lugares en los que ha jugado la selección. Obviamente, lo que ha pasado dentro del campo es importante, pero a mí me interesa mucho lo que ha pasado fuera de él, porque estamos hablando de esto y nos estamos aprendiendo los nombres y los apellidos de las jugadoras de nuestra selección. Eso es algo que se ha demorado mucho en construir, para que estemos donde estamos, y qué bonito que esas jugadoras de la selección puedan jugar en casa y sentirse locales. ¡Qué no daría yo por haber vivido algo así!”, agregó la exvolante.

El respaldo del contexto permite nutrir los procesos que, sin el apoyo del público, no tendrían la atención suficiente para sacar adelante una empresa tan gigante como la del fútbol femenino en Colombia. Así lo explicó Natalia Gaitán, jugadora de Independiente Santa Fe: “Cuando pienso en nuestros tiempos y lo comparo con lo que hay ahora, son muchas más las cosas que antes no existían. Nosotras no tuvimos los tiempos de preparación que existen ahora. Hoy, la selección tuvo rivales de primer nivel para foguearse; jugaron en Francia, se enfrentaron a España y México, selecciones con distintos estilos de juego y de todo el mundo. Nosotras no lo tuvimos y eso habla de un crecimiento que hoy, a la selección que está en este mundial, les permite a ellas convencerse de que son buenas y compaginar la calidad que tienen individualmente”.

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El proceso de la sub-20

La selección sub-20, con su clasificación a cuartos, ya hizo historia. Hay que destacar que solo había llegado a esta fase dos veces: Alemania 2010 y Costa Rica 2022, que eran sus dos únicas participaciones en la Copa del Mundo de esta categoría. La aspiración es la semifinal, igualar lo que hizo la antigua camada y, por qué no, hasta superarlo. Finalmente, esta camada es la única que ha sido subcampeona del mundo.

“Esta generación es mejor. ¡Obviamente! Empezaron desde más jóvenes su formación y han tenido la oportunidad de entrenar de forma constante. Son jugadoras que han viajado fuera del país, han conocido distintas culturas y todo eso, al final, suma y permite que se evolucione no solo en el entrenamiento, sino también en aspectos como la técnica y la táctica. Con más recursos, el fútbol femenino ha crecido y si no fueran mejores querría decir que las cosas no se están haciendo bien. Por eso, cada vez, las aspiraciones son más altas y la idea es que cada generación apunte a más”, explicó Natalia Gaitán.

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Antes de que empezara el Mundial, en conversación con este periódico, el entrenador Carlos Paniagua ya había dicho algo parecido. Si aumenta el nivel, sube la exigencia y por eso se espera que el equipo pelee el título: “Es algo bonito: la gente cada vez quiere más a la selección femenina. Y, a la vez, cada día nos exigen más. A mí eso me gusta. Nuestros resultados invitan a la gente a acompañarnos. Esta es la competencia de fútbol femenino más importante que ha hecho nuestro país. El compromiso es grande, pero nuestra ilusión es seguir haciendo historia”.

Por la Tribuna Deportiva de El Espectador también pasó María Camila Reyes, otra referente de Santa Fe y jugadora de la selección de Colombia. De hecho, viene de participar en los Juegos Olímpicos. La mediocampista, de hecho, fue la capitana de Paniagua en el pasado mundial sub-20 de Costa Rica, y conoce bien el proceso: “He jugado con muchas de las futbolistas de esta selección y sé cuál es la idea del profesor Paniagua. He tenido una relación bastante cercana con todo el proceso, he entrenado con este cuerpo técnico durante años y sé lo que se ha trabajado. Es un grupo espléndido y eso irradian, internamente y alrededor. Colombia tiene posibilidades de dar la sorpresa en el torneo. Vamos por buen camino. Una vez ya llegamos a la final y esta vez ojalá volvamos a llegar, para poder ganarla”. Las selecciones juveniles garantizan un relevo tranquilo para la selección de mayores, que viene, por ejemplo, de llegar a unos cuartos de final en el último mundial, categoría élite, de la FIFA.

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“Si somos consecuentes, este equipo es el que va a sustentar el futuro. Detrás de estos procesos tan exitosos hay un relevo para las selecciones mayores que han hecho historia. Es el reto de las que venimos. Y que nosotras podamos acercarnos a vivir todo lo que rodea la alta competencia, jugando incluso al lado de las referentes con las que crecimos, como Daniela Montoya, Catalina Pérez, Daniela Arias o Catalina Usme, o compitiendo en eventos como el mundial que se está haciendo en nuestro país aporta para que en el futuro podamos seguir manteniendo el nivel”, explicó la futbolista de Santa Fe.

Hace apenas dos años, María Camila Reyes lideraba a las jóvenes y hoy ya empieza a ser una de las referentes del equipo de mayores. La evolución del fútbol femenino en Colombia, por fortuna, es cíclica. Nunca han dejado de surgir jugadoras y por eso la selección se mantiene vigente. Recordaba Isabella Echeverri el día en el que, después de ser la joven del grupo y haber llegado a acompañar en la cancha a las que fueron su inspiración, le tocó recibir a la nueva camada. No se le olvida el día en el que, tímida y laboriosa, llegó Mayra Ramírez, jovencita, a su primera concentración con el equipo. En ese entonces, era ella, la goleadora de Sibaté, la cachorra de la camada y hoy es una de las nominadas al Balón de Oro, una de las transferencias más caras en la historia del fútbol femenino.

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Para todas ellas el fútbol nació como un sueño, con la aspiración de llegar a ser como sus heroínas. Hoy miles de niñas vibran con la selección femenina sub-20, se emocionan y anhelan que ganemos la Copa del Mundo, en nuestra tierra, en nuestra casa. Mañana, seguramente, algunas de ellas serán las nuevas estrellas y entonces las jóvenes que buscan el título del mundo les entregarán la posta a las que siguen.

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