En algunos casos, el otorgamiento del Premio Nobel de Economía no representa ninguna sorpresa, ya que quienes son galardonados han realizado aportes significativos desde hace varias décadas, tanto en la teoría económica como en el diseño e implementación de políticas públicas. Este es precisamente el caso de los dos ganadores en 2020.
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En primer lugar está Robert Wilson, profesor emérito de la Universidad de Stanford, quien desde mediados de los años 60 ha realizado aportes teóricos y aplicaciones prácticas en teoría de juegos y subastas. La noticia tomó por sorpresa a Wilson, pero no porque no la esperara, sino porque había desconectado el teléfono de su casa para evitar ser objeto de bromas o llamadas indeseables en la madrugada del lunes. El Comité Nobel finalmente llamó a la esposa de Wilson a su celular y le dio la noticia. De hecho, al conocer la noticia un exalumno suyo, Alvin Roth, actualmente profesor de Stanford y galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2012, dijo “…finalmente”, pues desde hace varias décadas su maestro ya sonaba como un fuerte aspirante a este reconocimiento.
Por su parte, Paul Milgrom, también profesor de Stanford, exalumno de Wilson, quien también ha realizado aportes en teorías de subastas y organizaciones económicas, empezó a ser un fuerte candidato al Nobel de Economía desde hace por lo menos dos décadas. En una reunión anual de profesores de economía, sus colegas hicieron una parodia en la que el profesor Milgrom esperaba y esperaba la llamada del comité del Premio Nobel. Ni en la parodia ni en la vida real, Milgrom escuchó el teléfono. La noticia se la comunicó Robert Wilson, su exprofesor, colega y vecino, quien en las primeras horas del lunes lo despertó para contarle la noticia.
Más allá de las anécdotas, lo realmente importante este año es mostrar que el comité del Nobel reconoce aportes teóricos que, llevados a la práctica, permiten obtener soluciones a problemas específicos mediante el diseño y la implementación de mecanismos para las políticas públicas. En ese sentido, el premio otorgado a Wilson y Milgrom encaja perfectamente en aquel adagio que dice “no hay nada más práctico que una buena teoría”.
En los aportes de Wilson y Milgrom el punto de partida es la teoría de juegos, que constituye una herramienta de análisis económico (también utilizada en ciencia política, sociología e incluso en biología), mediante la cual se describen situaciones económicas en las que el mercado competitivo no funciona, es decir, en las que la oferta y demanda no generan los mejores resultados.
De hecho, mediante la teoría de juegos ha sido posible tener una herramienta que permite agrupar lo que en economía se llaman imperfecciones de mercado y que incluyen monopolios, oligopolios, presencia de externalidades y bienes públicos. También a partir de los conceptos y las herramientas de este marco teórico es posible el diseño de subastas y hacer de estas una herramienta de política pública, buena para los hogares, las empresas y los gobiernos.
No obstante, tanto el trabajo de Wilson como el de Milgrom no se ha limitado a ampliar el conjunto de herramientas teóricas, a publicar el resultado de sus investigaciones ni a compartir sus conocimientos con sus estudiantes, formando investigadores y académicos, sino que han logrado pasar al ámbito de la política pública y a desarrollar iniciativas privadas.
El trabajo de Wilson en las subastas petroleras, en las comunicaciones y en el sector energético, siendo uno de los creadores de la bolsa de energía en California, son la muestra de ese paso tan necesario de la teoría a la práctica. En el ámbito privado ha sido asesor de Xerox y Pacific Bell, en donde desde la perspectiva privada también ha generado mecanismos para establecer un vínculo eficiente entre lo público y lo privado. Milgrom, por su parte, no solo ha sido un académico destacado, sino un investigador prolífico, asesor económico en el diseño de las subastas para la asignación del espectro electromagnético, los mercados eléctricos y de gas, asesor gubernamental y de Microsoft, sino también empresario en su rol de fundador de Auctionomics.
Para muchos, a Wilson y Milgrom se les puede considerar como los diseñadores de la industria de las telecomunicaciones modernas, que surgió de un formato de subasta que ellos desarrollaron para la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por su sigla en inglés). Las subastas que usan su diseño se han utilizado en todo el mundo para asignar licencias por miles de millones de dólares. De hecho, estos trabajos traspasan los límites de su disciplina y son a su vez una motivación para que los economistas desarrollen ideas, que, aunque sean radicales en un momento, permiten solucionar problemas reales en el futuro.
El aporte de Wilson y Milgrom se puede resumir en que crearon nuevos conocimientos a nivel teórico y luego los utilizaron para ayudar a resolver los problemas del mundo real. Tal vez son una de las mejores maneras de mostrar cómo la investigación teórica fundamental puede tener aplicaciones prácticas.
Actualmente, trabajan en el diseño de subastas para adjudicar los derechos sobre el espectro electromagnético para la tecnología 5G y para resolver problemas de asignación de recursos originados por el COVID-19. No importa que Wilson haya desconectado el teléfono y que Milgrom no haya escuchado la llamada, sus aportes, en últimas, han permitido que las comunicaciones celulares funcionen y lleguen los mensajes importantes.
* Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.