La imagen de aquellas adolescentes que brincaban y gritaban antes de cada encuentro para transmitir ese mensaje de unión y que incluso repetirían dos años después, este lunes no fue más que un recuerdo, así varios rostros juveniles asomaran en medio de la mancha amarilla que mostró una cara menos emocional para darle paso a la madurez que cualquier seleccionado mayor obliga.
Desarrollo en pocas palabras, tal cual ha tenido el proceso del fútbol femenino colombiano que nació en 2008 y hoy sigue traduciéndose en resultados, los cuales dejaron de ser suramericanos para convertirse en mundiales.
Primero fue la clasificación a la cita orbital prejuvenil de Nueva Zelanda, luego la participación en la Sub-20 de este año en Alemania con cuarto lugar incluido y ahora, por primera vez, Colombia estará con las mejores del planeta a nivel absoluto, luego de resultar subcampeona en la Copa América que terminó el domingo en Ecuador.
Y si hay alguien que ejemplifica semejante crecimiento, ella es Yoreli Rincón, quien tiene la tricolor en su ADN y en junio próximo junto con Paula Forero e Íngrid Vidal se convertirían en las primeras futbolistas nacionales en disputar todas las categorías de Copas del Mundo.
“De niña veía los partidos de la selección en televisión y soñaba con vestir la camiseta de mi país. Una vez me la puse seguí ilusionándome con estar en un Suramericano y luego en un Mundial, ahora llevo dos, podría estar en uno tercero de mayores y fuera de eso disputaría unos Juegos Panamericanos y Olímpicos, entonces, siempre habrá retos por cumplir”, confesó la mediocampista santandereana a su regreso este lunes al país.
Por eso el siguiente anhelo ya está planteado: “Voy a ser la mejor del mundo, sé que Marta hoy está un escalón por encima de los demás, pero estoy trabajando fuerte para igualarla y superarla, voy paso a paso, pero con mucha determinación y entrega”.
Las palabras de Yoreli se entienden una vez se escucha a su técnico, Ricardo Rozo, quien es el primero en advertir que “acá todos soñamos a diario, yo por ejemplo lo hice cuando dirigía la selección Bogotá y deseaba estar en la de Colombia. Se me cumplió y luego fui por más, ya se nos dio un cuarto lugar del mundo y ahora queremos darle un título panamericano, mundial y olímpico a este país que tanto queremos”.
El seleccionador nacional femenino no dudó tampoco en decir que “la ruta está trazada, se cuenta igualmente con el apoyo y el material humano suficientes para seguir encarando retos importantes y luego de esta Copa América comprobé que cada vez nos sentimos más cerca de Brasil, que es la potencia del área”.
Ahora Rozo y sus muchachas también quieren codearse con la gloria y en los dos próximos años la buscarán en Alemania, luego en Guadalajara y después en Londres. El mundo les espera.