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Un premio de montaña de 70 años

Un 14 de abril, hace siete décadas, fue registrada la fe de bautismo del campeón Cochise.

13 de abril de 2012 - 02:26 p. m.
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Un recorrido por la vida, obra y milagros del más reconocido deportista colombiano de todos los tiempos. A él le basta con seguir pedaleando por Medellín.

Desde que ganó la Vuelta a Oriente en su natal Antioquia, cuando todavía era un menor de edad, a finales de los años 50, Martín Emilio Rodríguez se acostumbró a ser un campeón de la vida en bicicleta. Después lo conquistó todo agregando a su nombre el distintivo del ídolo de su niñez, Cochise, un jefe indio sioux protagonista de la película La flecha rota. Entre Vueltas a Colombia, títulos mundiales y etapas en Europa cruzó victorioso la meta en 82 ocasiones. Hoy, la noticia es que ha alcanzado el premio de montaña de sus 70 años.

En su casa del barrio La Alameda de Medellín, acompañado por su esposa María Cristina Correa, el amor a la distancia de sus tres hijos y dos nietos, y la admiración de varias generaciones de colombianos que no se cansan de saludarlo, pedirle autógrafos o sumarlo a sus fotos, Cochise abre el baúl de sus recuerdos. Y empieza resolviendo la duda sobre su nacimiento. “Yo siempre celebré el 14 de abril, pero un día, haciendo campaña para el Concejo de Medellín, supe que nací el 7. Pero me quedé con el 14, para darle gusto a mi mujer”.

Lo cierto es que a la semana de nacido murió su padre, Victoriano, y su madre, Gertrudis Gutiérrez, se volvió el paradigma para su personalidad, por el ejemplo que le dio a él y a sus cinco hermanos de salir adelante con disciplina y tesón. Vendió limones en la plaza de mercado en Cisneros; fue voceador de prensa cuando El Correo aún le disputaba lectores a El Colombiano en Antioquia; pero a los 14 años se le atravesó el destino cuando se hizo mensajero de una farmacia y, montado en una rústica bicicleta, aprendió a correr.

Ese detalle lo advirtió su amigo Jorge Enrique Ríos, quien lo indujo a participar en una doble al municipio de Barbosa, en la que le fue regular porque “la bicicleta cachona, sin cambios, no era para hacer deporte”. Pero enseguida vino la Vuelta a Oriente y después la doble a San Pedro, hasta que le cogió el tiro al pedaleo y se volvió el turismero invencible. Cuando no le quedaba nada por ganar entre inexpertos, debutó en 1961 en la Vuelta a Colombia en Bicicleta, quedó de sexto y obtuvo el título de mejor novato. Ya era Cochise en cicla de carreras.

En 1962, apenas a los 20 años, estuvo a punto de ganar la Vuelta. La perdió con Roberto Pajarito Buitrago por ocho segundos. “Creo que el técnico planificó mal la última etapa entre La Dorada y Bogotá. Además, no contábamos con que los españoles lo iban a remolcar hasta la capital. Cuando entramos a El Campín, Pajarito chocó con un sardinel y por poco se cae. Ahí hubiera yo ganado la Vuelta”, rememora Cochise. Pero la revancha llegó un año después, cuando alcanzó su primera victoria en la máxima competencia del ciclismo nacional.

Y pasó de largo porque en 1964 repitió título. Tan sobrado de lote que le cogió más de una hora a su más inmediato competidor, Rubén Darío. Gómez. Desde entonces, Cochise se hizo ídolo. La gente salía por las carreteras destapadas o en los pueblos a verlo pasar en su caballito de acero. Los niños decoraban sus tapas de gaseosa para empujarlas por los andenes jugando a ser cochises. Los adultos, pegados a la radio, hacían fuerza para que el pedalista antioqueño ganara, así fuera a bogotanos, boyacenses, vallunos o extranjeros.

Cochise se volvió un emblema del país. Pero la gloria trae sus desventajas. En 1965 se creyó invencible, se descuidó frente a su archirrival, Javier El Ñato Suárez, y perdió la Vuelta por tres minutos. “Me descuidé por sobrado. Yo nunca fui de parranda, pero fui un poquito díscolo con las viejitas. En el Valle no lo quise atacar y fallé, y llegando a Bogotá alguien que no era de mi equipo me dio una caramañola que me cayó mal. Al año siguiente me desquité y se la gané al Ñato”, agrega, y luego refiere que ya para entonces se fortalecía en la pista.

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En 1967 obtuvo su último título en la Vuelta a Colombia. Pero casi la pierde por su don de gentes. “En esa época nos hospedaban en casas de familia y al llegar a Ibagué, antes de la última etapa a Bogotá, la anfitriona quiso agasajarme con una tremenda bandeja paisa. ¡Ave maría! Amanecí en el baño con diarrea. No pude desayunar. Casi no logro subir a la sabana, pero cuando sentí duro el estómago empecé a comer como echándole gasolina a un carro y pude sostener el liderato”, narra Cochise, escarbando en su memoria los secretos de sus victorias.

La Vuelta a Colombia en bicicleta cambió de dueños, llegó la era de Rafael Antonio Niño y los boyacenses, pero antes de empezar a bordar su tejido dorado en las pistas del mundo, Cochise guardó su propio inventario de lo que fue la justa nacional: “El que nunca ganó la Vuelta y tuvo méritos para hacerlo fue Carlitos Montoya, el del Valle. Gran amigo y colega porque no había roces con nadie. Ramón Hoyos y Rafael Niño me ganaron en Vueltas a Colombia, pero yo quedé con el récord de etapas ganadas: 39”.

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Luego llegó la consagración internacional. Atrás quedaron los tiempos del equipo Caribú, los títulos de la Vuelta al Táchira o el aliciente del rendimiento físico con una buena aguapanela, para empezar su derrotero triunfal en los óvalos. Campeón suramericano, bolivariano, panamericano, rey indiscutible en los 4.000 metros persecución individual, hasta que vino el día en que Colombia deliró con su récord mundial de la hora para aficionados en el velódromo Agustín Melgar, en Ciudad de México, el recordado 7 de octubre de 1970.

“Fue una prueba muy dura. Yo me estaba cayendo. Pero sorpresivamente unos niños empezaron a animarme y ese aliento me inyectó fuerzas para dejar la marca en 47.566,24 kilómetros. Lo recuerdo con especial alegría y mucho dolor. Duré una semana fregado de las nalgas. Pero volví a Colombia y me recibió hasta el presidente Misael Pastrana”, hace memoria Cochise, y después refiere que al año siguiente redondeó la faena cuando alcanzó el campeonato mundial de los 4.000 metros persecución individual en Varese (Italia).

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Todo iba bien en su carrera y sólo le faltaba la presea olímpica. Además había llegado a su vida la elegida: María Cristina Correa, a quien conoció en el velódromo de Medellín, cuando ella acompañaba a un amigo ciclista. “Ahí empezamos el cuchicheo”, dice Cochise, quien le propuso matrimonio durante los Panamericanos de Cali. Pero como meses después sentenció él mismo: “En Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer”, sorpresivamente su compatriota Édgar Senior lo privó de alcanzar el podio en Múnich 1972.

“Tan inocente fui como chivo expiatorio. Me invitaron a presenciar el récord de la hora profesional en México y no vi problema en ponerme una camiseta con publicidad que me regalaron. Igual a como exhibía en Colombia la de Caribú. Pero me tomaron una foto y un señor barranquillero la publicó diciendo que yo no podía estar en los Olímpicos porque era profesional. Era el favorito y me quedó una frustración, pero, igual, la vida te da y te quita, terminé siendo el primer colombiano en disputar el Tour de Francia y el Giro de Italia”.

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Fue un momento de tristeza al que Cochise poco tiempo le da en recuerdos. “Sólo sé que al señor que me denunció nunca lo quiso el país, y a mí tampoco me dieron ganas de conocerlo”. A los 29 años, ya era un poco tarde para triunfar en Europa como profesional, pero se dio el gusto de ganar dos clásicas y dos etapas, y de seguir corriendo hasta 1980. “Ese año me di cuenta de que el cuerpito ya no aguantaba tanto, que ya tenía 38 años y no podía andar por ahí payaseando o haciendo el ridículo”. Entonces comenzó para él un retiro de gratitudes.

Al tiempo que comenzó a abrirse paso como relacionista público de varios grupos editoriales, y con su esposa alcanzó a montar un almacén de ropa deportiva, sus hazañas en el ciclismo fueron recobrando su tiempo. Fue entrenador de varios equipos, asesoró a la Federación de Ciclismo, ofició como agregado cultural a instancias del gobierno de Belisario Betancur, la ONU lo nombró embajador honorario para promocionar el medio ambiente y empezaron a llamarlo para que dictara conferencias sobre motivación en empresas y colegios.

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El nombre de Cochise nunca pasó de moda. Siguió trepando por la vida sin negarle un autógrafo a nadie, lo siguieron invitando a cuanta ceremonia se hizo para rendir homenaje a los ejemplos del país, pero él continuó siendo el mismo ‘parcero’ de siempre, aunque estuviera al lado de Juan Manuel Fangio, Pelé, Carlos Monzón o Nicki Lauda en el pasado, o en los últimos tiempos con su coterráneo Álvaro Uribe Vélez o el mismísimo presidente Juan Manuel Santos, por cuyo conducto hoy trabaja con Coldeportes, liderando el programa Supérate.

Cero lagarto, puro carisma. Él persiste en lo suyo: pedaleando y dándose gusto. Aún se lo ve en su bicicleta por el barrio Alameda; no cancela su licencia de piloto privado de avión ni cesa en sus horas de aficionado al aeromodelismo; es de tiempo completo para sus hijos y sus nietos, y por supuesto para María Cristina, con quien lleva 41 años de casado. Vive agradecido con todos, y cuando le preguntan qué le queda por hacer, recuerda que su mamá murió a los 96 años, y que después de haber sido buen marido, buen padre y buen hijo, por ahora es suficiente saber que su nueva cédula dice que su nombre completo es: Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez.

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