Paradoja del destino, a este gigante de 1,92 metros le dicen Chiquito. Y aunque no tiene nada de pequeño, Sergio Romero reduce su arco a la mínima expresión. Justo en este Mundial en el que se habla tanto de la polémica Jabulani, esa escurridiza pelota de Adidas, el golero argentino tiene la responsabilidad de cuidar un arco con mucha historia. Y son las manos sagradas de este número uno, que eligió utilizar el dorsal 22, en las que confían Diego Maradona y 40 millones de argentinos. Al mediodía de Sudáfrica, las 6:30 de la noche en Colombia, deberá cuidar el cero ante Corea del Sur, en el segundo compromiso de la selección albiceleste.
Hace frío en la capital administrativa de este país. Mucho. Sobre todo en el High Perfomance Centre, el búnker elegido por el equipo argentino. Estira su cuerpo Romero y sus pelo largo hace más estético el vuelo, siempre supervisado por Gustavo Piñero, ese sólido entrenador de arqueros. Termina la rutina y Chiquito se dispone a la charla con El Espectador. Habla del Mundial, de los consejos que le dio Ubaldo Matildo Fillol, campeón en 1978 y de su vida en Holanda, al lado de su esposa, la vedette Eliana Güercio y la hija de ambos, Jazmín, una bebé de apenas tres meses.
“Hablo todo el día con ella por la computadora. Las extraño mucho. Estoy pendiente del crecimiento de mi bebé. Gracias a Dios existe internet”, cuenta con una sonrisa que necesita un babero extra large este misionero de Bernardo de Irigoyen, una localidad del norte de Argentina.
¿Cómo está viviendo el Mundial?
Como una experiencia sensacional. Lo que uno ilusiona cuando empieza este camino para ser jugador de fútbol es jugar un Mundial. Por eso me siento un privilegiado. Estar entre 23 jugadores y tener la chance de jugar es único, cumplí el sueño de pibe.
¿Ha pensado que experimentados arqueros han pasado por el arco de Argentina y usted tiene este chance a los 23 años?
Lo sé, tengo una posibilidad delante mío que es muy grande. La quiero disfrutar al máximo. Tuve la suerte de que uno de los mejores me entrenara. Al Pato Fillol lo tuve como técnico en Racing y, después, en la selección.
¿Qué consejos le dio?
Me llamó antes del debut. Hablé, me apoyó, me dijo que lo importante de un arquero siempre es la tranquilidad y que cuando uno piensa que es el mejor, siempre van a salir las cosas bien.
El más joven
Romero fue campeón mundial Sub-20 hace tres años, en Canadá. Entonces, la lesión de Óscar Ustari le permitió mostrar todos sus reflejos. Ya había mostrado sus condiciones en Racing. Cinco partidos bastaron para que el AZ Almaar de Holanda comprara su pase en US$1’800.000. En los Países Bajos también dio la vuelta olímpica y estableció un récord de 957 minutos invicto. Maradona le dio la confianza después de probar con Juan Pablo Carrizo, del Zaragoza, y Mariano Andújar, del Catania. Y nunca más dejó el arco. Es el golero más joven que atajó en un Mundial para la albiceleste, prestigio que comparte con Héctor Freschi, quien tapó en Italia 34.
¿Cuánto tuvo que ver la personalidad que mostró ante Paraguay, después de que Diego le dejó el arco tras la derrota ante Brasil?
Me sirvieron mucho esos partidos. Porque a uno le da experiencia atajar. Ya sea en la selección o en el club. Porque va tomando ritmo y confianza. Pero fue vital que Diego me diera la posibilidad de jugar. Y al responderle, eso me afianzó.
¿Imagina que tendrá que transpirar mucho este jueves en el partido ante Corea?
Ojalá que no. Si no tengo trabajo, significará que la defensa va a estar extraordinaria. Y eso es lo que esperamos, que los coreanos no nos compliquen.
Lejos estuvo de ser extraordinaria la defensa ante Nigeria…
Tuvimos algunos problemas, sobre todo por la derecha. Pero ya estuvimos trabajando para corregir los errores. Sabemos que un Mundial no te suele dar un margen de error, que no podemos equivocarnos. Pero los defensores argentinos tienen jerarquía.
¿Prefiere jugar con tres o cuatro defensores?
Pretendo que la pelota esté lo más lejos posible del área. En Holanda me acostumbré a jugar con dos centrales y dos carrileros que se van todos al ataque. Si Diego pone cinco centrales, me saco los guantes y me pongo a tomar mate. Pero soy consciente de que somos un equipo grande y tenemos que arriesgar.
¿Qué es lo que más les preocupa de Corea?
Son duros, rápidos y tienen buenos jugadores. Conozco a Park Ji-Sung, el que juega en el Manchester. Es habilidoso, lo mostró en el partido con Grecia. Vamos a tener que cuidarnos de él.
Hay expectativa en Argentina y varios países de Suramérica, como el caso de Colombia, en los que tienen hinchas. ¿Cree que podrán cumplir con las exigencias?
Creo que sí, el grupo está bárbaro, está unido, con fuerzas, con muchas ganas de jugar y ganar. Va a demostrar lo que la gente esperaba en las eliminatorias y no se le pudo dar. Ya lo dejamos claro en el primer partido.