A la ciudad de las rosas llegó Óscar Julián Ruiz, que deberá tratar de evitar las espinas de su debut en este Mundial. Y seguro que se siente cómodo entre estas llanuras este árbitro de 40 años porque nació en Villavicencio. Aquí, donde las flores crecen ilimitadamente, el mejor referí de la historia del fútbol de Colombia afrontará su tercera Copa del Mundo, un hito en la historia del máximo torneo de la pelota. Y lo hará con dos compatriotas en cada extremo del campo de juego, flameando sus banderines, nada menos: Humberto Clavijo y Abraham González.
Como descansó en la primera fecha, Ruiz ahora tendrá la posibilidad de dirigir. Será este jueves, en el estadio Free State, en el partido que jugarán Grecia y Nigeria, desde las 4 de la tarde aquí, en Bloemfontein, las 9 de la mañana en Colombia. Y será un partido complicado porque ambos equipos llegan a este duelo tras perder ante Corea del Sur y Argentina, por el Grupo B. “Estamos preparados para empezar”, confirmó Óscar Julián, en diálogo con El Espectador.
¿Qué siente al poder dirigir su tercer Mundial consecutivo?
Para mí, es un orgullo enorme. Estar en la Copa del Mundo es un honor. Creo que todo el planeta quisiera estar acá. Ya sea técnico, jugador o árbitro, todos quieren venir. Porque es un privilegio enorme, algo que no tiene precio.
¿Y cómo se preparó para afrontar este torneo?
La verdad, fue tan intensa la preparación, que nos parecimos a una de las 32 selecciones que están participando del Mundial. Es que nos tenemos que preparar para ser efectivos, más allá de que no podemos garantizar que no nos equivoquemos porque somos seres humanos.
¿Se puede achicar el margen de error con una preparación tan intensa?
Tratamos de hacerlo. Pero así como se equivocan los técnicos o los jugadores, también fallamos nosotros. Esperemos que lo hagamos lo menos posible para no generar problemas.
¿Qué opinión tiene sobre la nueva reglamentación que impide el amague en los penaltis?
Hay que cumplirla. Fue una decisión de la International Board. La ‘paradinha’, que se creó en Brasil o tiene una mayor preponderancia allí. El que la haga va a recibir una amonestación. Se van a tener que cuidar a la hora del penal. Pase lo que pase, es amarilla.
¿Le tocó vivir una situación de esta naturaleza?
Ufff… En mi país, un montón de veces, porque la parada no es solamente exclusividad de los brasileños. También, en la Copa Libertadores. Pero antes se podía. Ahora no. La ley es muy clara al respecto.
¿Está contento con la designación? Porque no lo habían convocado para la primera fecha.
Muy feliz. Dirigir en la Copa del Mundo es el deseo de todos los árbitros. Si usted le preguntaba a los ocho que no estuvimos en las primeras designaciones, al italiano Roberto Rosetti, al suizo Massimo Busacca, al belga De Bleeckere, entre otros, todos iban a querer jugar. Pero tuve paciencia. Como decía Napoleón, vísteme despacio que tengo afán. Y ahora, por suerte, me toca jugar. Estoy muy feliz por eso.
Nombró a varios hombres de negro. ¿Cómo es la convivencia con el resto de los árbitros?
Aquí compartimos todo con todos, no sólo con los latinos. Incluso, a pesar de que la barrera del idioma, a veces, sobrepasa cualquier amistad. Nos divertimos todos. En el idioma que sea. Con los franceses, Stephane Lannoy, con el uzbeko Irmatov, el árbitro de la apertura, los africanos y los japoneses son simpáticos. En fin, nos llevamos muy bien.
¿Se sienten encerrados en Johannesburgo?
No estamos en una cárcel. Esta es una concentración. Pregúntele a los jugadores si han salido. Nosotros estamos concentrados como ellos, preparados para dirigir. Seguro que ya vamos a tener alguna posibilidad de conocer Johannesburgo. Pero, igualmente, estamos dentro de una ciudad. Porque este predio tiene cine, los japoneses trajeron sus películas. Lo único que me preocupa es el frío. Porque yo soy de Villavicencio, y ahí el clima es muy caliente. Por más que nuestra hermosa Bogotá sea fría, el que ha bajado acá… Uf, es terrible. Se prevén dos grados bajo cero en los partidos. Tenemos gorra, guantes, hay mucha distancia entre las habitaciones y el campo de juego. Los chilenos dijeron que encontraron dos pingüinos acá, ja, ja…
¿Que Colombia no esté en el Mundial le da tristeza?
Me da nostalgia. Acá, en Sudáfrica, viven muchos colombianos. Pero tengo la impresión de que vamos a poder estar en Brasil 2014.
¿Cuál es su ambición de cara a este Mundial?
Pasar fase por fase. El primer partido, hacerlo bien. Eso es primordial, porque me permitirá acceder al segundo.
¿Cuáles son sus candidatos para ganar el torneo?
Esperemos que sean los árbitros, que garanticen buenos fallos y no haya polémicas.
¿Se ve en la final?
Ojalá. Dios quiera. Sería un hito para mi carrera.