La paciencia no era propiamente la mejor consejera de Miguel Calero, pero cuando le dijeron que era su vida o seguir debajo de los palos, tuvo que detenerse y esperar que la salud decidiera el destino de una carrera en la que los triunfos siempre la alimentaron, tal vez suficientes para colgar los guantes, pero el arquero no quiso irse por la puerta de atrás o, algo peor, por la de urgencias…
Una trombosis venosa en el hombro izquierdo amenazó seriamente la vida del vallecaucano poco más de un año atrás y lo sacó del arco para enviarlo a un hospital. Luego vendría la recuperación y, para fortuna suya, la espera fue compartida porque aparte del apoyo familiar, incondicional como siempre, encontró el respaldo del Pachuca, que se quedaba sin su líder, pero no quería perder para siempre a uno de sus máximos ídolos.
Tanto tiempo al lado de los suyos, el mismo que nunca les sobra a los futbolistas, lo llevó a echarle un vistazo a su carrera y de paso poner en la balanza la opción de unos años más vestido de cortos o seguir disfrutando de la compañía de su esposa e hijos.
Por primera vez, contemplaba la opción de no volver a las canchas, aunque al final decidió regresar para simplemente despedirse como quería y debía. “Estuve muy enfermo, siento que en cierta forma volví a vivir, porque mi problema casi me cuesta la vida, entonces había que parar un momento o de pronto había que hacerlo para siempre”, recuerda Calero con cierta nostalgia, porque ese dilema le desveló muchas noches.
Y la respuesta definitiva la encontró en un amanecer cuando se levantó sin pereza de su cama y fue en busca de la indumentaria para irse de nuevo a entrenar. El riesgo había desaparecido, las dudas también, pero de todas formas, antes que la misma decisión, el deseo de Miguel era uno solo: “Si me llega a pasar algo, que sea en un terreno de juego y si es debajo del arco, mucho mejor”.
En principio, iba hasta diciembre para completar ocho temporadas con los ‘Tuzos’, pero al sentirse “como nuevo y tener las ganas intactas de seguir jugando por mucho tiempo más”, extendió su vínculo contractual hasta 2012 y fue él quien le puso límite, porque si de Jesús Martínez, presidente del Pachucha, hubiese dependido, habría dejado la fecha en blanco.
Faltaba una sorpresa más…
En el fútbol, las prórrogas de contrato son comunes, pero no para un futbolista que a los 37 años pensaba en tapar hasta cuando quisiera y nada más. Tal vez por eso le causó mayor sorpresa “lo de la selección, porque en realidad estaba resignado en ese tema, aunque muy en el fondo de mi corazón aguardaba una pequeña esperanza de volver, porque igual uno siempre ha sido de la selección y eso evitó que la fe se perdiera del todo”.
Eduardo Lara se encargó de devolvérsela por completo cuando le llamó a comienzos de octubre y al otro lado de la línea encontró “la felicidad de un jugador que no parecía tener muchos partidos encima sino que disfrutaba como un muchacho de la convocatoria, era como si fuese la primera, entonces eso me comprobó que contaba con alguien muy valioso para el grupo”.
Aparte del asombro y la satisfacción, Miguel no experimentó mayores sensaciones, ya que “en cuanto a ilusión y compromiso, no hay nada diferente, porque defender la bandera de tu país es un orgullo inigualable”.
Pero una vez aterrizó en Medellín y recibió el buzo número 12, sintió que “ahora se respira un ambiente mejor por la calidad de trabajo y el buen entorno que nos rodea, pero está claro que todo esto se debe reflejar también en la cancha”.
No sería la única diferencia para él, porque respecto a su anterior llamado que se remontaba a la Copa América de Venezuela 2007, esta vez llegó como alternativa y no dueño del arco tricolor, así la simple experiencia lo dejara en igualdad de condiciones para competirle a Julio, titular en la presente eliminatoria.
“En este momento el turno es de Agustín, entonces eso hay que respetarlo y también apoyarlo para que ojalá le siga yendo bien”. Además de aceptarlo y así evitarle una situación incómoda al nuevo seleccionador nacional, Calero prometió que en su regreso venía “a trabajar, a divertirme, a alimentarme y seguir viviendo para que la ilusión de volver a un Mundial siga vigente”.
También acepta que “por algo se empieza, este es otro capítulo de mi carrera deportiva y debo tener cabeza fría para asimilarlo”. Y madurez le sobra para hacerlo, al punto que confiesa sin temor alguno: “Lo que sí tengo seguro es que voy a terminar siendo el portero titular de la selección, no sé cuándo, pero seré otra vez el dueño del arco nacional, de eso no me cabe la menor duda”.
No descansará hasta lograrlo, porque así se lo prometió a Miguel, su hijo mayor, el cual “se puso más contento que yo, porque siempre me decía que todavía tenía atajadas para darle a la selección”. Reacción contraria encontró en su señora y por obvias razones… “A ella sí no le llamó mucho la atención, porque ya estaba acostumbrada a que le dedicara más tiempo, lo mismo que al menor, pero en definitiva se alegraron como colombianos que haya regresado”.
Ahora que el sacrificio de separarse otra vez de ellos es por justa causa, Calero quiere también despedirse de los palos tricolores con el uno a su espalda. Será cuestión de tiempo entonces y como él le enseñó a saber esperar, anhela que la paciencia de hoy pueda ser la satisfacción del mañana.
Solidaridad de género que llaman
El infortunio de Agustín Julio el sábado anterior le dejaba abiertas de par en par las puertas del arco tricolor, pero Miguel Calero fue el primero en aplaudir la decisión de Eduardo Lara de brindarle continuidad al cartagenero para el partido de mañana en Río de Janeiro.
Primero porque considera que “a él le debemos buena parte de los puntos que tenemos en la eliminatoria, así que si de méritos se trata, le sobran para tapar”, y por lo tanto, “lo que le ocurrió contra Paraguay no puede impedírselo, ya que eso me pudo pasar a mí o a cualquier arquero”.
De hecho, recordó que se sintió igual o peor que Agustín apenas unos meses atrás, cuando “recibí las goleadas de Paraguay y Argentina en Copa América, pero me levanté y acá estoy. Por eso así se lo dije a él, lo de Paraguay ya es pasado y la revancha puede ser ante un grande y en el Maracaná”.
Seguirá dando una ‘manito’
Si bien la palabra retiro no ronda de nuevo a Calero, el Uno ya tiene claro lo que va a hacer después de despedirse de las canchas e incluso dónde.
Son muchos los planes, pero dos prioridades fundamentalmente: “Quiero tener mi escuela de arqueros y también la marca propia de guantes, porque deseo devolverle al fútbol algo de lo mucho que me ha dado”. Y para hacerlo de la mejor forma posible, se viene preparando en la Universidad del Fútbol en Pachuca.
En la actualidad, alterna las prácticas con los estudios de administración deportiva y mercadotecnia, aprovechando “la facilidad que el club y las instalaciones te brindan, ya que todo está en el mismo lugar y es cuestión de organizarse; querer es poder como dicen por ahí”.
Y si de deseos se trata, espera desarrollarlos en la ciudad del estado de Hidalgo, porque “ya son varios años allí, mi familia está muy cómoda y sería lindo realizarte en un lugar al que llegué siendo un extranjero y hoy me hacen sentir como un mexicano más”.