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A estudiar en el taladro escuela

El objetivo es reducir los accidentes provocados en la industria petrolera.

20 de agosto de 2012 - 04:00 p. m.
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Juan de Jesús, un baquiano de la llanura metense de Puerto Gaitán que hace unos años montaba su caballo a pelo y a pie limpio, arreando cientos de cabezas de ganado entre los ríos Manacacías y Meta, de la noche a la mañana oyó que a la zona había llegado una empresa a buscar petróleo y que necesitaba trabajadores conocedores de las costumbres locales.

Sin pensarlo dos veces descolgó de la puntilla de acero el sombrero ‘pelo e guama’ y se vistió con la pinta de ir al pueblo los domingos.

Al despedirse de su mujer, en pleno lunes, sintió que en un abrir y cerrar de ojos había pasado una semana y era de nuevo domingo, por la indumentaria que llevaba puesta, pero solo había pasado un día.

Salió de su casa y a pie empezó la marcha hacia la malla que se atravesaba en la llanura, para atender el llamado del petróleo.

Él no sabía más que arrear vacas, ordeñar y sembrar una que otra matica de comida y, eso sí, tomar guarapo.

“Siga, patrón”, fue la invitación que le hizo un señor de cachetes colorados que botaba sudor a chorros. Después de una conversación de 10 minutos en un cajón metálico, sintió el apretón de manos y escuchó: “está usted contratado, bienvenido al campo petrolero”.

El único campo que él conocía era el de las vacas y caballos, y de regreso a su casa vio en medio de la llanura cajones metálicos, de distintos colores, con quién sabe qué cosas adentro, con las que tendría que lidiar en su nueva labor.

Días después, Juan de Jesús arrancó su trabajo en la ‘petrolera’, como se nombraba a esta empresa en el pueblo, ayudando a instalar un montón de varillas que armaban con tornillos y más tornillos, y que terminaron en una torre que señalaba hacia el cielo y que en la mitad tenía un agujero por el que introducían una barra metálica del grueso de un árbol para chuzar la tierra en busca de petróleo, al que también llaman crudo.

Esta tarea cada día se intensificaba más y terminó ayudando a sostener unos tubos pesados que se unían y desaparecían por debajo del piso de la torre. Esta era una tarea de perforación, en la cual estuvo como cuñero y luego avanzó a encuellador, pero un accidente lo sacó del trabajo en el que llevaba más de cuatro años, cuando se enfilaba a ser supervisor de perforación.

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Esta historia de Jesús Antonio llegó a oídos de los prestadores de servicios petroleros agremiados en Campetrol, quienes ya habían analizado y discutido el tema de la inseguridad en la operación de campo y una posible solución.

Se trata de accidentes más frecuentes de lo que se cree, sin importar el tamaño de la compañía que realiza la perforación, y esto obedece a la falta de capacitación o a la confianza en la manipulación de pesadas piezas. El año pasado fueron 727 y en lo que va corrido de este año suman 562.

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Para tratar de frenar esta situación, nació hace varios años la idea de instalar un taladro escuela en el país. La iniciativa surgió del presidente de Campetrol, donde se le dio luz verde tras una reunión de empresarios donde se discutió.

Sin embargo, lo que parecía más difícil, la financiación, se logró muy rápido, pero el desarrollo del proyecto avanzó más lento, a tal punto que en los congresos petroleros nunca se volvió a tocar el tema, hasta que estuviera listo.

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Y eso es lo que ocurrirá el próximo 14 de septiembre en Cartagena durante el evento Face to Face, que realizará la Asociación para la Seguridad de Perforación en Latinoamérica (LADS por su sigla en inglés).

Son 38 empresas grandes, medianas y pequeñas las que están inmersas en este proceso, que buscará capacitar a unas 7.000 personas, que son las que requerirá la industria en los próximos años, ante el dinamismo del sector.

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Carlos Vargas, presidente de LADS, quien también es el vicepresidente de perforación, terminación e intervención de Equión, lidera el proceso del taladro escuela, que estará ubicado en las tres hectáreas que donó el Sena en su sede de El Hachón en Villavicencio.

El taladro será adquirido mediante un sistema de licitación y el ganador se anunciará en Cartagena. El costo está entre US$4 y US$5 millones y el resto, hasta llegar a los US$7 millones, se destinará a la instalación, la perforación del pozo y adecuación del resto del centro de capacitación.

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El programa de taladro escuela será una realidad gracias a la unión de las empresas petroleras. Inicialmente los expertos de las compañías serán los encargados de capacitar a los empleados y a personas que quieren ingresar al sector petrolero. Luego serán los instructores del Sena los encargados de esta tarea.

 

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