Los rumores de una posible compra por parte de la norteamericana Burger King estaban cantados. Lo decían los representantes del sector de alimentos en Estados Unidos y hasta el gobierno de Barack Obama, quien ve con ojos de auditor la negociación. Todo se confirmó en la mañana de este martes, cuando los ejecutivos de la compañía de hamburguesas anunciaron el pago por US$11.400 millones para quedarse con Tim Hortons, la más grande cadena de comida rápida de Canadá.
“La nueva compañía resultante de la fusión estará radicada en Canadá y contará con más de 18.000 restaurantes en 100 países, con unas ventas que suman cerca de US$ 23.000 millones en ventas, aunque cada una de las marcas se gestionará de manera independiente”, explicó la agencia Efe.
Aunque no se conocieron mayores detalles del acuerdo, se dejó claro que el domicilio fiscal en Canadá hace parte de la estrategia que busca reducir el pago de impuestos en Estados Unidos, pues en el país vecino tan sólo asumen un 15%, mientras que en la nación que lidera Barack Obama la suma es del 35%. De ahí la molestia del Ejecutivo, que vio la negociación como una decisión que va en contra de la clase media norteamericana, quien tiene que pagar el tributo y no puede hacer ese tipo de maniobras empresariales.
Burger King está controlada por el fondo de inversión brasileño 3G Capital Management y en esta nueva fase, se tendrá a Daniel Schwartz, actual consejero delegado de Burger King, como su máximo delegado ejecutivo, mientras que Alex Behring, director de la misma empresa será el presidente. Por su parte, el consejero delegado de Tim Hortons, Marc Caira, será el vicepresidente.