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Colombia, en deuda con el mar

El país se rige con una ley de pesca de 1990. En la actualidad se trabaja en dos proyectos. La informalidad se impone en un sector que genera cerca de dos millones de empleos.

26 de septiembre de 2009 - 04:00 p. m.
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El pasado primero de septiembre, 91 países firmaron un acuerdo que pretende clausurar los puertos a los barcos involucrados en  pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. Colombia no apareció entre las naciones firmantes de este convenio que fue impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde organismos estatales como el Ministerio de Ambiente y el ICA se explica que el tema se debe reglamentar primero internamente para luego suscribir un acuerdo de estas características y que muy seguramente Colombia se adherirá al convenio el próximo año. La adhesión se deberá en buena parte a exigencias internacionales como las de la Unión Europea.

Es que a pesar de contar con 997 mil kilómetros de mares (658 mil de ellos en el Atlántico), Colombia está lejos de lograr el desarrollo de su industria marítima. Según cifras del Ministerio de Agricultura, el año pasado el país exportó 20.244 toneladas de productos pesqueros y acuícolas, mientras que Perú, por ejemplo, vendió en ese mismo período 2 millones 196 mil toneladas en este rubro.

En dinero, las diferencias entre los dos mercados son más abismales. Perú exportó durante el año pasado en este rubro US$2.381 millones, mientras que Colombia vendió en el exterior en esos 12 meses productos de mar, río y cultivos por US$40.610.

Ante esta situación, en el Congreso de la República se analizan dos proyectos encaminados a legislar esta actividad. Hoy Colombia se rige por la Ley de Pesca de 1990, que a juicio de autoridades y empresarios del sector no se acomoda a la actualidad. Tal es el caso de Judith Segura, presidenta de la Asociación Colombiana de Industriales y Armadores Pesqueros (Acodiarte): “Necesitamos que haya una ley que se ajuste a la realidad nacional e internacional. La Ley 13 de 1990 está quedada en el tiempo, pues se formuló, inclusive, antes de la Constitución de 1991”.

Uno de los proyectos es liderado por José David Name Cardozo, senador del Atlántico por el Partido de la U, quien explica que sus dos principales objetivos son generar confianza a los empresarios y darle institucionalidad a este renglón de la economía. “Hay que reconocer que a pesar de contar con dos océanos, la industria pesquera ha sido vista como de segunda categoría en Colombia. Buscamos generar las condiciones necesarias para que los inversionistas se interesen en poner su dinero en este sector y crear una institución que se dedique específicamente a este renglón”.

La gran dificultad para que este proyecto salga adelante es que hasta ahora ha recibido dardos de todos los frentes interesados. Según Name, desde el Gobierno se indica que el país no requiere una nueva entidad; empresarios como Acodiarte la califican de norma “romántica”, Javier Díaz, presidente de Analdex, explica que al gremio “no le gusta” y desde los organismos de conservación señalan que es “una colcha de retazos”.

A pesar de las críticas, en lo que también coinciden estos sectores es en que con elproyecto la pesca, por lo menos, se ubica dentro de la agenda del país. Este miércoles, por ejemplo, se reunirán representantes del sector privado, el Gobierno y de varias ONG para seguir analizando el tema, después de un encuentro que se dio el pasado 17 de septiembre en el que estuvieron presentes 22 empresarios de la pesca del Pacífico, el Mar Caribe y la acuicultura (cultivo de especies).

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El otro proyecto relacionado es impulsado por Alexandra Moreno Piraquive, senadora por el Movimiento Mira, que básicamente busca crear un fondo de apoyo al sector, tal cual existe en otras actividades como la caficultura.

La realidad es que ante la caída de la Ley Forestal el año pasado, la institucionalidad del sector pesquero quedó en el limbo, pues muchas de las funciones que antes cumplía el Incoder pasaron a ser resorte del ICA. Hoy el Ministerio de Agricultura, por intermedio del ICA y la Dirección de Pesca y Acuicultura, así como la Armada Nacional, por intermedio de la Dimar, se encargan de supervisar el cumplimiento de las normas que abarcan al sector pesquero.

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Las grandes extensiones de los mares colombianos y otros factores, como la lucha contra el narcotráfico, son algunas de las causas para que las actividades de vigilancia no sean más efectivas, de acuerdo con lo que señalan empresarios del sector.

El caso de Malpelo

A pesar de los pobres controles que se dan en los mares del país, en el Pacífico existe un oasis. Se trata del Santuario de Fauna y Flora de Malpelo, que cuenta con una extensión de 8.575 kilómetros cuadrados y que bien podría denominarse la reserva Sandra Bessudo. Ha sido la tenacidad de esta mujer la que permitió que en 1996 la zona fuese declarada como santuario, y que en 2002, la Organización Marítima Internacional la denominara “Zona Especialmente Sensible”. Su último logro fue la declaración de Malpelo como Patrimonio Mundial de la Humanidad de Unesco el 12 de julio de 2006.

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Esta serie de denominaciones de protección permiten que en esa área no se pueda pescar ningún tipo de especie marina. El ARC Sula, que entró en operación en julio del año pasado, es el encargado de proteger esta zona, cuya efectividad se ha demostrado en las interceptaciones que ha hecho (ver tabla).

La más reciente, a cargo de el ARC José María Palas, se dio en agosto del presente año cuando la Armada decomisó  62 cuerpos de tiburón y 118 aletas, en un barco de bandera costarricense. La propia Bessudo reconoce que la presencia de barcos extranjeros es habitual en la zona. Ella sabe del tema, pues es la Directora Ejecutiva de la Fundación Malpelo, la entidad que se encarga de proteger el área tras firmar un convenio con Parques Nacionales Naturales, la Armada y la ONG Conservación Internacional. “El Sula patrulla el santuario durante 20 de los 30 días del mes. En esos 10 días de ausencia hemos detectado que barcos de bandera, sobre todo de Costa Rica y Ecuador, ingresan a pescar ilegalmente”.

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En un mundo que durante los últimos 80 años se ha volcado a consumir sus riquezas pesqueras, reservas como Malpelo garantizan la viabilidad de la actividad, pues las cifras internacionales indican que tres cuartos de las especies comerciales están siendo sobreexplotadas o explotadas a su máximo, y que de las reservas alimenticias con que cuenta la humanidad, los peces son las primeras que se están agotando.

Para ver los procesos contra barcos que han ingresado a la Reserva de Malpelo, haga clic AQUÍ

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