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Atentados terroristas contra infraestructura petrolera provocan catástrofe ambiental

Ecopetrol mantiene la meta de producción petrolera en 760.000 barriles diario, a pesar de los atentados.

10 de junio de 2015 - 04:15 p. m.
Contaminación río Caunapí por voladura del Oleoducto Trasandino. / Ecopetrol
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Una negra mancha de petróleo de 30 kilómetros serpentea por el río Caunapí, que vierte sus aguas al río Rosario que las lleva hasta la bahía de Tumaco. Este desastre ambiental provocado por el crudo derramado por los atentados terroristas arrasa a su paso toda manifestación de vida. Los ataques dinamiteros de los últimos años se han ensañado contra las poblaciones pobres de Nariño y Cauca. Desde esta franja de territorio los grupos al margen de la ley embarcan, a mercados del mundo, la droga con la cual financian sus actividades ilícitas, dicen autoridades locales y nacionales.

El presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, dejó de lado las cifras que dimensionan las pérdidas para el país, y las regiones vía regalías, para concentrarse en las consecuencias de la tragedia ambiental. En cinco departamentos sufren el impacto de los atentados terroristas unas 84.000 personas. En los últimos cuatro años se han invertido más de 650.000 millones de pesos en un convenio que busca el apoyo de las fuerzas armadas a las actividades de Ecopetrol. Acciones encaminadas a mitigar los impactos del terrorismo en la actividad petrolera.

En Putumayo fueron afectadas las quebradas Huitoto, Lorenzo y Nuevo Porvenir, que son afluentes del rio Cuembí que vierte sus aguas en el río Putumayo. En esta zona han sido impactadas 2.300 personas por la contaminación de los afluentes. “Son personas que usan el agua para beber y regar sus cultivos”, dijo el presidente de la estatal petrolera, donde cerca de medio millón de colombianos de todos los estratos tienen participación accionaria.

Echeverry reseñó que en Nariño la situación es “supremamente preocupante”. El crudo derramado por las acciones terroristas contaminó el río Caunapí, que a través del río Rosario vierte sus aguas a la bahía de Tumaco. Por esta acción vandálica han sido afectadas unas 4.000 personas. La devastación no fue mayor debido a que el oleoducto Trasandino no estaba operando, pero tenía una carga de entre 3.000 y 4.000 barriles de crudo que cayeron al afluente hídrico. Se calcula que sobre las seis de la tarde del miércoles llegue a la esquina suroriental de la bahía tumaqueña. El segundo puerto colombiano sobre el Pacífico es blanco de ataques terroristas por todas las vías posibles: a la contaminación de sus aguas se suma las voladuras de las torres eléctricas.

Para tratar de minimizar la tragedia ambiental, Ecopetrol ha instalado ocho puntos de control con dos mil metros de barrera de control, para frenar la mancha que ha ido venciendo esos controles. Echeverry señaló que se ha desplazado un contingente de técnicos encabezado por el vicepresidente de Desarrollo Sostenible de Ecopetrol, Jaime Bocanegra, estarán en la bahía coordinando las labores de limpieza. Son cerca de 20 kilómetros con presencia de crudo con un impacto social para 795 familias afectadas de 14 veredas. “Ecopetrol pide cambiar el lenguajes de las explosiones por el lenguajes de las palabras”, dijo Echeverry. Indicó que las explosiones solo afectan a las comunidades pobres y a especies de animales muy delicadas.

Por el lado de la frontera con Venezuela, la contaminación del crudo derramado envenena las aguas del rio Cubugón que desemboca en el río Arauca. En esta zona se perjudican más de 75.000 personas de los municipios de Arauca, Arauquita y Saravena.

El presidente de la estatal petrolera insiste en el llamado para que los grupos al margen de la ley cesen los atentados terroristas, que pare esta ola terrorista que lo único que “hace es afectar a colombianos pobres”.

Flora y fauna afectada

El desastre ambiental que deja los atentados terroristas afecta la flora y fauna en un lugar vital para la conservación de animales y plantas en vía de extinción. En Putumayo donde se concentran los derrames de crudo se conoce como los refugios húmedos del Napo, considerado un lugar estratégico para proteger las especies frente al cambio climático. Echeverry insistió que los ataques dinamiteros supuestamente van dirigidos al tubo (oleoducto), pero éste viene cargado de crudo que baja y afecta quebradas y ríos que pasa por el hábitat de animales en vía de extinción y de comunidades pobres.

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La amenaza también señala hacia una zona de mayor biodiversidad del plante, territorio de transición entre los Andes y el Amazonas. El presidente de Ecopetrol remarcó que donde se han presentado el mayor número de atentados (Putumayo y Nariño) es un punto crítico de la geografía colombiana y suramericana. Allí nace la mayoría de los ríos de Suramérica y donde se conecta la cuenca del Pacífico con el Amazonas, bordeado por un ecosistema muy frágil.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Gabriel Vallejo, dijo que las pérdidas ambientales son incalculables. “Poner una cifra es un valor incalculable, no solo ambiental sino humano desde la población”, dijo el funcionario.

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Este sombrío paisaje se agrava al conocer los resultados de un estudio del Instituto Alexander von Humboldt para Ecopetrol. Dice que las voladuras inciden de manera directa y letal sobre más de 30 especies de peces, 25 especies de mamíferos, algunos de ellos en riesgo de desaparición, como la danta, el armadillo, el leopardo, el manatí, el ñeque o el venado colablanca. Dice el informe que 15 especies de reptiles y 20 de anfibios sufren las consecuencias del crudo derramado por los atentados, como la rana marsupial, la rana de cristal y la babilla, así como tres especies de tortugas de río.

Pese a estas acciones de terrorismo contra la actividad petrolera, Ecopetrol se mantiene en la meta de producir 760.000 barriles de crudo por día. “Vamos a hacer todo lo posible para que esas metas se mantengan”, dijo Echeverry.

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