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«Tolima es el mejor de la década»

El goleador histórico del club, con 67 tantos, integró una generación dorada en los 80 que sentó precedente.

26 de mayo de 2012 - 04:02 p. m.
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Julio Comesaña, técnico del Júnior en 1993 y amigo de la vida, lo recibió en el portón y lo llevó al camerino del Manuel Murillo Toro de Ibagué, antes de un juego contra Tolima. Víctor Manuel del Río —argentino retirado del fútbol profesional en 1984— llevaba a su hijo Víctor Hernán a que conociera a El Pibe Valderrama. El samario, acostado boca abajo en una cama de masajes, se enderezó, reconoció el rostro de Del Río y le dijo al niño: “Mijo, si tú juegas como tú papá, te llenas de plata”.

“Y si lo dijo El Pibe es porque es verdad”, bromea Del Río, nacido el 1° de enero de 1951 y goleador histórico del Deportes Tolima con 67 anotaciones entre 1980 y 1984. Su pelo, ahora blanco, ya no es el mismo que le llegaba hasta la espalda cuando debutó como profesional en Racing de Avellaneda en 1973. Por supuesto, este argentino nacido en la Provincia del Chaco ha perdido pelo, pero nunca la memoria aguda que siempre lo caracterizó.

Vistiendo la camiseta del Tolima, recuerda el subtítulo del 81 (frente a Nacional) que el equipo les dedicó a las personas que murieron cuando se desplomó una tribuna del estadio de Ibagué durante ese año. Su lema era: “Mi mejor gol va a ser el próximo”, pero aún rememora el que le marcó a Cobreloa en El Campín en la Copa Libertadores de 1982. No olvida que siempre, al salir de los entrenamientos, caminaba a casa junto con su compañero y vecino Óscar Héctor Quintabani y un niñito le llevaba el maletín, un niño que resultó siendo Harold Rivera, el actual técnico de la selección Sub-15 de Colombia.

En Ibagué ha vivido de todo: su muerte falsa (“una vez me atropelló una bicicleta, me paré ileso y seguí trotando. Pero en la radio empezaron a decir que había muerto”, dice). También el nacimiento de sus dos hijos y el ocaso de su carrera deportiva.

“La madre de mis niños se subió una vez a un taxi. Dio las coordenadas de mi casa y el señor le contestó: ‘Tranquila, quien no conozca la casa de Víctor Hugo del Río, no conoce el estadio’. El cariño de la gente acá es muy grande y de mí hacia ellos también. El Manuel Murillo Toro es mi casa”, dice. Esa generación que él lideró sentó un precedente en la historia del Tolima, ese equipo que antes de su llegada era de media tabla.

El mensajerito de la imprenta

A los siete años le dijo a su padre Eusebio Higinio que dejaba el colegio, que iba a trabajar como mensajero en la imprenta Pellerano, al lomo de una bicicleta más grande que él. “Vos sos muy chico, me dijo mi viejo, pero necesitábamos dinero y allí trabajé hasta los 18 años”, recuerda. Barrió el lugar, limpió máquinas alemanas, trabajó como tipógrafo y encuadernador. Esos oficios los alternaba con los entrenamientos de fútbol en Avellaneda, pues su primer entrenador (José Santiago) lo había vinculado con las filiales sin el conocimiento de su padre.

Don Eusebio no había dejado que se inscribiera en las divisiones menores de Quilmes por temor a que dejara el estudio. “Un señor que reclutaba niños para el club iba todos los viernes a mi casa a pedirle a mi papá su firma para inscribirme. Entonces, después, decidí firmar por mi propia cuenta en Racing y de regreso a casa mi papá me dio una pela. Luego fue el hombre más feliz cuando me vio en primera”.

Debutó en 1973 en La Academia, luego de haber renunciado en su empleo. “Un día le dije al dueño que no trabajaba más, que iba a intentar ser profesional con Racing. Él me dijo que si no lo lograba en dos años, me volvía a recibir. Le dije que gracias, pero le contesté que estuviera seguro que nunca más iba a volver”.

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En 1977 unos dirigentes del Caldas se interesaron por él y lo trajeron a Colombia. En el 80, cuando iba a ser contratado por América, Gabriel Camargo, dueño del Tolima, lo llamó. Le dijo que estaba armando un equipo para pelear el torneo y que estaba interesado en ficharlo, pero él prefirió irse a Argentina. “Tenía 26 años y decíamos que el Tolima era el cementerio de los elefantes, porque todos se retiraban allí y yo tenía mucho fútbol aún, pero ante tanta insistencia de Camargo decidí creerle y ha sido la mejor decisión”.

En un partido contra Caldas, su exequipo, realizó un pase hacia atrás que interceptó un rival y éste anotó el primero. Del Río fue por el balón, sacó, hizo dos paredes y empató. Sacó el Caldas, él mismo cortó juego y puso el 2-1 final. “Con tres goles de Del Río Tolima superó al Caldas”, tituló un diario local al día siguiente y desde entonces “me convertí en ídolo de la institución. Ese fue el partido bisagra”.

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Del Río es entrenador actual de las divisiones menores del club. Él, como pocos, tiene la autoridad para hablar sobre los excelentes números del Tolima en la última década y los actuales (es líder de la Liga y la Copa).

“El Tolima es el mejor de la última década, ganó el título en 2003, ha clasificado a Libertadores y Sudamericana, y ahora es el mejor en todo. ¿Por qué no ha sido más veces campeón? Porque ha faltado suerte y porque hace falta confianza. Imagínese si tuviera un buen estadio y un poco más de recursos”. 

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