Trabaja largas horas y, si las circunstancias lo requieren, cambia el descanso por seguir pensando en estrategias para vender la capital a inversionistas de todos los continentes. Para un ejecutivo joven, formado en las mejores universidades de Estados Unidos y fogueado en empresas extranjeras de gran reconocimiento, quizás establecerse en una ciudad con percepción negativa y muchos problemas por resolver sonaría poco atractivo. Pero ahí está al frente de Invest in Bogotá, ente formado por el Distrito y la Cámara de Comercio de Bogotá para atraer inversión productiva a la ciudad. Su responsabilidad -y la de su joven equipo de diez personas- es rastrear empresas internacionales que estén considerando invertir en el mundo y hacerlas fijarse en una metrópoli que, en primera instancia, no resulta fácil de "vender".
Si ponen el ojo en América Latina, se fijan, casi siempre, en Santiago, San José o Ciudad de México. A Bogotá ni siquiera la contemplan. Y la razón es porque la ciudad se percibe como un lugar desordenado, inestable, pobre en infraestructura y plagado de violencia. "La diferencia entre la percepción y la realidad es inmensa", dice Barco. "El trabajo de Invest in Bogotá es cambiar esa imagen con argumentos convincentes que demuestran lo contrario".
¿Por qué fijarse, entonces, en Bogotá? Aquí existen, explica Barco, cuatro millones de personas económicamente activas, muchas de ellas con buena formación académica y bien calificadas. La ciudad ocupa una posición geográficamente estratégica, con buenas conexiones con el mundo. La infraestructura urbana es similar a la de cualquier otra capital latinoamericana. Los servicios de telecomunicaciones son excelentes. Sus índices de seguridad son mejores que los de muchas otras urbes regionales o internacionales. La estabilidad jurídica y política es reconocida y los testimonios de los inversionistas satisfechos son cada vez mayores.
Alto y delgado, Barco es un hombre de costumbres sanas a la hora de sentarse a la mesa. Prefiere ensalada como entrada y platos fuertes con verduras. El día de nuestro encuentro, en el restaurante Luna, de la zona T, optó por un risotto primavera. No rechaza un vino, pero se limita a una copa. Prefiere no bajarle revoluciones a su energía para mantener su cuerpo y su mente en máxima capacidad.
Uno de los primeros fenómenos a los que Barco se ha enfrentado es a que la inversión dirigida hacia Colombia se concentre en la compra de empresas ya existentes o en la creación de canales de comercialización para aprovechar el potencial de consumo de la ciudad. ¿Pero dónde está la inversión productiva, generadora de conocimiento y promotora de exportaciones? Aunque es la más esquiva, dice Barco, es también la más conveniente para la ciudad y el país. "Y como no nos podemos quedar con los brazos cruzados, esperando a que llegue, hay que salir a buscarla".
Los integrantes de su equipo rastrean el mundo en busca de inversionistas, los identifican en función de las áreas de mayor potencial para la ciudad, estudian sus productos y servicios, los contactan, fijan citas en sus oficinas centrales, les exponen las ventajas de establecerse en Bogotá y consiguen que incorporen a la ciudad en sus listas de preferencias.
¿Pero cuáles son los rubros que mejor se venden? "Lo primero que hay que decir es que uno puede dispararle a todo", dice Barco. "Y lo segundo, es que debemos reconocer nuestras limitaciones, como, por ejemplo, la distancia del mar y las deficiencias en las conexiones terrestres con los puertos".
Dónde están las oportunidades
Invest in Bogotá ha identificado tres grandes ventanas de oportunidad para la ciudad y la región, y ahí centraliza sus esfuerzos.
La primera se refiere a los servicios de exportación; la segunda, a las manufacturas de valor agregado y de mano de obra calificada, y la tercera, a productos agroindustriales, aprovechando las grandes lecciones derivadas de la floricultura.
Para Invest in Bogotá, los servicios para la exportación son aquellos que se prestan desde una ubicación remota a otros mercados. En inglés se les denomina offshore. Aunque el área de más rápido crecimiento ha sido la de los call centers para clientes de habla hispana, los nuevos rubros incluyen, por ejemplo, plataformas de enseñanza remota de idiomas a través de internet.
Otro rubro es la construcción de software y la prestación de asesorías para aprovechar mejor la red de redes y sus distintas aplicaciones. Igualmente, la habilidad de los diseñadores editoriales y de los arquitectos locales se ha convertido en un punto de interés para grandes casas editoriales y firmas de construcción de Estados Unidos y Europa. A escala técnica figura la transformación de Bogotá en un centro de mantenimiento de aeronaves, para lo cual no se requiere cercanía al mar. "Todos estos son trabajos que demandan profesionales altamente calificados, que la ciudad posee", dice Barco, aunque la idea es encontrar negocios que puedan ampliar el rango de oportunidades a otros núcleos poblacionales. El egresado de un colegio del Distrito, por ejemplo, puede trabajar en una empresa de call centers, donde la exigencia de conocimiento es menor, pero con todas las garantías prestacionales incluidas.
En otras áreas, Barco destaca la nueva infraestructura hotelera que, combinada con la posición estratégica de Bogotá y la ampliación del aeropuerto El Dorado, podrá ampliar la base de oferta para la celebración de congresos y convenciones. Según Barco, todas estas actividades pueden generar hasta unos 100.000 empleos para la ciudad.
La segunda ventana de oportunidad se encuentra en el campo de la manufactura, con productos que resistan los costos de los fletes aéreos. En este sentido, destaca la elaboración de dispositivos para aplicaciones médicas o la personalización de tirajes para la industria editorial, entre otros. Cita, por ejemplo, el caso de Siemens, que produce en la capital ayudas auditivas, cuyas formas externas requieren de una fina tarea para adaptarlas a los oídos de los distintos pacientes.
El tercer rubro es el agroindustrial, especialmente en el área de verduras y hortalizas frescas, que pueden enviarse a mercados andinos, centroamericanos y del Caribe. La riqueza del suelo de la región y la experiencia de Bogotá en el cultivo de flores son factores que se han tenido en cuenta para diseñar un macroproyecto agroindustrial para la Sabana, con el concurso de la Cámara de Comercio, el Distrito y el Ministerio de Agricultura. La idea aquí es buscar inversionistas interesados en instalar fábricas de valor agregado en este ramo, señala Barco.
"Contrario, entonces, a lo que sugiere la percepción negativa, Bogotá tiene las condiciones para atraer inversión hacia estos tres grandes rubros. Lo que hacía falta era salir a promocionar esta joya que tenemos".
DE POSTRE
– ¿Cómo garantizar que Invest in Bogotá obre con criterios globales? "El proyecto cuenta con el aval y el apoyo directo del Banco Mundial, que cada seis meses envía expertos para ayudar a mantener la ruta indicada", dice Virgilio Barco Isakson, director ejecutivo de la entidad.
– ¿Afectará el cambio de gobierno local el futuro de Invest in Bogotá? " La actual administración nos desligó del manejo político. Porque además de contar con la participación de la Cámara de Comercio, somos totalmente independientes y no estamos ligados a ninguna secretaría del Distrito. Todos sabemos que el trabajo de traer inversión productiva a la ciudad es una tarea de largo plazo".
– En promedio, la ejecución de un proyecto de inversión tarda más de un año y medio.