El viaje a Cuba que esta semana emprendió el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, tenía un doble propósito. Por un lado, buscaba limar las asperezas políticas entre la isla y sus aliados de cara a la VII Cumbre de las Américas, que se celebrará en un mes en Cartagena, y donde el gran debate hasta el momento ha sido la ausencia de los dirigentes comunistas en las discusiones.
Por el otro, Santos aprovechó su estadía para sentarse con el presidente venezolano, Hugo Chávez, que se encuentra bajo tratamiento por una grave enfermedad en uno de los hospitales de la isla, y definir los mecanismos para fortalecer el comercio binacional.
Una tarea de gran tacto y diplomacia, si se tiene en cuenta que hace apenas tres años, por profundos desacuerdos entre los gobiernos de la época, los intercambios se interrumpieron y las tensiones entre los países escalaron a tal nivel que era inminente el estallido de un conflicto armado.
Como consecuencia de la desconfianza, el comercio binacional se erosionó, pues pasó de US$7.715 millones en 2008 a US$1.726 millones en 2010. Y en medio de la confrontación, los exportadores colombianos salieron perjudicados cuando Caracas ordenó el cese de pagos.
Dos años después, el panorama es muy diferente. En plena crisis, el gobierno colombiano elaboró un plan de diversificación de las exportaciones para aliviar las pérdidas en la industria. Así fue como, por ejemplo, los fabricantes de calzado y manufacturas de cuero encontraron en Ecuador y Estados Unidos la respuesta a sus plegarias.
“Gracias al trabajo de Proexport, encontramos nuevos compradores en México y Perú. Para el caso de Estados Unidos, concretamente, logramos un crecimiento del 2% en las exportaciones de marroquinería entre 2010 y 2011. Pero el avance más importantes lo tenemos en Ecuador, en donde las ventas de marroquinería crecieron 49% al pasar de US$1,7 millones a US$2,6 millones; lo mismo sucedió en calzado, donde crecimos 73% y pasamos de vender US$8,3 millones a US$14,4 millones”, sostiene Luis Gustavo Flórez, presidente ejecutivo de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el Cuero y sus Manufacturas (Acicam).
Pero aún no se puede descartar completamente un mercado que llegó a ser el segundo socio comercial de Colombia, y que desde el restablecimiento de los lazos diplomáticos parece reactivarse: el año pasado, el flujo comercial ascendió a US$2.313 millones.
La idea, desde Bogotá, es fortalecerlo. Por eso en febrero pasado los equipos comerciales de ambos países llegaron por fin a un acuerdo para darle tratamiento preferencial a más de 4.200 partidas arancelarias (el 91% tendrá cero arancel, el resto contará con descuento en sus impuestos de entrada).
“Es muy difícil que regresemos a los niveles de 2008, por las diferencias y el enfoque de los modelos económicos. Pero lo más importante es que con las negociaciones se preservó el patrimonio histórico, tal como lo querían los presidentes”, reconoce Sergio Díaz-Granados, ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia.
Pero la pérdida de confianza puede ser difícil de reconstruir. “El comercio se está normalizando, pero no hay seguridad en los mecanismos de pagos y aún nos deben US$10 millones”, indica Flórez.
Aún así, del otro lado de la frontera el entusiasmo es palpable. “Los resultados de estos acuerdos se verán este año en el incremento de la balanza comercial. Trabajaremos duro para impulsar las ventas y compras en el sector privado, así como la transferencia de tecnología”, dice Alejandro Uzcátegui, presidente del gremio Empresarios por Venezuela (Empreven).