La preocupación en torno a un euro más fuerte se ha visto acrecentada por los temores de que el BCE es ahora el único banco central que no está haciendo más relajamientos en su política, y que podría perder en una ronda de devaluaciones competitivas.
El presidente de Francia, François Hollande, llegó a hacer un llamado para que la Eurozona administre su tasa de cambio durante esta semana. Mientras que dijo que no estaba solicitando que el BCE se propusiera un objetivo en la tasa de cambio, cualquier intento por administrar las tasas implica un límite a la habilidad del BCE para administrar la política monetaria, y la propuesta generó un rápido rechazo por parte de Alemania.
Luego de la última reunión del BCE para fijar las tasas de interés, en enero, Mario Draghi dijo que aún existían los riesgos de que recayera la economía, pero expresó su optimismo con respecto a un “contagio positivo” en el que los mercados financieros más tranquilos podrían ayudar a aumentar el optimismo de una Eurozona resentida por la crisis.
No obstante, antes de la decisión del BCE el precio del euro disminuyó con respecto a otras monedas y durante la mayoría de la sesión se mantuvo apenas sobre US$1,35. Esto luego de que hace una semana hubiera llegado a su punto más alto en 15 meses: US$1,37.
“Anticipamos que habrá una caída del euro con respecto al dólar que lo llevará al área de US$1,335, de donde tendríamos que intentar restablecer posiciones largas”, dijo Hans Redker, director de estrategia global FX de Morgan Stanley. “A pesar de que el presidente de Francia, François Hollande, también ha expresado su preocupación con respecto al euro e hizo un llamado a buscar un objetivo en la tasa de cambio, el alcance de los logros de la moneda única aún no están afectando el mandato de la estabilidad de precio del BCE”.
La caída en el euro se vio acompañada de nuevos aumentos en los retornos de los bonos de los gobiernos de España e Italia. Ambos bonos soberanos se han visto adversamente afectados por las tensiones políticas en ambos países.