Este fin de semana se escribieron dos páginas gloriosas en la historia del deporte. Los nombres de Usain Bolt y Michael Phelps quedaron grabados con letras doradas gracias a sus sorprendentes hazañas. El primero ganó la final de los 100 metros planos e impuso nueva marca mundial (9,69 segundos). Sin embargo, a los mil millones de personas que vieron la prueba en directo por televisión, les quedó la sensación de que pudo haber corrido más rápido y la seguridad de que él mismo bajara ese tiempo. Y el segundo se colgó su octava presea dorada en Pekín 2008, con lo que se convirtió en el deportista más laureado en los Juegos Olímpicos.
El Espectador fue testigo de ambas proezas y logró algunas reacciones de los protagonistas, justo después de haber recibido sus galardones. Bolt, en el ‘Nido de Pájaro’, ante 90 mil personas que no dejaban de cogerse la cabeza y mirar incrédulos las pantallas gigantes del estadio que indicaban que era el hombre más veloz de todos los tiempos. Phelps, 12 horas después, en el bellísimo ‘Cubo de Agua’, al que acudieron no menos de ocho mil privilegiados espectadores, orgullosos de ser testigos de la conquista de la decimocuarta medalla del estadounidense en dos Olimpiadas.
Bolt seguirá haciendo historia
El próximo viernes cumple 22 años y como regalo quiere llevarse tres oros. El que ya consiguió y el de las pruebas de los 200 metros y el relevo 4×100, en las que aparentemente no tiene pierde. Usain Bolt mide 1,86 metros, pesa 86 kilogramos y salió del anonimato en mayo pasado, cuando hizo el récord mundial del hectómetro. El sábado les sacó metro y medio a sus rivales, en la final más fácil de la historia.
¿Se sorprendió con el 9,69?
No lo esperaba. Estaba feliz por la victoria, quería ganar con autoridad y lo logré, pero no me di cuenta de la marca sino segundos después, cuando la gente gesticulaba y se cogía la cabeza.
En los últimos metros se frenó, ¿habría podido hacer una marca mejor?
La verdad es que estaba más preocupado por cruzar primero la meta que por la marca, pero seguramente habría podido hacerlo un poco más rápido, será en otra oportunidad.
¿Le parece que ganó demasiado fácil?
Absolutamente no. La gente piensa que ha sido fácil, pero nadie imagina lo duro que hay que trabajar para estar acá, para mejorar las marcas. Obviamente, hay un talento que Dios me dio, pero se ha complementado con esfuerzo y
dedicación, especialmente en el último año.
¿Esperaba mayor competencia?
Al comienzo sí, pero me sentí muy fuerte, de hecho sus marcas también fueron buenas. Lo que pasa es que ‘volé’.
¿Cuál es su próximo objetivo?
Acabar mi tarea acá, lograr dos medallas más para Jamaica.
¿A quién le dedica su título?
A mi familia, a la gente que ha creído en mí y me ha ayudado. Y a todo mi país, espero llegar rápido allá para celebrar con ellos.
Antes y después de Phelps
Antes de que comenzaran los Juegos de Pekín, muy poca gente creía que Michael Phelps fuera capaz de superar o al menos igualar el registro de Mark Spitz, quien en la Olimpiada de Munich 1972 ganó siete medallas de oro. Pero el ‘Tiburón de Baltimore’, que cumplió 23 años el pasado 30 de junio, cumplió con su palabra y además de los ocho títulos, impuso igual número de récords mundiales.
Eso, más allá de un premio de ocho millones de dólares que le darán sus patrocinadores, le garantiza el lugar más alto en la historia de las justas, pues con 14 títulos en dos ediciones, es el deportista más ganador. Y su cosecha no parará, pues anunció que irá a Londres 2012, aunque posiblemente no participará en tantas pruebas.
Ocho carreras, ocho oros, ocho récords…
En el año 2008, todo estaba dado para que así fuera, me siento muy feliz, muy privilegiado. Yo fui el elegido para lograr esta hazaña, pero es el fruto del trabajo de mucha gente, de mi familia, mis entrenadores, mis compañeros, sin su apoyo no habría podido hacerlo.
¿Habló con Mark Spitz?
Sí, me llamó y me felicitó, dijo que estaba feliz por mí, que me lo merecía. Y yo le dediqué mi proeza, porque él y su leyenda fueron mi inspiración. Comencé a soñar con igualarlo y luego con superarlo, él nos enseñó que no hay cosas imposibles.
¿Cuál fue el momento más complicado, cuando creyó que se le escapaba alguna medalla?
Dos. El relevo 4×200 libres, a 20 metros del final íbamos perdiendo y creí que ya no podíamos. Ese fue el triunfo que más celebré. Y la final de los 100 mariposa, todos me molestan y me dicen que gané porque tenía las uñas largas. Realmente fue un descanso mirar al tablero y ver el número uno en mi nombre y la bandera de Estados Unidos, sólo en ese momento me tranquilicé. Pero en general puedo decir que estos Juegos han sido muy divertidos para mí, como una montaña rusa, se sufre, pero se goza.
¿Qué viene ahora para usted?
Descansar, celebrar con mi familia y amigos antes de tomarme un tiempo de vacaciones. Llevo dos años trabajando muy duro para esto y es hora de parar.
¿Irá a Londres 2012?
Falta mucho para eso y habrá que ver qué pasa en estos años. Ahora mismo mi idea sería ir, pero no hacer tantas pruebas, porque el desgaste físico y sicológico es inmenso, pero eso lo definiremos cuando llegue el momento.
¿Cree que alguien volverá a ganar ocho oros en una Olimpiada?
Creo que no. Cada día hay mayor nivel entre los atletas de todas las disciplinas y eso hace que no haya uno que domine absolutamente. Además pocos deportes brindan esa posibilidad de hacer varias pruebas.