Ana María García fundó la marca de cosméticos que lleva su nombre desde hace 60 años. La empresa nació de forma orgánica, por decirlo de alguna forma, y quizá con algo de vanidad. García entendió que el cuidado de la piel era importante y con esta idea en mente comenzó a fabricar en casa sus propias cremas con recetas naturales que incluían ingredientes como la fresa, el pepino o la avena. Algunas de esas fórmulas siguen vigentes hoy, pero con cambios y mejoras.
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Después de experimentar en casa, García comenzó a recomendarlas a su grupo de amigas.
Las recetas funcionaron tan bien, que impulsaron un voz a voz que ayudó a difundir lo que García estaba haciendo. Así que ella, quien estudió cosmetología, y con ayuda de su esposo, el médico homeópata Manuel Cuevas Caicedo, decidió lanzar en 1959 un centro de belleza en Chapinero, Bogotá. Ese mismo año, las mujeres votaron por primera vez en el país.
Primer logo de la marca
A través de este centro comenzaron a atender al público. García se encargaba de realizar asesorías personalizadas dependiendo del tipo de piel y las necesidades de la consumidora. En 1983, ingresaron a la distribución a través de almacenes de cadena, lo que permitió que el producto se conociera a nivel nacional. En la actualidad, los cosméticos Ana María se comercializan en 650 municipios en todo el país, la empresa tiene 2.000 clientes activos, 250 empleados y cuenta con distribución en cuatro canales.
Ana María García murió en 2009, a los 93 años. Desde entonces, la junta directiva de la compañía está integrada por personas de la famiia. Actualmente, el gerente general es Carlos Villa.
García comenzó con cinco productos que preparaba en el centro de belleza. Pero el crecimiento de la marca trajo necesidades de expansión, por lo que fue abierta una planta de fabricación en Teusaquillo, Bogotá. En 2013, la fábrica fue trasladada a la zona industrial de la ciudad a una instalación más grande, en donde está actualmente. La compañía comenzó con cinco productos y ahora tienen más de 120 referencias.
La marca maneja dos líneas básicas: cuidado facial y la línea de maquillaje, en la que se cuentan los polvos compactos de arroz, el producto icónico de la compañía.
“Contamos con los registros legales y en los últimos años los hemos cambiado y enviado a estudios para certificar que son hipoalergénicos y dermatológicamente probados. Han pasado los estudios, uno de esos es el polvo compacto”, contó Lina María Silva, directora comercial.
Tras 60 años en el mercado, la marca comenzó a exportar a Chile este año y para el segundo semestre de 2020 espera llegar a Perú y Ecuador. “Estamos homologando registros y explorando el mercado para llegarle al consumidor. Invertimos un millón de dólares para el proyecto de exportación”, dijo Silva.
La empresa cuenta con ocho puntos propios ubicados en centros comerciales en los que brindan asesoría al cliente. Siete de estos se encuentran en Bogotá y uno en el municipio de Chía. Al año, lanzan entre cinco y seis productos nuevos. El departamento de innovación de la compañía se encuentra trabajando en estrategias para llegarles a nuevos usuarios, entre ellos a personas jóvenes a través de publicidad y contenido en Facebook, Instagram y YouTube. Además, se están apoyando en influenciadores de maquillaje.
De acuerdo con la Cámara de la Industria Cosmética y de Aseo, de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), el tamaño de este mercado en el país generó US$5.687 millones en 2018. Específicamente, en el mercado de belleza y cuidado personal en Latinoamérica, Colombia ocupó el año pasado el cuarto lugar con US$3.422 millones. En cuanto a la participación por producto en la subcategoría de cosméticos en el país el año pasado, el maquillaje generó US$382,2 millones.
Las ventas de la compañía durante 2018 ascendieron a los $20.000 millones. En lo corrido del año, los productos de cuidado facial han crecido un 25 % y en Kaloe, una línea de productos básicos, vienen creciendo un 45 %.
“Ana María era una mujer emprendedora en una época difícil para las mujeres. Ella tomó las riendas de un negocio. Para los que trabajamos en la empresa es un ejemplo de empoderamiento”, agregó Silva.
En cuanto a lo que viene para la compañía familiar, le están apostando a la transformación digital, nuevos mercados y trabajan constantemente con activos como la caléndula, que, según Silva, tiene propiedades cicatrizantes. “Estamos revisando la posibilidad de ingresar otros activos naturales y no descartamos la posibilidad de tener productos con propiedades del cannabis. Sin embargo, depende de las regulaciones y es un proyecto a mediano plazo”, puntualizó.