La noticia se está volviendo paisaje: Donald Trump anuncia aranceles a determinada categoría de producto. Donald Trump amenaza con más aranceles si otros países no hacen lo que quiere. Donald Trump se retracta de la primera medida. Donald Trump se retracta de la segunda decisión, apenas horas después.
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Y en la mitad hay decisiones tan controversiales como complejas para el comercio mundial: nuevos aranceles para el acero y aluminio que entra a Estados Unidos, retaliaciones por parte de Canadá y la Unión Europea contra este país y más amenazas de medidas extra por cuenta de estas respuestas. El saliente primer ministro canadiense resumió todo el escenario al decir que la política comercial era “tonta”.
Pero después de semanas de timonazos para todo lado en el frente comercial, la pregunta que comienza a quedar en el fondo del vaso es qué tanto todo esto puede lesionar, en serio, el crecimiento global. En otras palabras, en qué momento el timón se desprende y el barco queda a la deriva.
Si se toma el comportamiento de los mercados, la cosa puede no pintar tan bien. Después del entusiasmo poselectoral, la Bolsa de Nueva York ha registrado en los últimos días varias correcciones que empantanan la palabra optimismo con términos como “recesión”.
De acuerdo con datos de Bloomberg, la caída de 10 % en el S&P 500 que se ha registrado desde finales de febrero es la séptima baja más rápida en el indicador desde 1929. Que este sea el año de referencia da cuenta de la escala de lo que estamos hablando.
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Las malas señales
Los resultados de la bolsa hay que tomarlos con pinzas, pues al final hay una parte del mercado siempre con apetito de especulación y apostando para que todo pase de castaño a oscuro. Sin embargo, hay otros indicadores que reflejan el cambio en el humor económico, si se quiere, y también señalan hacia un tiempo en donde la música quizá no vaya a parar, pero ciertamente se va a poner más lenta y compleja de seguirle el ritmo.
Los inversionistas estaban atentos a los datos de confianza del consumidor, que fueron revelados el viernes pasado en la mañana. La más reciente medición de este indicador lo ubica en su punto más bajo en los últimos dos años. Así mismo, las expectativas de inflación de los hogares estadounidenses a largo plazo registraron su mayor crecimiento desde 1993.
Según los datos recopilados por la Universidad de Míchigan, organización encargada del sondeo, la confianza de los consumidores bajó de 64,7 en febrero hasta 57,9 para la medición de marzo. Joanne Hsu, directora del estudio, aseguró en declaraciones reportadas por la agencia Bloomberg que “muchos consumidores mencionaron el alto nivel de incertidumbre en torno a las políticas y otros factores económicos; los frecuentes vaivenes de las políticas económicas hacen que sea muy difícil para los consumidores planificar el futuro, independientemente de sus preferencias políticas”.
Hsu añadió que los usuarios, en general, esperan que los aranceles generen una presión alcista sustancial sobre la inflación en el futuro. Las expectativas, dice el reporte, se han deteriorado en varias áreas, incluidas las finanzas personales, el mercado laboral, la inflación, el entorno empresarial y los mercados de valores.
Por otra parte, los precios del oro han registrado máximos históricos, superando los US$3.000 por onza la semana pasada. Este dato es importante, pues el metal es uno de los refugios clásicos para inversionistas a escala global.
Como hay pocas cosas más cobardes que el dinero, las subidas en la cotización del oro suelen ser vistas como señales de turbulencia y miedo en los mercados. En los últimos 25 años, el precio de este metal ha crecido 10 veces, mientras que el del S&P 500 (índice de referencia de la Bolsa de Nueva York) se ha multiplicado por cuatro apenas.
Los aumentos del precio del oro suelen reflejar tensiones económicas y políticas más amplias. El metal superó la marca de los US$1.000 por onza tras la crisis financiera y de US$2.000 durante el covid-19. Los precios cayeron hacia los US$1.600 después de la pandemia, pero volvieron a subir en 2023, impulsados por los bancos centrales, que compraron lingotes para diversificar sus inversiones, ante el temor de que la moneda los hiciera vulnerables a medidas punitivas de Estados Unidos.
A principios de 2024, el mercado volvió a subir, impulsado por compras en China, donde crecía la preocupación por la economía del país. El repunte cobró mayor impulso tras las elecciones de Estados Unidos, a medida que los mercados asimilaban la agresiva política comercial del nuevo gobierno.
El panorama mezclado de inflación
Uno de los principales temores es que el caos comercial introducido por la administración Trump termine por golpear el proceso de estabilización de la inflación en Estados Unidos, que ha costado tiempo y tasas de interés elevadas, luego del pico en la subida de los precios de la pospandemia.
De todas formas, la información del IPC para febrero ofreció un cierto alivio, así como algo de confusión: la medición fue el crecimiento más lento en el indicador en los últimos cuatro meses con un registro anual de 2,8 %, levemente por debajo de las expectativas del mercado (2,9 %). Sin embargo, por debajo de los datos generales hay asuntos que no dejan respirar tranquilo del todo: la inflación excluyendo alimentos y energéticos (que suelen ser más volátiles) mostró un crecimiento y, si se toma el indicador preferido por la Reserva Federal (el banco central de EE. UU.) se ve una aceleración de casi medio punto porcentual en las mediciones mensual y anual.
Bien vale aclarar que los datos de inflación de febrero aún no incorporan los efectos de las subidas en aranceles para productos mexicanos y canadienses por fuera del T-MEC (tratado de libre comercio entre esos tres países) ni los incrementos en las tarifas para el acero y el aluminio que entra a Estados Unidos. Entonces, ¿celebramos ya? “Muy pronto”, responde César Pabón, director de investigaciones económicas de Corficolombiana.
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Pero si bien no es para destapar champaña (que también está amenazada con aranceles, por cierto), Pabón tampoco ve una posibilidad inminente de recesión en EE. UU.; esto después de analizar indicadores como el mercado laboral (que suele ofrecer pistas cuando una recesión va a pegar). “De hecho, me parecía más probable que ocurriera hace un año cuando se estuvo hablando del tema”, dice el analista. Y en ese entonces tampoco sucedió nada de ese calibre.
Bien vale decir acá que las recesiones son asuntos complejos de proyectar e, incluso, de diagnosticar con las cartas ya sobre la mesa. Su ocurrencia no se da por generación espontánea, pero también suelen comenzar a manifestarse en momentos algo menos inesperados, si se quiere.
¿Qué viene?
Es una pregunta complicada. Pero, cuando menos, lo que se avecina en el horizonte más inmediato es una dosis redoblada de incertidumbre. Timonazo a babor y a estribor, con gritos de peligro y angustia por parte de tripulación y pasajeros.
Para Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), las políticas comerciales de Trump están creando más incertidumbre para la economía mundial que los días de pandemia de covid-19. “Parece que todos los días se impone un nuevo impuesto, o se retira un impuesto anunciado”, le dijo el exministro de Economía español al diario The Sunday Times en una entrevista publicada este domingo. Y añadió, “una guerra comercial sería una situación de perder-perder para todos porque penalizaría el crecimiento”.
¿Por dónde se materializaría el freno al crecimiento? En el plazo más inmediato, la inflación será una de las tensiones claves a observar.
Si bien los aranceles demoran un rato en comenzar a mover la aguja de los precios a los consumidores, esta es una de las alarmas más preocupantes por su peso en general en la economía, pero también por lo que puede implicar para las decisiones de tasas de interés de la Reserva Federal.
La Fed se reúne esta semana, el 18 y 19 de marzo, para tomar determinaciones en esta materia. Si bien se espera ampliamente que deje quietos sus tipos de interés, los comentarios de su presidente, Jerome Powell, sobre el ajedrez tarifario serán claves para intentar ver cómo ve la entidad el panorama actual.
Jackeline Piraján, economista principal de Scotiabank Colpatria, resaltó que la reunión de la Reserva Federal esta semana “permitirá saber qué tanto cambian los planes para las tasas de interés”. Los mercados creen que las tasas bajarán más rápidamente este año, pero si se consolida una posición contraria, entre otras cosas, el dólar podría fortalecerse frente a otras monedas.
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De fondo, Powell y otros miembros de la Fed han mandado mensajes de cautela al decir que están esperando a que haya más datos para tomar decisiones, a la vez que han asegurado que no tienen urgencia de inclinar la balanza para un lado u otro en este momento.
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