No se guarda nada. Nunca lo hizo. Por eso habla de frente y sin rodeos. Y aunque eso muchas veces le ha causado problemas, está seguro de que no lo va a cambiar. Su nombre es Óscar Albeiro Figueroa Mosquera y su próxima misión es ganar una medalla olímpica.
Claro, será una tarea complicada, especialmente para un hombre que se ha hecho a pulso, sin recursos diferentes a su físico privilegiado y sus ganas de salir adelante.
De niño vivió en Zaragoza (Antioquia), pero desde los nueve años se trasladó con su mamá, Erlinda Mosquera, a Cartago, en donde comenzó a practicar las pesas para coger musculatura. Después se dio cuenta de que tenía buenas condiciones y decidió seguir entrenando, aunque su mamá asegura que “como era peleadorcito y a veces le daban duro, se puso a levantar aparatos para poder defenderse, pero vio en ese deporte una opción de vida y la siguió”.
Y aunque compite por el Valle del Cauca, tierra con la que vive agradecido, Óscar no olvida sus raíces. “Yo nací en Antioquia y mis padres son chocoanos, así que me siento un colombiano muy representativo”, argumenta el pesista nacido el 27 de abril de 1983 y conocido en el ámbito deportivo por sus títulos suramericanos, bolivarianos y hasta en mundiales juveniles, pero también porque es uno de los voceros de los atletas a la hora de pelear con los dirigentes por premios, viáticos y ayudas.
“Es que aunque eso ha cambiado bastante, acá el que menos importa es el atleta. Uno, mal que bien, tiene un patrocinio importante del Gobierno y del departamento del Valle, pero tuvo que ganar algo grande primero para lograrlo y no todo el mundo tiene esa misma suerte”, agrega el deportista, que mañana, en la categoría de los 62 kilogramos, luchará contra el vallecaucano Diego Salazar por una medalla olímpica, aquí en Pekín.
“No siento que él sea mi competencia o yo la suya. En este deporte uno es quien debe superarse, no a los demás. Creo que ambos tenemos buenas opciones de medalla y que la hemos trabajado con responsabilidad desde hace muchos años”, dice con la madurez que le ha dado la lucha por subsistir, pues desde pequeño ha ayudado en su hogar.
Con respecto a su preparación para los Olímpicos, Óscar explica que el plan se ha cumplido al pie de la letra y eso explica por qué seis hombres y cuatro mujeres lograron cupo a los Juegos en los mundiales de República Dominicana 2006 y Tailandia 2007. “Será que ahora nos toca a nosotros, porque ellas han ganado medallas en dos Olimpiadas seguidas y nosotros nada”.
Óscar es un hombre juicioso, serio y dedicado a su profesión, por lo que sabe que le esperan cosas buenas en el futuro. “Ojalá llegue una medalla, eso sería lindo y me cambiaría totalmente la vida”, confiesa con nostalgia, pues aunque el deporte le ha brindado muchas satisfacciones y le ha permitido conocer muchos países, económicamente no le ha representado lo que él cree que se merece.
“En Colombia todavía falta mucha cultura deportiva. No puede ser que se le dé más despliegue y ayuda al fútbol que a los demás deportes, muchos de ellos, no sólo el levantamiento de pesas, evidentemente más rendidores que el balompié”, señala con algo de enojo, pero también con resignación, pues por experiencia sabe que en nuestro país “primero hay que dar resultados y después pedir el apoyo, todo lo contrario a lo que debería ser”.
En la concentración que tuvo la selección nacional de pesas, en Bulgaria, Óscar sufrió una lesión en su muñeca derecha que lo obligó a cambiar los planes de preparación. Aún así cree que tiene la fuerza y la mentalidad para salir adelante y pelear un lugar en el podio. Es un rebelde con causa que nunca se da por vencido antes de tiempo.