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“Tengo algo de bogotano”

Alexis García es feliz en la capital, donde vive hace más de dos años para liderar un proyecto que consolida con resultados. Eso sí, no cambia el metro por el transmilenio ni mucho menos los fríjoles por el ajiaco.

01 de mayo de 2008 - 07:00 a. m.
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El síntoma del adiós para la mayoría de los futbolistas se acentúa el día que la pereza pueda más que las ganas de levantarse e ir a entrenar. En el caso de Alexis García, la primera vez que madrugó en Bogotá, estuvo a punto de no volver a jugar, así ya hubiese colgado los guayos varios años atrás.

Para el actual director técnico de La Equidad, “es sagrado el partidito los martes y viernes, pero salir a las seis de la mañana con este frío de la capital es pa’ machos, se me hizo mucho más duro al comienzo, obviamente, aunque hoy sigue siendo una hora complicada”. ¿Acaso no vivió en Manizales cuando dirigió al Caldas? “Sí, pero el clima de acá es incomparable”.

Igual, como en los tiempos que vestía de cortos, lo encara y gambetea a su manera, por ejemplo con “una buena chaqueta, un gorro o guantes si es necesario”. Y así ya lleva “dos años y medio en Bogotá, y si Dios lo permite, en diciembre completaría los tres”. Un tiempo considerable, el cual estuvo siempre dentro de sus cálculos, porque cuando le dio el sí a los aseguradores, sabía que iba a ser “por largo rato, gracias a que el proyecto que me presentaron era serio y dependía de mi rendimiento, más que del azar o el sufrimiento”.

Y resultados sí que le sobran: campeón de la Primera B y después de tres torneos en la máxima división, ya ostenta un subtítulo y el domingo pasado aseguró la segunda clasificación consecutiva a los cuadrangulares semifinales. Objetivos cumplidos tal vez más rápido de lo imaginado, pero acordes con el ritmo de vida capitalino que le impactó bastante al principio, “porque todos andan acelerados, yo tenía una vida más tranquila y despaciosa, pero con el tiempo me fui adaptando y estoy feliz acá”.

No se cambia por nadie en Bogotá y ya la siente como propia, al afirmar que “como colombiano que soy, tengo algo de bogotano, porque es la capital no de Cundinamarca sino de todo el país, entonces en esta ciudad me siento como en mi casa, al haber encontrado mucho respeto y aprecio”.

Su caso desmitifica eso de que los paisas son resistidos en la principal ciudad colombiana. Y no es el único… “Tengo varios

amigos antioqueños que me han dicho que como Bogotá no hay, que Medellín es una nota, pero que la capital es la ciudad para trabajar y vivir”. Alexis coincide con ellos y además la define como “un lugar espectacular y cuando uno le coge el estilo y ritmo de vida, encuentra muchas cosas por hacer; el que se aburra acá es un pendejo”.

Sin embargo, a la hora de recordar su natal Medellín, las comparaciones resultan inevitables y es de los que piensan que “el metro es mucho más bonito que el transmilenio, porque va por encima de la ciudad y uno puede observar paisajes hermosos. Además, la cultura que ha creado es importante y ojalá Bogotá la pueda tener con su propio metro, porque se lo merece”.

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Pero el sistema de transporte es lo de menos, a la hora de entrar en temas gastronómicos. “Como ajiaco, no con tanta papa, ni sopa o pan en el desayuno como se acostumbra acá, pero mi plato favorito son los frijolitos con chicharrón y arepa, y cuando en la semana no lo como, siento como si no estuviera vivo”. Por fortuna para él, “acá encuentro muy buenos fríjoles también, ya tengo mis sitios detectados”.

Extraña en cierta forma “el calor humano. En Medellín la gente es más entregada a los demás, acá las personas andan por su lado, no sé si es por el tamaño de la ciudad que hace que cada quien ande de afán”.

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De todas formas lo maneja a su manera, pero lo que no hace todavía, es el tráfico bogotano. “Es de lo más duro que he vivido, aunque ya he ido conociendo los recovecos. Varias veces manejé con pico y placa y cuando me acordaba, ya estaba en la casa afortunadamente”.

Igual, con o sin trancones, cada vez que puede, se escapa junto con su familia al “‘Disneyworld’ nuestro, que es el parque Jaime Duque, porque es espectacular. Allí llevo a los amigos que vienen y lo muestro con un orgullo el berraco”.

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También lo siente al decir dónde nació y lo sentirá cuando recuerde que en la capital encontró el reconocimiento que todo profesional anhela. Un ‘Maestro’ equitativo en todo el sentido de la palabra, cuya “señora no se ve volviéndose pa’ Medellín”. Y ni hablar de su hija menor Valentina, quien a sus cuatro años, “en la guardería habla más rolo que  los compañeros”.

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