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Análisis: La gran criptoestafa

El mundo de las criptomonedas se convirtió en un casino desregulado donde abundan prácticas delictivas sin ningún control, dice este profesor de NYU. A través del ejemplo de BitMEX muestra por qué es tan importante regular este mercado.

25 de julio de 2019 - 06:34 p. m.
Así se anunció el debate de Nouriel Roubini con el CEO de BitMex. / Imagen promocional
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Todos los países civilizados regulan estrictamente el sistema financiero, y por buenos motivos. Al fin y al cabo, la crisis financiera global de 2008 fue en gran medida resultado de la desregulación. Corruptos, delincuentes y estafadores habrá siempre, y si no se protege de sus actividades a los inversores, ningún sistema financiero puede funcionar adecuadamente.

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Por eso hay regulaciones que mandan que los instrumentos financieros estén registrados; que las actividades de manejo de dinero se realicen con licencia; que se cumplan normas antilavado y de “conocimiento del cliente” como parte de las medidas de control de capitales (para prevenir la evasión fiscal y otros flujos financieros ilícitos); y que las entidades gestoras de fondos antepongan el interés de sus clientes. Son leyes y regulaciones que protegen a los inversores y a la sociedad, de modo que los costos que supone su cumplimiento son razonables y adecuados.

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Pero hay actividades financieras que escapan al régimen regulatorio actual. Todos los días se lanzan y negocian criptomonedas fuera del ámbito de la supervisión financiera oficial y publicitando la ausencia de costos de cumplimiento normativo como un factor de eficiencia. Como resultado, el mundo de las criptomonedas se convirtió en un casino desregulado donde abundan prácticas delictivas sin ningún control.

No es una mera conjetura. Es posible que algunos de los grandes actores del mundo de las criptomonedas estén implicados abiertamente en una ilegalidad sistemática. Tomemos por ejemplo BitMEX, un mercado no regulado de criptoderivados, valorado en un billón de dólares, con domicilio en las islas Seychelles pero activo en todo el mundo. Su director ejecutivo, Arthur Hayes, se jactó de que el modelo de negocios de BitMEX implica la venta de criptoderivados con un ratio de apalancamiento de 100 a uno a “apostadores empedernidos” (es decir, inversores minoristas despistados).

Aclaremos que con un apalancamiento de 100 a uno, incluso un 1% de variación en el precio de los activos subyacentes puede generar un pedido de reposición de margen que dejará al inversor sin un centavo. Peor aún, BitMEX cobra altas comisiones por cada compra o venta de sus tóxicos instrumentos, y encima se queda con otra tajada llevándose dinero de los clientes hacia un “fondo de liquidación” de un volumen probablemente muy superior a lo necesario para evitar el riesgo de contraparte. No extraña que según una investigación independiente, las operaciones de liquidación tal vez supongan hasta la mitad de los ingresos de BitMEX.

Gente con acceso privilegiado a BitMEX también me contó que terroristas y otros delincuentes de Rusia, Irán y otros lugares usan a diario el sitio para actividades de lavado de dinero a gran escala; BitMEX no hace nada para impedirlo, ya que se beneficia con estas transacciones.

Para colmo, BitMEX también tiene una mesa de transacciones interna (supuestamente con fines de “creación de mercado”) a la que se acusa de aprovechar el acceso a información privilegiada para operar en contra de sus propios clientes. Hayes lo niega, pero como BitMEX está totalmente desregulada, no hay auditorías independientes de sus cuentas y por tanto, ningún modo de saber lo que sucede detrás de escena.

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En cualquier caso, no sabemos si BitMEX elude las normas antilavado y de “conocimiento del cliente”. El sitio dice que no trabaja con inversores estadounidenses o británicos sujetos a esas normas, pero su método para “verificar” la ciudadanía de los usuarios es mediante la dirección IP, fácilmente enmascarable con una aplicación VPN estándar. Esta falta de debida diligencia constituye una violación descarada de leyes y regulaciones financieras. Hayes incluso desafió abiertamente a quien quiera demandarlo a que lo haga (en las desreguladas Seychelles), sabiendo que opera en los márgenes de leyes y regulaciones.

A principios de este mes, debatí con Hayes en Taipei y expuse sus actividades fraudulentas. Pero no sabía que él había comprado a los organizadores del evento los derechos exclusivos del video, y se negó durante una semana a publicarlo completo; en cambio, publicó “momentos destacados” elegidos por él para dar la impresión de que ganó el debate. Aunque era esperable tratándose de criptoestafadores, resulta irónico que alguien que dice representar a la “resistencia” contra la censura se convierta en el príncipe de los censores cuando alguien revela su estafa. Finalmente, tras las críticas públicas de sus propios partidarios, tuvo que ceder y publicó el video:

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El mismo día de nuestro debate, la Autoridad de Conducta Financiera del Reino Unido propuso la prohibición total de la venta minorista de criptoderivados de alto riesgo. Pero sin una respuesta concertada de las autoridades, sus emisores seguirán seduciendo y estafando a inversores minoristas. En los mercados de criptomonedas abundan las prácticas de manipulación de precios, por ejemplo: información distorsionada (pump‑and‑dump), compraventa simultánea para generar actividad artificial (wash trading), colocación de órdenes ficticias (spoofing), abuso de información privilegiada, etcétera. Según un estudio, hasta el 95% de todas las transacciones en Bitcoin son falsas, lo que indica que el fraude no es la excepción sino la regla.

Por supuesto, no sorprende que un mercado no regulado se convierta en paraíso de estafadores, delincuentes y vendedores de humo. Los criptoderivados crearon una industria multimilmillonaria, que no sólo incluye los mercados en sí sino también propagandistas disfrazados de periodistas, oportunistas que maquillan sus libros financieros para vender “shitcoin” y lobistas en busca de exenciones regulatorias. Detrás de todo eso hay un nuevo negocio delictivo que dejaría en ridículo a la Cosa Nostra.

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Ya es hora de que los organismos regulatorios de Estados Unidos y otros países intervengan. Hasta ahora, los reguladores estuvieron distraídos mientras el criptocáncer hacía metástasis. Según un estudio, el 80% de las “ofertas iniciales de monedas” en 2017 fueron estafas. Como mínimo, hay que investigar a Hayes y a todos los que manejan fraudes similares desde paraísos fiscales extranjeros, antes de que estafen y arruinen a varios millones más de inversores minoristas. Hasta Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de los Estados Unidos (y nada partidario de la regulación financiera), coincide en que no se puede dejar que las criptomonedas se conviertan en “el equivalente de las cuentas secretas numeradas” que por mucho tiempo fueron la exclusividad de terroristas, mafiosos y otros delincuentes.

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* Director de Roubini Macro Associates y profesor de economía en la Escuela Stern de Administración de Empresas de la Universidad de Nueva York.

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate 1995–2019

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