Hace cuatro años, ad portas de las elecciones, se vaticinaba que el dólar en Colombia podría llegar a los COP 5.000 si Gustavo Petro se convertía en presidente. Hoy, la tasa de cambio está cerca de los COP 3.700. Si bien a finales de 2022 la moneda llegó al punto máximo que predecían los análisis pesimistas, en parte por la incertidumbre política, lo cierto es que el factor Petro no ha sido lo que en su momento advirtieron las proyecciones.
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Anticipar el comportamiento del dólar no es posible porque depende de múltiples factores internacionales y nacionales. En este momento, lo cierto es que el peso se ha fortalecido frente al dólar desde 2025. En los últimos 12 meses, la tasa de cambio ha caído casi 12 %. Este no es un fenómeno exclusivo de Colombia y tampoco un factor que se le pueda atribuir a Petro. ¿Cuál es la receta para un dólar en COP 3.700?
El factor Trump
¿La lenta muerte del dólar? No tanto. ¿El imperio del dólar? “Imperio” es una palabra fuerte para este momento. Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la moneda ha seguido un camino sinuoso que parece más cuesta abajo que otra cosa.
Los primeros seis meses de 2025 se convirtieron en el primer semestre más malo para el dólar en 50 años. El año pasado, el índice del dólar (DXY) tuvo una caída de casi 10 %. Como explicó Patricia Ortiz, experta en inversiones, este indicador mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas fuertes. A este escenario han contribuido varios factores, incluyendo las expectativas sobre tasas de interés en Estados Unidos y las incertidumbres y volatilidades que se introdujeron al sistema cortesía de la política arancelaria de la Casa Blanca.
“Política” también puede ser una palabra fuerte: en realidad, se trata de anuncios y medidas que han ido cambiando (para bien y para mal) casi que siguiendo las fases de la luna. Más cambios de humor que estrategia clara, si se quiere.
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Para este punto, después de una decisión adversa de la Corte Suprema de Estados Unidos, hay una tasa global de aranceles (además de una serie de excepciones y castigos excepcionales también) para bienes que ingresan al mercado estadounidense.
Gabriela Bautista, analista de contexto externo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, sostiene que los pronunciamientos de Trump definitivamente han generado episodios de volatilidad en los mercados financieros. La experta menciona que el anuncio de aranceles y la escalada de la guerra comercial coincidieron con un aumento en la tasa de cambio en Colombia por encima de los COP 4.500, pero después la moneda empezó a debilitarse.
Las alteraciones en el panorama comercial han ido erosionando las estructuras que han mantenido al dólar como el rey de las monedas a nivel global. No se trata de una destrucción, ni de un cambio de paradigma en las bases del sistema financiero global. En lo absoluto. Pero los datos sí muestran una debilidad generalizada (y más amplia que en años recientes) del dólar a nivel global.
¿Esto alcanza para dejar de llamar a esta moneda un “activo refugio”? No, al menos en opinión de Juan David Ballén, director de Economía y Mercado de Aval Asset Management. El dólar sigue siendo un paraguas frente a los malos tiempos porque es “la moneda más líquida del mundo, lo que garantiza su aceptación global y la convierte en el principal medio de intercambio y reserva de valor a nivel internacional”.
Entonces: ¿podemos hablar de un efecto Trump sobre la moneda? La respuesta es sí, pero lleva matices.
En algún punto, a Trump le preguntaron qué opinaba del bajo nivel del dólar y respondió: “Creo que es genial”. Si bien se trata de un mandatario grandilocuente y con una opinión algo desajustada sobre los alcances y bondades de sus acciones, la respuesta habla sobre su visión de la moneda.
De fondo, un dólar más débil mejora la competitividad internacional de los productos hechos en Estados Unidos y le hace favores a renglones como el turismo, entre otros servicios. Una moneda con menor desempeño también permite pensar en procesos más baratos de relocalización —el trasteo de operaciones y producción hacia EE.UU.—, un elemento clave en la visión de la economía según Trump.
Ballén lo pone de esta forma: “Uno de los mandatos del gobierno de Trump ha sido fortalecer la economía estadounidense a través de una mayor competitividad externa. Para ello, ha combinado medidas arancelarias con una postura más tolerante frente a un dólar más débil. Esto último contribuye a mejorar la competitividad de los bienes y servicios producidos en Estados Unidos, incentivando su demanda externa”.
¿Cómo juega un dólar más flaco frente a otras monedas, como el euro? ¿Podemos hablar de un reemplazo de una por otra en términos de activo refugio? El analista de Aval explica que el dólar domina al euro a nivel global. En parte porque detrás del euro hay una región con menor integración política y fiscal, lo que dificulta la toma de decisiones coordinadas entre países con realidades económicas distintas. Agrega que, a diferencia de EE.UU., “Europa no cuenta con un activo único, líquido y libre de riesgo comparable a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, lo que limita el rol del euro como principal moneda de reserva global”.
La presente guerra en Irán también ha influido en el dólar. Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas de Banco de Bogotá, explica que las tensiones han generado aversión al riesgo y, por esa vía, la búsqueda de activos que todavía se consideran más seguros: en este caso, en dólares. Pero, según Ballén, en semanas recientes los mercados han ido moderando sus perspectivas sobre este conflicto, lo que ha llevado nuevamente a un debilitamiento de la moneda.
Entonces hay dólar para rato, aunque en unos niveles bajos que no se veían desde hace años. En el panorama actual de la divisa hay ganadores y perdedores.
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Algunos ingredientes para el dólar en Colombia
Como dijo Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, el mes pasado en entrevista con El Espectador, “la apreciación del peso se da, principalmente, porque el dólar se ha depreciado en el mundo por razones internacionales y de política en Estados Unidos. Esta es una circunstancia internacional sobre la cual Colombia no tiene injerencia”.
Si bien la mayor parte de la explicación es internacional desde hace meses, para Bautista también ha influido en la tasa de cambio el mayor apetito por activos de riesgo (que favorece a las monedas latinoamericanas, incluyendo el peso colombiano), la política monetaria del Banco de la República (el aumento de tasas de interés hace más atractiva a Colombia) y la “moderación parcial de la incertidumbre política” tras las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas del 8 de marzo.
Ahora bien, Pérez explica que mientras otras monedas del mundo han perdido valor frente al dólar en las últimas semanas en medio de la guerra en Oriente Medio, el peso colombiano ha ganado. En este punto coincide Gregorio Gandini, experto en finanzas y director de Gandini Análisis. Lo que sugiere, según los expertos, que nos “estamos desalineando de la tendencia”.
¿Qué lo explica? Para los expertos, hay varios factores. Entre otros, la relevancia que tiene para el país el aumento en el precio del petróleo, que está por encima de los USD 100 por barril; las operaciones de manejo de deuda que ha realizado el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, y el aumento en las remesas.
Más allá de los ingredientes de la receta que tienen al dólar en COP 3.720, para el caso colombiano hay una relación cercana con el devenir de las finanzas públicas en momentos en los que el escenario fiscal del país se acerca más a la angustia y la gastritis que a las mariposas en el estómago.
El dólar y las finanzas públicas
La debilidad del dólar, en buena parte gracias a Trump, ha impedido que la situación fiscal sea más crítica de lo que es. Es clave recordar que en 2025 el déficit fiscal total cerró en 6,4 % y el déficit primario en 3,5 % del PIB. Estos datos, agrega Bautista, son los más altos de la historia a excepción del año de la pandemia (2020) y la crisis financiera del cierre de los 90 (1999).
El año pasado, el fortalecimiento del peso contribuyó a la reducción de la deuda neta del Gobierno Nacional y, por ende, al costo de financiamiento de la nación en moneda extranjera. Datos recopilados por Corficolombiana muestran que el fortalecimiento del peso colombiano frente al dólar aportó en una reducción de 2,9 % del PIB el año pasado, permitiendo que la deuda neta pasara de 59,5 % a 58,5 % del PIB en 2025. Como lo dijo un analista: “Al Gobierno se le apareció la Virgen con la baja en el dólar que ha impulsado Trump”.
La baja en el dólar también ha mitigado presiones inflacionarias por el menor costo de los bienes importados. Este es un tema en el que Colombia tampoco va bien: la inflación ya cumplió cinco años por fuera de la meta (3 %) y tras el aumento del 23 % del salario mínimo para 2026, las proyecciones para este año aumentaron considerablemente.
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Si bien el dato de febrero (5,29 %) estuvo por debajo de las expectativas del mercado y del resultado de enero (5,35 %) los centros de investigación económica han advertido que no se puede cantar victoria. Pese a que el Gobierno Petro ha defendido que aumentar el salario mínimo (ahora llamado “salario vital”) no sube la inflación, el Plan Financiero presentado por el Ministerio de Hacienda la semana pasada señala que el indicador cerrará el año en 5,8 %, por encima de la cifra de 2025 (5,1 %) y todavía muy lejos de la meta del Banco de la República.
El dólar, de una u otra forma, ha sido favorable para indicadores macroeconómicos claves. Esta es un arma de doble filo. Sobre la mesa está siempre la posibilidad de que el dólar repunte (muy posible, según los analistas consultados). De hecho, Minhacienda estima que cerrará el año en COP 3.915, por encima del nivel de 2025.
Las expectativas no pueden ampararse en el dólar. Una depreciación del peso tendría el efecto contrario en un momento que ya es complejo. Cifras del Ministerio de Hacienda recopiladas por Corficolombiana muestran que el 31,7 % de la deuda bruta del Gobierno Nacional Central está expuesta a riesgo cambiario. Más presiones sobre los precios complicarían todavía más el panorama de la inflación y de las tasas de interés, con consecuencias para el bolsillo de los usuarios.
Hasta ahora, el comportamiento del dólar ha jugado a favor del escenario fiscal en Colombia, pero el delicado balance entre deuda, ingresos y solvencia del Estado no puede ampararse en un factor tan volátil como la cotización de una moneda externa, por muy fuerte que esta sea. Analistas de todo tipo lo han advertido: siempre es bueno tener la casa en orden en caso de que haya un choque externo. Y para este tipo de ejemplos, en este punto nos sobra y nos basta con lo que ocurrió con la pandemia.
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