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Colombia está bien posicionada

La deuda total de corto plazo denominada en dólares representa cerca de un 23% de las reservas internacionales.

09 de noviembre de 2008 - 05:00 p. m.
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Durante la crisis actual y, particularmente, desde su agudización a partir del mes de septiembre, con la quiebra de Lehman Brothers, los participantes de los mercados a nivel global han tenido una notable dificultad para determinar su impacto real sobre las economías y más aún considerando que el alto nerviosismo ha conducido a una salida masiva de flujos de inversión de las economías emergentes.

Para analizar qué tan bien posicionada se encuentra una economía para enfrentar la crisis financiera actual, debe considerarse que la transmisión de sus efectos se da a través de dos canales: el financiero y el comercial. En cuanto al canal financiero, la atención de los analistas está centrada actualmente en las necesidades de financiamiento externo de corto plazo de cada uno de los países.

La explicación se debe a que la crisis actual, que es una crisis de confianza derivada de las enormes pérdidas sufridas por las entidades financieras a nivel mundial, con origen en los problemas hipotecarios acontecidos en Estados Unidos, ha ocasionado una escasez de liquidez y así altos costos de financiamiento, que no permiten una disponibilidad adecuada de recursos para el normal funcionamiento de los sectores financiero y corporativo.

Considerando que existen altas probabilidades de que esta situación no cambie en el corto plazo, incluso a pesar de las medidas implementadas recientemente por los bancos y gobiernos alrededor del mundo –entre otros aspectos porque resulta probable que buena parte de los recursos a los que tengan acceso los grandes bancos en las economías desarrolladas sean utilizados en primera medida para sanear sus balances antes que para reactivar el otorgamiento de créditos a familias y empresas en general-, es importante determinar la proporción de deuda denominada en moneda extranjera que debe ser renovada o tenga vencimiento en los próximos doce meses por parte de las economías.

Los indicadores pintan bien

En el caso específico de Colombia, varios indicadores de vulnerabilidad sugieren que el país se encuentra bien posicionado para enfrentar estos problemas de financiamiento. Por una parte, la deuda total de corto plazo denominada en dólares representa cerca de un 23% de las reservas internacionales, lo cual implica que en el caso extremo de que no se pueda cumplir con ningún compromiso de pago de deuda, el Banco Central tendría una amplia capacidad de respaldar estas operaciones; específicamente, por cada dólar de deuda, existen aproximadamente US$ 4,35 que lo respaldan. Esto se compara con proporciones cercanas al 65% en países como Chile y Argentina. En cuanto la crisis ha afectado sin ninguna duda en mayor medida a los sistemas bancarios alrededor del mundo, es de total relevancia evaluar el impacto sobre el colombiano.

En este caso, un indicador de vulnerabilidad es la relación de deuda de corto plazo en moneda extranjera mantenida por los bancos como proporción del Producto Interno Bruto (PIB). Según datos del Bank for International Settlements –BIS-, esta relación asciende a tan sólo el 1,1%, lo que se compara con un 2,43% para Brasil, 2,27% para Perú y 1,72% para México.

Otro aspecto para ser tenido en cuenta es la participación con la que cuentan los bancos cuyas casas matrices son extranjeras, dentro del sistema bancario total de la economía. Esto en cuanto el caso de Europa es diciente: en países como Suiza y Reino Unido, la deuda de corto plazo denominada en moneda extranjera de sus respectivos sistemas bancarios representa un 150% y 231% del PIB, respectivamente, lo que significa que el valor de lo producido en un año por la economía apenas cubre cerca de la mitad de estas obligaciones; esto implica que serán necesarios grandes paquetes de ayuda para que el sistema financiero europeo vuelva a operar normalmente y que probablemente las filiales y sucursales de estas entidades estarán viendo restringidas de manera considerable sus líneas de crédito y recursos para fondeo por parte de sus matrices.

Por ello, actualmente resulta relevante determinar la proporción del sistema bancario cuya propiedad es de entidades extranjeras en general y europeas en particular. Mientras dicha proporción alcanza niveles hasta del 90% en países de Europa Central y del Este como Rumania y Bulgaria, este valor no supera el 25% en economías como la brasilera o la colombiana. En cuanto a este aspecto, es pertinente mencionar que las filiales y sucursales de bancos extranjeros no representen un riesgo en sí mismo, sino que seguramente serán las que se enfrenten con más dificultades para realizar sus operaciones de financiamiento en el corto plazo.

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Del análisis anterior se puede afirmar que Colombia se encuentra relativamente bien posicionado para enfrentar el posible impacto de la crisis a través del denominado canal financiero. Esto es particularmente cierto si los indicadores son comparados con los registrados en otros países. De hecho, Colombia no se ha visto en la necesidad de solicitar ayuda a entidades multilaterales, algo que por el contrario ha sido recurrente en países de Europa y Asia emergente. Si bien esto no implica que el país no sea vulnerable y en particular su sector financiero, lo cierto es que es bastante improbable que volvamos a presenciar una crisis financiera local como la acontecida a finales de la década de los noventa. Así, se experimentarán mayores restricciones crediticias y probablemente altas tasas de interés durante el 2009, pero esto será más resultado de unas condiciones internas derivadas de un menor crecimiento económico.

En cuanto al canal comercial la principal preocupación proviene del lado del crecimiento de las exportaciones y su impacto sobre la actividad económica del país. En Colombia el 53% de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos y Venezuela, lo cual genera riesgos. Por una parte, se prevé que la recesión en el primero de estos países perdure hasta por lo menos el segundo trimestre de 2009, mientras que en el caso de Venezuela, la importante reducción en los precios del petróleo y una estructura productiva deteriorada precisamente debido a que la mayor parte de recursos son destinados a la producción del crudo, conllevan una alta probabilidad de un significativo impacto sobre sus finanzas públicas y una fuerte desaceleración económica.

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A esto debe sumarse igualmente, la dificultad de consecución o renovación de líneas de crédito externas para la financiación de las compras, que se espera permanezca en los próximos meses mientras el sistema financiero mundial recobra fuerzas.

Por todo lo anterior, se puede concluir que el coletazo de la crisis mundial será sentido en Colombia en mayor proporción a través del canal comercial, imponiendo riesgos sobre el crecimiento económico, mientras que el sector financiero y el país en general podría no verse impactado de manera tan profunda como en el caso de otros países (particularmente de Europa y Asia emergentes), por cuenta de las fuertes restricciones de liquidez externas.

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De esta forma, existen riesgos sobre el crecimiento económico derivado particularmente de la poca diversificación de nuestro comercio; aunque debe considerarse que las importaciones se verán reducidas por cuenta de todos los factores antes mencionados, las exportaciones podrán ver un impacto significativo en su crecimiento.

Por su parte, una crisis financiera en Colombia parece bastante improbable, gracias a medidas de regulación impuestas después de la crisis de finales de los noventa y a las medidas implementadas en mayo de 2007 por parte del Banco de la República en cuanto al financiamiento externo. En todo caso, la situación debe monitorearse continuamente, porque resulta altamente probable que la presencia de la crisis global más profunda desde la Gran Depresión de los años treinta, requiera medidas preventivas adicionales por parte del gobierno y los entes de regulación.

* Director de estudios económicos de Ultrabursátiles

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