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Asesinas de la innovación

Respuestas al por qué grandes compañías y ejecutivos no son eficaces en este campo, que es prioridad en las corporaciones actuales.

03 de agosto de 2008 - 05:10 p. m.
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Durante años nos hemos preguntado por qué a tantos inteligentes ejecutivos de empresas bien gestionadas, se les hace imposible innovar exitosamente. Hemos descubierto varios culpables, sobre los cuales debatimos en libros y artículos previos. Éstos incluyen prestar demasiada atención a los clientes más rentables de la empresa (lo que pone en riesgo a los clientes menos exigentes), y crear productos nuevos que no ayudan a los clientes a hacer las tareas que quieren hacer.

Ahora quisiéramos señalar que la aplicación errada de tres herramientas de análisis financiero actúa como un cómplice en la conspiración contra la innovación exitosa. Éstos son los sospechosos a los que acusamos de este crimen:

1. El uso del flujo descontado de caja (FDC) y del valor presente neto (VPN) para evaluar las oportunidades de inversión, lleva a los ejecutivos a subestimar los retornos y beneficios reales de proceder con inversiones en innovación.

2. La forma en la cual se consideran los costos fijos y hundidos cuando se evalúan inversiones futuras, otorga una ventaja injusta a las empresas retadoras y restringe a los actores establecidos que intentan responder a un ataque.

3. El énfasis en las ganancias por acción, como el impulsor principal del precio de la acción y por ello de la creación de valor para el accionista, con la exclusión de casi todo lo demás, aleja los recursos de las inversiones cuyos retornos suceden más allá de los horizontes inmediatos.

Queremos aclarar de inmediato que no hay herramientas ni conceptos malos. Pero la forma como son usados comúnmente para evaluar inversiones genera un sesgo sistemático contra la innovación. Recomendaremos métodos alternativos que, en nuestra experiencia, pueden ayudar a los ejecutivos a innovar con una mirada mucho más sagaz respecto del valor futuro. Nuestra meta primordial, no obstante, es simplemente exponer estas preocupaciones con la esperanza de que otros, con mayor experticia, se sientan inspirados para examinarlos y resolverlos.

La primera herramienta equívoca y mal aplicada de análisis financiero es el método de descontar el flujo de caja para calcular el valor presente neto de una iniciativa. Aun cuando el cálculo matemático es impecable en su lógica, los analistas comúnmente cometen dos errores que generan un sesgo contra la innovación.

El primer error es suponer que la hipótesis de no invertir en la innovación consiste en que la condición de salud actual de la empresa permanecerá indefinidamente en el futuro si la inversión no se hace. El segundo está relacionado con los errores de estimación. Los flujos de caja, sobre todo aquellos generados por inversiones disruptivas, son difíciles de predecir. Las cifras para los “años fuera de la planificación” pueden ser absolutas conjeturas al azar. Para abordar lo que no se puede saber, los analistas a menudo proyectan un flujo de números de año a año para tres a cinco años y luego “especulan” calculando un valor terminal para contabilizar todo lo que viene posteriormente. La lógica, por cierto, es que los cálculos de un año a otro para el futuro lejano son tan imprecisos, que no son más exactos que un valor terminal.

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Se podría decir que una causa principal detrás de la continua baja inversión de las empresas en las innovaciones requeridas para sustentar el éxito a largo plazo, es el uso indiscriminado y demasiado simplificado del VPN como una herramienta analítica. Aún así, entendemos el deseo de cuantificar flujos de efectivo que no son cuantificables y luego concentrar estos flujos en un solo número que puede ser comparado con otros números: es un intento destinado a traducir la cacofonía de posibilidades futuras en un lenguaje, el de los números, que todos puedan leer y comparar.

 Esperamos demostrar que los números no son el único lenguaje al cual puede ser traducido el valor de las inversiones futuras, y que de hecho hay idiomas mejores que todos los miembros de un equipo de gestión pueden entender.

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El segundo paradigma que se aplica ampliamente y en forma errada a la toma de decisiones financieras tiene relación con los costos fijos y hundidos. El argumento postula que cuando se evalúa un curso de acción, los ejecutivos deberían considerar sólo los desembolsos futuros o marginales de efectivo (capital o gastos) que se requieren para una inversión en innovación, luego deben sustraer esos desembolsos del efectivo marginal que probablemente fluya hacia adentro, y descontar el resultante flujo neto al presente.

Y, finalmente, un tercer paradigma financiero, que lleva a las empresas a no invertir lo suficiente en la innovación, es el énfasis en las ganancias por acción como el impulsor principal del precio de la acción y, por ende, de la creación de valor para el accionista.

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 Los ejecutivos están bajo tanta presión –proveniente de múltiples direcciones– para concentrarse en el desempeño a corto plazo de las acciones, que prestan menos atención de la que corresponde a la salud en el largo plazo de la empresa, hasta tal punto que son reacios a invertir en innovaciones que no den frutos inmediatos.

Aplicaciones erradas

Es tentador pero erróneo evaluar el valor de una inversión propuesta midiendo si va a mejorar nuestra situación con respecto a nuestro estado actual. Es un error, porque si las cosas se están deteriorando por sí solas, podríamos estar aún peor de lo que estamos ahora después de hacer la inversión propuesta, pero mejor que si no la hubiéramos hecho.

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Es difícil pronosticar con exactitud el flujo de efectivo proveniente de una inversión en la innovación. Es aún más difícil pronosticar el grado en el cual el desempeño financiero de una empresa podría deteriorarse ante la ausencia de la inversión. Pero este análisis debe hacerse.

Recuerde la respuesta que se enseña a los buenos economistas ante la pregunta “¿cómo está?”. Es, “¿en relación con qué?” Ésta es una pregunta clave. Contestarla requiere evaluar el valor proyectado de la innovación dentro de una variedad de escenarios, de los cuales el más realista suele ser un futuro competitivo y financiero deteriorado.

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