El ministro de Hacienda volvió a abrir la puerta que él mismo había cerrado hace menos de un mes.
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En medio del debate de control político en la Comisión Tercera del Senado, Germán Ávila dijo que está dispuesto a regresar a las sesiones de la Junta Directiva del Banco de la República.
La decisión llegó después de una ruptura pública que dejó una silla vacía en la última decisión de tasas y puso a chocar, sin matices, al Gobierno con el banco central.
Un regreso con condiciones
“Estamos abiertos a encontrar soluciones, las que se consideren necesarias y convenientes para mejorar la armonía entre el Banco de la República y el Gobierno. El Gobierno está dispuesto a continuar con el debate y dar el debate necesario en la Junta Directiva”, dijo en el Congreso.
Pero antes de volver, pide, en esencia, que dentro del Banco exista disposición a revisar las decisiones recientes y el marco en el que se están tomando.
“Es necesario que conozcamos (…) si existe la disposición de reflexionar en el marco de las diferentes posiciones que se han presentado”, planteó.
El 31 de marzo, la junta subió la tasa de interés en 100 puntos básicos y la dejó en 11,25 %. Era la segunda subida consecutiva del año. Ávila se levantó de la mesa y después calificó la decisión como “irresponsable” e “incoherente”.
La escena no tiene precedentes en la historia reciente del país, y que, por ahora, no se ha completado.
Hoy ocurrió en el Congreso, con micrófonos abiertos y posiciones cada vez más rígidas.
El Banco defiende la subida de tasas
El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, llegó al debate con una línea clara: defender la subida de tasas como una decisión técnica, no política.
“El banco tiene la misión de mantener el poder adquisitivo de la moneda”, recordó.
La inflación, en su informe pasado, dejó de comportarse como se esperaba. En diciembre de 2025 cerró en 5,1 % y la básica en 5 %. En marzo de este año subió a 5,6 % y la básica a 5,8 %. El dato rompió la trayectoria descendente que el propio banco anticipaba meses atrás.
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A eso se sumó un factor que incomoda al Gobierno: las expectativas.
Si bien los choques no se pueden evitar, se busca frenar la expectativa de la inflación al alza. “Por eso tenemos que darle credibilidad a la meta de inflación”, resalta el gerente del Banrep.
La meta sigue en 3 %, con un rango entre 2 % y 4 %. Cuando esa referencia pierde credibilidad, el Banco endurece la política. Ese es el libreto de siempre.
Incluso con ruido externo.
“La guerra en Irán podría acentuar las presiones inflacionarias para el presente año, derivadas de los mayores precios de la energía y de alzas en los precios de fertilizantes y alimentos”, expuso Villar en el Congreso.
El banco reconoce que hay choques que no controla. Aun así, interviene para evitar que se trasladen al resto de la economía. Es lo que llaman efectos de segunda vuelta.
Hacienda discute el diagnóstico
Hacienda está leyendo otro mapa. Ávila no discute que la inflación esté alta. Discute el origen y, sobre todo, la herramienta.
El jefe de cartera refuta que es una decisión de alto calado. Los primeros 100 puntos de aumento eran exorbitantes, pero agregar 100 puntos en dos meses “es escandaloso y no se justificaba en ningún escenario de análisis económico y tiene grandes impactos en la economía nacional”.
Para él, el problema no está en la demanda interna. “Por más que suba la tasa de interés no se va a resolver el problema en el estrecho de Ormuz”.
En su versión, la inflación viene de afuera. Energía, alimentos, tensiones geopolíticas. Subir tasas en ese contexto enfría la economía local sin tocar el origen del problema.
El costo, según sus cálculos, ya se siente: menor crecimiento, más presión sobre el empleo y un aumento en la carga de la deuda pública.
También cuestiona el aislamiento de Colombia frente a otros bancos centrales. “No hay un solo ejemplo de un banco en el mundo que haya tomado una decisión como la actual. “El remedio es peor que la enfermedad”, dijo.
La tensión salta a lo público
Y el presidente la empujó un poco más allá. “Si la junta sigue en esa tontería en que va, pues subimos otra vez el salario”, dijo Gustavo Petro en un consejo de ministros.
La frase cayó mal en el sector empresarial. No tanto por el tono, que ya es parte del paisaje, sino por lo que implica.
Natalia Gutiérrez, presidenta del Consejo Gremial, habló de una profunda preocupación y puso el foco en la autonomía del banco.
“Preocupan profundamente recientes planteamientos que los ponen en riesgo y que envían una señal indebida de presión sobre la institucionalidad”, comentó en X.
“La política monetaria (…) debe ejercerse con plena autonomía, libre de interferencias. Cualquier intento de condicionarla o presionarla vulnera ese diseño”, escribió.
Cuestionó el uso del salario mínimo como herramienta de presión y recordó que su fijación tiene reglas propias, atadas a productividad, inflación y empleo.
“Los incrementos de salarios no deben usarse como mecanismo de presión para forzar medidas”, advirtió.
En paralelo, citó estimaciones que elevan la inflación proyectada por encima del 6 % para 2026 y hablan de pérdidas de empleo formal.
Autonomía, presión y credibilidad
El Banco insiste en su mandato constitucional y en la necesidad de tomar decisiones de largo plazo.
“Estigmatizar las decisiones del banco diciendo que buscan beneficiar a un sector en específico es desprestigiar y simplificar mucho la labor del emisor”, dijo Villar en el Congreso.
Esta semana, durante el debate de control político en la Comisión Cuarta de la Cámara de Representantes, Villar dijo que aprovechaba el estar sentado al lado del ministro Ávila para hacerle una solicitud al gobierno de Gustavo Petro: “Bajar los ánimos y bajar el lenguaje con el cual se está manejando la relación con el Banco de la República”.
Después de los múltiples ataques que ha hecho el presidente Petro públicamente, el gerente afirmó en el Congreso que lo más conveniente para el país, considerando que la confianza internacional se deteriora, es “frenar la campaña abierta de descrédito del Banco de la República que está adelantando el Gobierno”.
Desde el Ejecutivo, la respuesta apunta a otra legitimidad: la política.
Ávila ha planteado que la política monetaria no puede quedar aislada del mandato democrático y que el país podría operar con una inflación más alta sin comprometer su estabilidad.
Ayer, en medio de ese pulso, el banco decidió no asistir a un foro convocado por el Ministerio de Hacienda sobre política monetaria.
“Debo excusarme (…) debido a consideraciones sobre su oportunidad y el contexto en que se realiza”, escribió Villar.
Contexto: Villar rechaza foro de Hacienda y defiende autonomía del Banco de la República
Hay un elemento práctico que ahora se vuelve crítico.
La junta no puede sesionar sin el ministro, pues se necesitan al menos cinco miembros y uno de ellos debe ser el jefe de Hacienda, que además la preside.
Por eso la confirmación de Ávila en el Congreso es una luz verde a retomar el debate de manera democrática, pese a las tensiones que las decisiones de alto impacto suelen conllevar.
La próxima reunión de la junta está prevista para el 30 de abril. La inflación sigue por encima del 5 %. Las expectativas no ceden. Los analistas prevén que el año termine por encima del 6 %.
Dos diagnósticos. Dos tratamientos. Un mismo paciente: la economía colombiana.
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