Colombia es un país futbolero y muy atento a sus distintas selecciones. Ver a los suyos, tanto en la rama femenina como masculina, es un hábito del que nos hemos apropiado. Es frecuente que nuestros equipos compitan, pero no tanto que levanten trofeos, algo que la sub-17 sí consiguió este domingo en Paraguay, donde volvió a poner la bandera en lo más alto luego de vencer 4-0 a Argentina en la final.
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El resultado contundente fue el culmen de un proceso que todavía quiere ir por más. En Luque, la sede de la Conmebol, una nueva generación de futbolistas colombianos, bajo el mando del profe Fredy Hurtado, dio la vuelta olímpica después de ir de menos a más a lo largo del torneo continental, y gracias a esa evolución deportiva dieron el paso que históricamente nos suele faltar en este tipo de instancias.
Los campeones continentales regresaron al país esta mañana y aterrizaron en Bogotá. En la sede de la Federación Colombiana de Fútbol atendieron a los medios de comunicación. Hurtado habló del proceso que hubo detrás de este título, de la voluntad y disposición de sus dirigidos, del trabajo realizado en los microciclos y en la mentalidad.
“Tuvimos cinco o seis convocatorias con ellos, los fuimos conociendo. Nosotros acá en Bogotá como en Barranquilla siempre hacemos doble jornada con ellos. El esfuerzo fue gigantesco. Nunca dijeron: ‘Profe, estamos cansados’, nunca se les notó eso, al contrario, lo hicimos porque sabíamos que nos podía dar resultados, y al final nos sirvió mucho”, comentó el estratega de la tricolor.
Hurtado destacó que no siempre entrenaban con el grupo completo. En varios momentos trabajaron línea por línea para aprovechar el poco tiempo disponible. El profe ideó un plan que le permitió competir y evolucionar durante el mismo campeonato hasta encontrar su mejor versión.
El debut de Colombia en este Suramericano fue un empate sin goles contra Ecuador, en el que durante un tramo considerable del partido la tricolor no supo aprovechar la superioridad numérica. Luego hubo una dura derrota con Uruguay, en el que además se lesionaron tres de nuestros jugadores. El onceno tricolor supo procesar esos golpes y llegó más fuerte a la fase final del campeonato.
Las bajas obligaron al cuerpo técnico a reestructurar la nómina, pero era una circunstancia que estaba contemplada dentro del plan. Hurtado aseguró que a la hora de conformar la nómina tuvo muy en cuenta la polivalencia como un factor clave para definir la lista de convocados.
“Lo que hacemos es buscar a jugadores que nos puedan jugar como mínimo en dos o tres posiciones. Acá en el Suramericano no se siente tanto, porque son 23 jugadores, pero por ejemplo en el Mundial son 21 los que van”, agregó Hurtado, quien destacó a Adrián Mosquera como un ejemplo de eso, pues el antioqueño arrancó el torneo como delantero centro y terminó como extremo derecho.
Otra de las claves del profe Hurtado fue convencer a sus dirigidos de creerse el cuento. En la rueda de prensa habló de mentalidad ganadora, pero luego se corrigió y dijo que a lo que en realidad se refería era la mentalidad campeona. “El querer ir más allá, el llegar más allá. Tuvimos un objetivo claro y queríamos hacer que el país se sintiera orgulloso de ellos”.
Éider Carrillo, capitán de la prejuvenil, reveló como caló ese mensaje dentro del grupo. “Con humildad ante todo. No mirábamos por encima a nadie ni agachamos la cabeza”, afirmó el volante surgido en las divisiones menores de Independiente Medellín.
El crecimiento de Colombia en el torneo fue constante y evidente. Las dudas que dejó en la primera ronda se disiparon en la segunda. Colombia no se achicó ante rivales de nombre y les pasó por encima a ambos en el marcador. Antes de golear 4-0 a Argentina en el partido por el título, este mismo equipo le propinó un 3-0 a Brasil en la semifinal.
En las fases finales los rendimientos individuales potenciaron al colectivo. El portero Luigi Ortiz mantuvo su arco en cero, Éider Carrillo manejó los hilos del mediocampo, Samuel Martínez encontró e inventó espacios a diestra y siniestra, y José Escorcia, el mejor jugador del torneo, se destapó en goles y asistencias.
Este título también le permitió sacarse una espinita de lo ocurrido el año pasado, cuando el equipo de todos también llegó a la final, pero la perdió en los penaltis. En ese plantel estaba Miguel Agámez, quien se tomó revancha 12 meses más tarde y con un doblete fue la figura del partido contra Argentina.
“Esa experiencia fue un aprendizaje para mí. Hablé con mi hermano, alcé la cabeza y me dijo que me preparara para lo que viene. No pensé estar aquí, me dieron la oportunidad. Se la debía al país, se la debía a Colombia y se la debía a todos mis compañeros”, resaltó Agámez con la medalla de campeón colgada en su cuello.
En el mediano plazo este mismo plantel tendrá el Mundial Sub-17, que se llevará a cabo en noviembre de este año en Catar. La competencia interna será intensa, pues del grupo de 23 que conquistaron el Suramericano saldrán dos. Por lo pronto los campeones continentales se unirán a los equipos a los que pertenecen para continuar con su proceso de divisiones menores.
Este título para Colombia no es un punto final, sino una puerta abierta a un proceso que quiere ser protagonista en su categoría. No obstante, es clave recordar que estamos hablando de menores de edad, que se trata de un nivel formativo. Todavía les queda camino por recorrer para llegar al fútbol profesional.
A las selecciones juveniles de todo el mundo, no solo a la nuestra, les ha pasado que quienes integran estos planteles no solo tienen dificultades para llegar a la selección mayor, sino en general a consolidarse en el fútbol profesional. Por decir algo, de la generación colombiana que ganó el Suramericano Sub-17 de 1993, solo trascendieron en el tiempo apenas dos nombres, Ricardo Ciciliano y Jorge Bolaño.
Hurtado considera que es clave trabajarles la cabeza para que no se pierdan en el camino. “Les hablamos del jugador de élite, el que obviamente en el campo hace la diferencia, pero lo más importante es que afuera de él se prepara para hacerla. Ni siquiera hablamos del jugador profesional, sino del jugador de élite, porque son sobre todo ellos los que están en selección. Siempre les hablamos de eso, de actuar como campeones”.
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