Dice Manu Chao, en una de las canciones futboleras del mundo de habla hispana, que “la vida es una tómbola de noche y de día”. Y es como si esta canción, o al menos esta frase, fuera la banda sonora que acompaña el relato de la vida de Carolina Arias. Ha cumplido sueños, pero cada sueño viene acompañado de un reto o de una adversidad que quizás la haya hecho dudar en más de una ocasión de que todo lo que ha alcanzado se podría llegar a obtener.
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Su nacimiento ya indicaba que el milagro de vivir y el valor que eso requiere siempre iba a implicar una dosis mayor de resistencia y persistencia para continuar, pues Arias nació a las 33 semanas de embarazo de María Isabel Vidal, su mamá, y en el nacimiento tuvo una fractura de rodilla que obligó a los médicos a dejarla hospitalizada por varios días.
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Si hacemos un recorrido por los logros que ha obtenido en su carrera deportiva iremos viendo que cada victoria ha traído un momento adverso. Parece apenas obvio decirlo porque la lógica de la vida es esa, sin embargo, cada vez que Arias ha llegado a sentir que alcanza la cumbre de su carrera, algún asunto inesperado trunca la efímera felicidad de sentir que se consigue lo que tanto se persigue.
“Lo más duro para ella fue cuando tuvo la lesión en Turquía, pues pensamos que hasta allí sería el fin de su carrera deportiva”, cuenta Isabel, su mamá, en entrevista para El Espectador, recordando la vez que Carolina jugó en el Antalyaspor, equipo al que se fue en 2016 y donde al año siguiente sufrió una fractura de tibia que la dejó casi un año por fuera, lo que apresuró su regreso al país para jugar con Nacional, escuadra con la fue subcampeona de la Liga ese año.
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En 2019 pasó por el Servette, equipo de Suiza, y al poco tiempo volvió una vez más al país para jugar con Huila. Nuevamente sería subcampeona de la Liga, y aunque se le volvió a escapar el título, sí logró hacer parte de la nómina que alcanzó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos. Una victoria no menor que muchas de las jugadoras que hoy están en el Mundial recuerdan con orgullo.
El rendimiento de ese año hizo que uno de los grandes de Europa la contratara: en 2020 se fue al Atlético de Madrid, el mismo equipo de Leicy Santos. Sin embargo, la pandemia frustró su permanencia en el club colchonero y el sueño de jugar en la élite se desmoronó.
Independientemente del lugar en el que esté, Carolina busca siempre contar con su mamá, que ha sido su cómplice y el principal apoyo en su carrera de futbolista. Isabel cuenta que “todos los días hablamos, nos escribimos, cada día me pide la bendición. Cuando está en el país me llama y me dice ‘mami, ¿es verdad que me invitaste a almorzar?’ [risas] y siempre le contesto: ‘Sí, te invité a almorzar’. O sea, ella se invita sola”.
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“Carolina aparte de mi hija es mi amiga, mi confidente y consejera, es una gran persona y un excelente ser humano. Tenemos una relación magnífica, somos idénticas en el modo de ser: alegres, rumberas, futboleras y bondadosas”, dice Isabel, que reconoce que el fútbol ha sido uno de los pilares en la relación de las dos, pues uno de los sueños que le cumplió Carolina cuando era pequeña a su mamá fue acompañarla a ver fútbol.
Siempre han estado cerca la una de la otra. Y lo volvieron a estar en 2021, cuando Arias regresó a su “pueblo natal”, a su Cali, a jugar en la escuadra azucarera y alcanzar lo que le había sido esquivo en los años anteriores: la Liga Femenina. Con uno de los equipos de su ciudad pudo por fin dar el grito de campeona. Una alegría que le permitió tener los suspiros de los objetivos cumplidos, esos que dan alivio porque los esfuerzos valieron la pena.
En 2022 la vida volvió a ser una tómbola. Era el año de la Copa América Femenina en nuestro país. Todo indicaba —porque no había razones para creer lo contrario— que Arias estaría entre las convocadas para buscar el título en el territorio nacional. Sin embargo, dio positivo por coronavirus a pocos días de iniciar la competencia, razón por la cual no pudo ser una de las representantes de Colombia en el torneo en el que se alcanzó el subcampeonato, detrás de Brasil.
Este 2023 hubo revancha. Arias, ahora jugadora de Júnior, está en Australia y Nueva Zelanda jugando su segundo Mundial con Colombia. Es una de las referentes, es una garantía en defensa y una de las que más insiste que el propósito principal en este certamen no es otro que seguir haciendo historia.
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