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El banquero de los cinco mil millones

El caso empezó en 2008, cuando la Sociedad General descubrió las pérdidas millonarias en especulaciones bursátiles del ex ‘trader’.

10 de junio de 2012 - 04:00 p. m.
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Es el segundo día de su proceso. Jerôme Kerviel no lleva corbata cuando entra a la sala de la Corte de Apelaciones de París. Impecable, a pesar de no llevar corbata, y aparentando menos de los 35 años que tiene, Kerviel espera que la instancia judicial revoque el fallo de la undécima cámara correccional de París, que el 5 de octubre de 2010 lo condenó a cinco años de prisión y a pagar 5 mil millones de euros a la Sociedad General, el segundo banco más poderoso de Francia. Una suma que de todas maneras corresponde apenas a la décima parte de lo que el banco afirma Kerviel invirtió en posiciones de riesgo y que representaba cuando se dio a conocer, en enero de 2008, el doble de los fondos propios de la institución.

Nacido en Ponte l’Abbé, un pueblito frente al mar en Finisterre, donde su padre trabajaba en la forja y su madre era propietaria de una peluquería, Kerviel fue conocido en su adolescencia como arquero de fútbol y practicante de judo. Eso fue antes de que se dedicara a los estudios económicos en las universidades de Quimper y Lyon. En 2000 empieza a trabajar para la Sociedad General. Allí recibe un salario de 35.000 euros, rara vez toma vacaciones y asciende rápidamente hasta convertirse en 2005 en responsable de arbitraje. En esa posición gana un sueldo fijo de 60.000 euros anuales más una remuneración variable que puede llegar a los 300.000 euros.

Un comunicado de la Sociedad General, expedido el 27 de enero de 2008, explica que la función de los “árbitros” es encontrar parejas de portafolios de instrumentos financieros similares pero cuyo comportamiento en el mercado tienda a ser inverso, de tal manera que las eventuales pérdidas en uno de ellos sean compensadas por una ganancia en el otro.

Según el banco, desde 2005 Kerviel habría exagerado los beneficios de varios productos para hacer creer a sus superiores que éstos compensaban y superaban las pérdidas de otras inversiones de las cuales era responsable. Si en un principio su interés es disimular cantidades relativamente pequeñas, durante los años 2006 y 2007 el corredor de bolsa invirtió masivamente en portafolios especulativos. Para continuar ocultando el fracaso de sus decisiones, no tuvo otra opción que introducirse en los sistemas informáticos de la entidad y modificar numerosos archivos contables.

Hacia finales de 2007, Kerviel se confirma como uno de los jóvenes corredor de bolsas más prometedores de la compañía, a la que habría hecho ganar 1.700 millones de euros. La auditoria de diciembre de ese año revela, sin embargo, las inconsistencias en los balances de la empresa, que habiendo perdido cerca de 2.000 millones de euros durante la crisis de las subprimas, se enfrenta a un escándalo que podría significarle un retiro masivo de sus clientes. Antes de cualquier anuncio público, todos los portafolios a pérdida de Kerviel son revendidos. El escándalo explota el 24 de enero. El nombre de Kerviel aún no es mencionado, pero dos días después el corredor de bolsa decide entregarse voluntariamente a la justicia.

A pesar de que la ministra de Justicia, Rachida Dati, evoca la responsabilidad de Daniel Bouton, presidente de la Sociedad General, y el entonces mandatario Nicolás Sarkozy insiste en la importancia de que “hasta el más alto nivel” sean castigados los responsables de las maniobras especulativas que por su magnitud pusieron en riesgo la estabilidad de todo el sistema financiero nacional, el hasta entonces prometedor banquero, que en ese momento acaba de cumplir 31 años, termina siendo el único acusado y pasa 37 días en prisión antes de ser liberado “bajo estricto control judicial”.

Tanto las directivas de la Sociedad General como las autoridades bancarias afirman que fueron víctimas de un abuso de confianza de Kerviel. Las dudas sobre la capacidad de un solo corredor para invertir una cantidad tan considerable de fondos aparecen rápidamente entre la opinión pública y los clientes del banco. Citada por el diario Le Monde, la presidenta de la asociación de accionistas menores de la Sociedad General, Colette Neuville, afirma: “Es como si alguien fuera en contravía por una autopista y nadie se diera cuenta”. El Partido Comunista lo compara con Alfred Dreyfuss: el capitán judío de principios del siglo XX. Kerviel no sería más que el chico expiatorio del sistema capitalista que arriesga millones que no le pertenecen.

El banquero se convierte en una estrella de internet, donde se crean miles de grupos de apoyo y parodia. Los primeros exigen su liberación, en los segundos surgen ideas como la creación de una nueva unidad monetaria: el “kerviel”, equivalente a cinco mil millones de euros, o se afirma que Jesús no multiplicó los panes, se los dio a Jerôme Kerviel.

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Durante las investigaciones preliminares, que duraron cerca de un año, su abogada Élisabeth Meyer insistió en que Kerviel no desvió dinero para su beneficio personal y en que las inversiones riesgosas son una práctica de las grandes instituciones financieras. El mismo argumento fue retomado por Olivier Metzner, quien representó al banquero durante su juicio en octubre de 2010 y que lo declaró culpable de “falsificación de documentos, uso de documentos falsos, abuso de confianza e introducción fraudulenta de datos en un sistema informático”.

Para la apelación del fallo, Kerviel escogió como abogado a David Koubbi, quien recientemente representó a la periodista Tristane Banon en su demanda contra el exdirector del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn. En los dos primeros días del proceso, cuyo fallo deberá conocerse el próximo 28 de junio, el argumento de la defensa se ha esbozado claramente: Koubbi y Kerviel intentarán convencer al tribunal de que el banquero no fue el único implicado, que sus superiores le dejaron tomar todos los riesgos, esperando obtener ganancias para el banco, y que sólo cuando las cosas no resultaron, decidieron intervenir.

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“Yo era como un hámster que corría en una rueda, habría querido que alguien me detuviese”, afirmó Kerviel frente al tribunal.

Aún en libertad, el exbanquero trabaja actualmente como consultor de informática con un sueldo de 2.700 euros mensuales. Para pagar la multa que le ha sido impuesta deberá trabajar cerca de 177.000 años, a los que deberá sumarles los cuatro que pasaría en prisión.

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La condena del excorredor de bolsa

50 mil millones de euros es la cantidad que se le acusó a Jéromé Kerviel de perder en especulaciones bursátiles.

177 mil años tardaría Kerviel en pagar la multa, con su salario de 2.700 euros mensuales como consultor informático.

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