Hay un dicho popular que reza: “Cada día trae su afán”. Una actualización de esta frase podría ser: “Cada día trae sus noticias sobre Venezuela”.
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Esta semana, la Casa Blanca afirmó que controlará la comercialización de petróleo venezolano de forma indefinida, a la vez que PDVSA (la petrolera estatal de ese país) anunció una negociación para vender “volúmenes” de crudo a ese país.
En paralelo, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, afirmó que Venezuela le entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, que equivaldrían a uno o dos meses de la producción actual de la industria venezolana.
Es fácil perderse entre estos anuncios, más aún si se suman a las noticias sobre incautaciones de buques cargados con crudo venezolano. Así que vamos por partes para tratar de desenredar la madeja.
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¿Son ventas o entregas?
Los anuncios de Trump sobre Venezuela dejan pocas cosas claras de primera mano. Quizá la única realmente transparente es que EE. UU. va por el petróleo venezolano y que, más allá de los cambios políticos (lleven a una transición hacia la democracia o no), lo que justifica las acciones alrededor del vecino país es el crudo. Punto.
Estados Unidos pasó de ser el mayor destino del crudo venezolano a decretar un embargo en 2019. El vínculo bilateral se quebró y, con el retorno de Donald Trump a la presidencia, Washington fue incrementando gradualmente la presión hasta llegar al punto máximo el 3 de enero, cuando Maduro fue capturado durante una operación militar de Estados Unidos en Caracas.
En medio de este escenario, el presidente Trump informó que recibiría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano.
Esta entrega plantea varias dudas. Pero, de entrada, se intuye que es “un intercambio comercial, es decir, los barriles van a ser vendidos en el mercado norteamericano. Lo que no está muy claro es qué va a pasar con los ingresos de esa venta”, explica Luis Pacheco, académico no residente del Instituto Baker en Rice University (Houston) y exdirectivo de PDVSA.
¿Qué pasa con los recursos?
Pacheco explica que la logística de esta transacción, en términos financieros, no está nada clara, ya que EE. UU. dice que va a “administrar la venta”, sea lo que sea que eso signifique, argumenta el exdirectivo de PDVSA.
Y añade: “Hacia adelante también han dicho que ellos van a decidir a dónde van los barriles. Tampoco está muy claro cómo se va a implementar eso. Y la pregunta otra vez muy importante es qué va a pasar con los ingresos de esas ventas a los Estados Unidos”.
De acuerdo con un comunicado de PDVSA, “cursa una negociación con Estados Unidos para la venta de volúmenes de petróleo, en el marco de las relaciones comerciales que existen entre ambos países”. “Este proceso se desarrolla bajo esquemas similares a los vigentes con empresas internacionales”, apuntó la compañía. ¿Qué significa esto exactamente?
Para José Ignacio Hernández, profesor de derecho constitucional y asociado sénior del Center for Strategic and International Studies (CSIS), hay “una manera muy sencilla” de realizar esta operación. “Las empresas que tienen participación productiva, como Chevron, exportan la totalidad de su producción a EE. UU., venden el petróleo, retienen la parte que les corresponde y lo que le corresponde a Venezuela, que debería ser 50 %, no se le paga, sino que se queda en una cuenta de garantías, que es administrada por Estados Unidos”.
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Aunque este método de venta pareciera ser bastante directo, Trump introdujo un elemento extra de confusión a la ecuación al decir este miércoles que “Venezuela comprará solo productos manufacturados en Estados Unidos con el dinero que obtenga del petróleo vendido bajo supervisión de Washington”. Sobre este anuncio no hay claridad acerca de cómo se ejecutaría e incluso si, en serio, llegará a materializarse.
¿La venta a Estados Unidos suspende la producción de Venezuela?
Para este punto, Venezuela produce alrededor de un millón de barriles diarios. En su punto más alto, antes de la llegada del chavismo al poder, esta cifra estaba por encima de los tres millones. Aunque ese país tiene las mayores reservas del mundo, actualmente solo representa el 1 % de la producción global.
Entonces, contemplar una venta de entre 30 y 50 millones, implicaría (en el papel al menos) que toda la producción del país se iría para EE. UU. durante casi dos meses. En otras palabras, adiós al petróleo venezolano en el mercado global durante ese tiempo. La realidad no es tan simple, ni tan dramática (al menos para este caso).
Para Hernández, la operación de la que habló Trump es “logísticamente viable, sin duda”. “En un periodo relativamente largo, de seis meses, es posible. Y debe haber petróleo en inventario. No estamos hablando de cantidades imposibles de cumplir”.
Según Pacheco, “el volumen del que hablan, en teoría, está en los inventarios. Bien sea en los tanques en los puertos o en los tanqueros que están fondeados en las costas y que no pudieron salir debido al bloqueo de la marina norteamericana”.
A su vez, Hernández asegura que esta venta de crudo tampoco implicaría dejar sin carga a las refinerías locales, pues eso implicaría dejar de producir gasolina y otros productos, lo que traería “inestabilidad”, un escenario al que ninguna de las partes (el gobierno venezolano o el estadounidense) quisiera acercarse en este momento.
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