Esta frase, pronunciada a finales de 2008 por Phil Mickelson, uno de sus más duros rivales, hoy quinto del escalafón mundial, lo dice todo: “Él dirige el juego del golf. Mantiene las audiencias de televisión, los patrocinadores lo buscan y la gente quiere verlo, así que necesitamos que regrese lo antes posible”.
El deseo de Mickelson y de todos se hizo realidad el pasado viernes, cuando Tiger, quien estuvo ocho meses por fuera, anunció que el próximo miércoles se reintegrará a la actividad en el Golf-Accenture Match Play Championship en Arizona, donde también competirá Camilo Villegas.
“Estamos encantados con su vuelta”, dijo Tim Finchem, comisionado del PGA Tour, y no es para menos, pues desde que el Tigre salió de la escena, el interés por el golf en el circuito norteamericano bajó notoriamente.
En junio del año pasado, cuando Woods decidió someterse a la cirugía de reconstrucción de ligamento cruzado anterior de su rodilla, tenía previsto disputar los dos torneos ‘grandes’ que restaban en la temporada (el Abierto Británico y el PGA Championship) y también iba a jugar la tradicional Copa Ryder. Sin embargo, los analistas de las cadenas televisivas estadounidenses sabían que si Tiger no estaba en esas competencias, los televidentes preferirían ver otros deportes.
Según un estudio de Los Angeles Times, las audiencias cayeron un 55 por ciento durante el PGA Championship y eso que apenas era el segundo torneo ‘grande’ sin Woods, quien con su presencia había hecho batir los índices de audiencia de la final de la NBA durante la cuarta jornada del US Open 2008, el último título de Tiger antes de la cirugía.
Los anunciantes tenían firmados contratos con las cadenas de televisión en las que reciben spots gratuitos en caso de que no se alcancen determinados números de espectadores.
El regreso de Tiger no sólo le alegra al número uno del mundo, sino a sus rivales, a la afición y especialmente a la maquinaria comercial que mueve miles de millones de dólares con su talento.