El cuerpo de Pedro Causil define su personalidad. En su brazo derecho se lee el nombre de su madre Olga Lucía en letras de láser y lengua árabe. En la espalda, cubierta siempre por una lycra, dice tener estampado su apellido paterno. Tiempo antes se había tatuado en su tobillo derecho una P, y en su izquierdo una C en caracteres japoneses. Y en la muñeca derecha cuelga una pulsera con un mensaje tallado sobre el metal: “campeón mundial”. Cartagenero de nacimiento, sanandresano por adopción, paisa por elección y colombiano de vocación, este atleta de 21 años es de los más curtidos patinadores de la selección Colombia, que está arrasando en el Mundial de Italia con nueve medallas de oro en dos jornadas. En la de ayer, Causil ganó la de plata en 500 metros y el sábado había logrado el oro en los 300 metros contrarreloj.
“Este es mi mundial número seis: creo que cada vez voy alcanzando una madurez deportiva más grande. Este año, a pesar de que sufrí una lesión en el aductor, me he sentido muy bien y lo más importante es que lo estoy demostrando en la pista”, dice Causil, quien vive en el barrio Belén Alameda en Medellín, pero entrena en Envigado.
Es el menor y único varón de su familia. Aprendió el equilibrio sobre ruedas en un parqueadero público de San Andrés ante la falta de escenarios en la isla. Y hace nueve años vive en Medellín, pero en Italia —dice— representa a su familia y a Colombia.
“Lo único en lo que pensamos es en revalidar el título que conseguimos hace un año en Corea del Sur. Estamos enfocados en eso y la mente es la fuerza. El equipo lo veo muy bien compaginado, nos conocemos hace tiempo y todos tenemos las miras puestas en volver a ser campeones”, dice Causil, el costeño con acento paisa, el del liderazgo dentro de su equipo.
Además, su reputación de comediante y burletero en la selección de 23 patinadores que dirige Elías del Valle, no es infundada. “El más chistoso es él. En las reuniones no falta un chiste suyo. Pero además es un gran líder, por su experiencia y temperamento. Te corrige y te aconseja”, dice Aaron Molina, del equipo juvenil de fondo, quien no viajó a Italia por una fractura en dos vértebras.
“Sí, tal vez soy más extrovertido. Es bueno mantener la alegría y olvidarnos de esa presión que hay en los mundiales”, asegura Causil, quien en los hoteles se dedica a jugar Play Station 3 y a escuchar música de Wiz Khalifa.
Consecuencia del ambiente —y del talento, claro— ha sido el buen inicio de Colombia en las primeras dos jornada al conseguir nueve medallas de oro, tres de plata y dos de bronce. Natalia Giraldo, Boris Peña, Andrés Felipe Muñoz, Magda Garcés y Andrés Jiménez fueron los que ganaron preseas doradas ayer.
“Estamos dándola toda así, como lo hicieron Carlos Mario Oquendo, Mariana Pajón y el resto de medallistas en los olímpicos de Londres. Estamos dejando el alma en la pista y por eso arrancamos de buena forma acá en Italia”, dice el cartagenero, apático ante las cábalas pero creyente de la música como motivación antes de correr.
“Por estos días nos motiva mucho Good feeling de Flo Rida. Pero cada uno tiene su cábala. Hay unos que se ponen las medias de siempre, que usan una lycra vieja, se ponen primero el patín derecho o el izquierdo como agüero. Pero lo más importante es estar concentrado”, apunta Causil, quien sueña en que el Comité Internacional reconozca algún día el patinaje como deporte olímpico.
“Hasta que pase eso trataremos de seguir disfrutando. Porque tenemos mundiales cada año. De nada sirve sentir envidia de los que sí pueden asistir a las justas y por eso me sentí orgulloso de las ocho medallas que consiguieron nuestros compañeros en Londres. Espero que algún día podamos también hacerlo”.
Mientras tanto, el objetivo es ganar el tercer título consecutivo y el décimo en total.