Cada vez que le pedían un autógrafo o posar para una foto lo hacía con gusto, pero no dejaba de sentirse intimidado, así en definitiva entendiera que luego de una carrera tan dilatada en la Liga Profesional del Fútbol estadounidense, el reconocimiento resultara inevitable.
En diciembre pasado, cuando Diego Gutiérrez decidió alejarse de las canchas después de década y media de actividad, creyó librarse del asedio de los hinchas del Chicago Fire, equipo de la MLS en el que estuvo durante siete temporadas, pero este bogotano, nacionalizado estadounidense, a sus 36 años no para de recibir distinciones.
Hoy, por ejemplo, entrará al Salón de la Fama de los Deportistas Humanitarios, en ceremonia que se realizará en el Qwest Arena de Boise, Idaho, donde sus huellas reposarán en la placa que le honra por el esfuerzo de prevenir cerca de 3.000 muertes diarias en el África a causa de la malaria.
Gracias a la labor en Nothing But Nets, campaña que creó junto con su esposa Ginna, la cual suministra toldillos en Malí para evitar el contagio por la picadura de zancudos, Gutiérrez se convertirá en el segundo futbolista en ingresar al Hall, ya que el único que había tenido tal honor había sido Pelé.
Su nombre reposará entonces desde hoy al lado del de otras leyendas del deporte mundial como Jackie Robinson, primer beisbolista negro en las Grandes Ligas; el ícono del tenis mundial, Arthur Ashe; el basquetbolista David Robinson o los Trotamundos de Harlem.
Por eso admite que “si los triunfos en el terreno de juego eran excepcionales, lo son más las distinciones que te hagan por ayudar a otros. Estar en un Salón de la Fama es algo que inmortaliza, deja un legado importante y eso es lo que quiero heredarles a mis tres hijos: Mia (11 años), Lina (10) y Diego Javier (6), un camino de servicio a los demás que espero puedan seguir algún día”.
Ahora, como agente Fifa, está al frente de Global Pro Management, empresa que fundó para representar a futbolistas, aunque debe multiplicarse diariamente porque además se mantiene “muy ocupado con obras caritativas, principalmente como Embajador de las Naciones Unidas y con el trabajo en el Comité Presidencial del Deporte y Salud de la Casa Blanca”.
Para Diego hace bastante, pero nunca le resultará suficiente, ver sonreír a un niño no tiene precio, como tampoco lo tiene la distinción de hoy, cuyo valor radica en que siempre da sin esperar nada a cambio.