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Las certezas de la selección femenina en el arranque de la Liga de Naciones

Colombia derrotó a Perú y Ecuador en el estreno de las eliminatorias sudamericanas a la Copa del Mundo Femenina. ¿Qué viene?

29 de octubre de 2025 - 06:00 a. m.
Las jugadoras de Colombia, tras su victoria en Quito.
Foto: EFE - Vicente Costales
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La selección femenina de Colombia dio un golpe de autoridad en el inicio de la Liga de Naciones Femenina 2025. Con dos victorias consecutivas —4-1 ante Perú en Medellín y 2-1 frente a Ecuador en Quito— el equipo dirigido por Ángelo Marsiglia no solo lidera la clasificación con seis puntos, sino que ha comenzado a construir certezas futbolísticas en un torneo que define el camino al Mundial de Brasil 2027.

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Desde el debut en el Atanasio Girardot, Colombia, que llegaba como subcampeóna de América, mostró un rasgo que se mantuvo en Quito: la capacidad de responder ante la adversidad. Tras el empate momentáneo de Perú, el ingreso de referentes como Linda Caicedo y Daniela Montoya cambió el ritmo del juego y permitió una remontada que reveló profundidad de plantel y temple competitivo. Marsiglia apostó por una estructura que combina la precisión técnica de Leicy Santos —autora de dos goles en ese partido— con la energía de las jugadoras jóvenes, logrando un balance entre jerarquía y renovación.

Esa misma madurez se vio en la altura de Quito, donde Colombia supo administrar la intensidad y adaptarse a un contexto hostil. El gol de penalti de Santos al cierre del primer tiempo confirmó su papel de líder futbolística y emocional: tres goles en dos partidos la consolidan como la goleadora del torneo y una de las figuras del continente. Pero más allá de los números, su aporte pasa por ser el eje de un mediocampo que ya no solo crea, sino que también resiste y controla los ritmos del juego.

El segundo tanto ante Ecuador, un derechazo de Montoya al minuto 70, fue la síntesis del estilo que Marsiglia pretende imponer: presión alta, recuperación rápida y llegada con volumen al área rival. En ambos compromisos, la mediocampista antioqueña fue decisiva, primero con un cabezazo ante Perú y luego con un golazo de media distancia. Su presencia garantiza equilibrio en las transiciones y liderazgo en la gestión de los tiempos.

Otro aspecto consolidado es la defensa. Pese a los dos goles encajados —ambos de penalti—, Colombia ha mostrado solidez en la línea de fondo. La pareja central ha respondido con solvencia, y Katherine Tapia, desde el arco, se ha convertido en una voz de mando. En Quito, su actuación fue determinante en los momentos de presión ecuatoriana. Esa estructura defensiva, acompañada por la recuperación efectiva de balón en la mitad, ha permitido a la Tricolor sostener su propuesta ofensiva sin perder el orden.

Marsiglia ha insistido en que esta Liga de Naciones no es solo una eliminatoria, sino un laboratorio de crecimiento. En esa línea, el equipo ha exhibido variantes tácticas: ante Perú apostó por amplitud y juego combinativo; ante Ecuador, por pragmatismo y control. En ambos escenarios, las modificaciones desde el banco dieron resultado, confirmando la amplitud del grupo y la capacidad de reacción ante los cambios de contexto.

El entorno también comienza a entender que esta selección se mueve por convicciones, no por impulsos. A falta de figuras como Catalina Usme o Mayra Ramírez, las referentes actuales han asumido el liderazgo sin fisuras. Santos, Montoya y Caicedo sostienen el proyecto desde la cancha, mientras jóvenes como Izquierdo o Chacón se insertan con naturalidad en la estructura colectiva. El equipo parece haber alcanzado un punto de madurez emocional que antes dependía demasiado de momentos individuales.

En el plano competitivo, los resultados reafirman una tendencia: Colombia ya no solo compite, sino que domina. Con seis puntos de seis posibles y una diferencia de gol de +4, supera a rivales directos como Chile, Argentina y Venezuela. Pero más allá de la estadística, lo relevante es la manera en que se consiguen los triunfos: con control, inteligencia y determinación.

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El próximo desafío, frente a Bolivia en la altura, pondrá a prueba su capacidad de adaptación en condiciones extremas. Sin embargo, el inicio deja una certeza: esta selección ha aprendido a ganar de múltiples formas. Entre la contundencia del debut y la madurez mostrada en Quito, Colombia ha encontrado una identidad sólida que la proyecta como favorita al Mundial 2027. Lo que antes era una ilusión, hoy es un plan en marcha.

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