La posibilidad de una guerra entre Colombia y Venezuela no genera temor entre los habitantes de la dinámica frontera común, que sí ha sido afectada por la caída del comercio y el aumento de la presencia militar ordenada por el presidente Hugo Chávez.
El gobernante venezolano decidió hace semanas reducir el intercambio comercial con Bogotá, su segundo socio comercial, desde que se anunció un nuevo acuerdo que permite aumentar la presencia de soldados estadounidenses en su vecino.
El domingo pasado hizo un llamado a preparase para la guerra. No obstante, luego aclaró que había sido malinterpretado, negó tener intenciones guerreristas y afirmó que su llamado es a estar preparados para la defensa ante las agresiones que Estados Unidos pudiera hacer desde Colombia, principal aliado de Washington en la región.
Analistas aseguran que tanto a Venezuela como a Colombia les interesa mantener la tensión. Mientras Chávez busca repetir la aplastante mayoría que tiene en la Asamblea Nacional en unas elecciones en 2010, el presidente Alvaro Uribe intenta modificar la ley para reelegirse por segunda vez.
"No estamos pensando en ninguna guerra. Nosotros lo que queremos es que arreglen la economía de los dos países", dijo el colombiano Pedro Castellanos en un mercado de la localidad venezolana fronteriza de San Antonio.
Algunos se quejaron de que mientras los Gobiernos estaban en medio de una pugna política, los habitantes de la frontera estaban tornándose cada día más pobres.
Más del 70 por ciento del comercio entre ambas naciones cruza el puente binacional Simón Bolívar, según autoridades, pero con la creciente tensión el paso se cierra intermitentemente del lado venezolano, lo que afecta a la carga grande y a los habitantes de las vecinas Cúcuta, del lado colombiano, y San Antonio, unidas por el puente.
En el ojo del huracan
En San Antonio, donde "los habitantes de frontera" van a comprar alimentos -la diferencia cambiaria favorece al peso colombiano- sobrevivir se ha vuelto difícil.
"Yo tenía un mes que no cruzaba", dijo Marilio Cardona mientras compraba comida en un mercado. "Están molestando mucho para pasar: paran a la gente, la investigan; y el afectado es uno, el pobre", afirmó el hombre de 48 años de edad.
La vida comercial del lugar, donde se trafica gasolina hacia Colombia y de vuelta alimentos, ha bajado enormemente. El encargado de fronteras de la gobernación de Táchira, Alexis Balza, calcula la caída en un 70 por ciento.
Además asegura que se han puesto trabas burocráticas al ingreso de mercancía colombiana, incluyendo la falta de entrega de dólares regulados -Venezuela tiene control de cambio desde el 2003- para pagos a empresarios del país vecino.
Y mientras el Gobierno de Caracas dijo que sustituiría las importaciones con compras en Brasil y Argentina, en la frontera se duda de la posibilidad de una eventual guerra.
Bogotá y Caracas ya han vivido fuertes tensiones en el pasado, en medio de las enfrentadas ideologías del derechista Uribe y el socialista Chávez. Incluso han llegado a retirar embajadores y Venezuela reforzó su frontera en reacción a un bombardeo colombiano a un campamento guerrillero en Ecuador.
Quizás la crisis actual es la más fuerte por su implicación comercial, pero analistas y ciudadanos comunes ven poco factible que llegue al choque bélico.
"Eso es puro palabreo. Se va a arreglar, como siempre (…) que se enfrenten los dos presidentes solos", dijo Juan Bonilla, dueño de una tienda del lado colombiano. Otros se quejaron de que mientras los Gobiernos estaban en medio de una pugna política, los habitantes de la frontera estaban tornándose cada día más pobres.
Chávez afirma que la presencia militar de Estados Unidos en Colombia busca preparar una agresión contra su "revolución socialista" para poner al servicio del "imperio" la riqueza petrolera de la nación. Pero Colombia asegura que sólo pretende contribuir a la lucha contra el narcotráfico y combatir a la guerrilla izquierdista que tiene casi medio siglo alzada en armas.
Chávez acusa al gobernador del estado fronterizo Táchira, el opositor César Pérez Vivas, de tener vínculos con paramilitares colombianos y de permitir su penetración a Venezuela.
El Gobierno atribuyó a esos grupos de ultraderecha una masacre de 11 personas y el asesinato de dos soldados venezolanos en la frontera, afectada por la presencia de la guerrilla y paramilitares colombianos. Algunos habitantes de la zona, por su parte, afirman que el refuerzo de presencia militar les ha llevado un nuevo agresor.
"La Guardia Nacional es un cuerpo corrupto. Y eso lo ha vuelto violento con la gente para no perder los negocios que manejan, de contrabando de gasolina y de comida. Para crear una sensación de que están haciendo algo atropellan a la gente", dijo el encargado de fronteras de la gobernación.
Pero Nestor Toloza, un dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), aseguró que los militares han respetado los derechos humanos de todos los ciudadanos y defendió la mayor presencia castrense como parte del "ejercicio de la soberanía nacional".