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El contendor francés

El viernes concluyó su visita relámpago a Colombia, donde aprovechó las buenas relaciones binacionales para sumar apoyos. Su carrera al interior de la organización es su principal arma.

27 de abril de 2012 - 06:46 p. m.
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El pasaporte de Gilles de Robien ha estado coleccionando todo tipo de sellos de inmigración en las últimas dos semanas: primero fue el indio, lo siguió el canadiense y por último el colombiano. Son estadías cortas, no más de dos días, en las que aprovecha para reunirse con los principales gremios y sindicatos de cada país para promover su candidatura a la secretaría general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el mismo cargo al que aspira el vicepresidente Angelino Garzón.

“Se trata de una visita de cortesía. Las relaciones entre Colombia y Francia son excelentes, y la cordialidad no va a cambiar por el hecho de que cada una tenga su propio candidato”, comenta este abogado y exministro francés de 70 años, a quien el canciller Alain Juppé le ha encomendado la misión de recobrar para su país el mando de una de las principales organizaciones mundiales, creada hace 94 años a partir del Tratado de Versalles.

Para lograrlo, De Robien ha diseñado un proyecto que tiene por objeto principal empoderar a la organización para que se convierta en una fuente confiable de estadísticas y análisis para la toma de decisiones en la coyuntura actual, identificada por una Europa en crisis económica, que despide a miles de trabajadores públicos para pagar sus deudas, y una América Latina vista por los empresarios como el paraíso ante el aumento de los costos laborales en el Lejano Oriente.

“Debido a la globalización de hoy, nunca habíamos necesitado tanto a la OIT. El desarrollo económico tiene consecuencias ante las que hay que estar muy atento: gente sumida en la pobreza, solicitudes de auxilio por desempleo en aumento y millones de jóvenes que centran su esperanza en el trabajo”, explica.

Su propuesta, presentada el pasado 30 de marzo ante los 56 miembros del Consejo de Administración que designará al sucesor del chileno Juan Somavia, contiene cinco puntos entre los que se destacan el papel activo que el organismo debe asumir en la formulación y aplicación de normas laborales, y una gestión eficiente de los recursos para revalidar su papel ante la ONU.

“El proyecto ha sido socializado desde febrero, y parece contar con el consenso de prácticamente la inmensa mayoría —para no decir la totalidad— de los países que he visitado”, comenta, al tiempo que revela una reunión celebrada el mes pasado en Ginebra con Garzón, donde intercambiaron sus opiniones sobre la elección.

Un elemento que podría ser vital en el proceso, el cual culminará el próximo 28 de mayo, es la experiencia de De Robien en el seno de la OIT, al cual llegó en 2007 como delegado francés ante el consejo administrativo. Desde allí conformó varias comisiones regionales para evaluar el cumplimiento de las normativas laborales en Europa, Asia y África, por lo que conoce la burocracia, la forma de trabajar y los temas sensibles para la organización.

En su hoja de vida también se destacan la presidencia, en 2010, de la Conferencia Internacional del Trabajo, y la coordinación de la agenda social de la reunión del G20 el año pasado, donde pudo codearse con los delegados de los países más ricos del mundo, los mismos que en un mes decidirán su suerte.

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“Fue un trabajo con el que recibí el reconocimiento por mis capacidades de diálogo, concertación y búsqueda de consenso. Merecí los halagos de mis colegas”, señala quien podría dejar en el camino no sólo a Garzón y a la campaña colombiana de liderar uno de los más importantes foros a nivel mundial, sino también a los otros siete candidatos, de Holanda, Malasia, Níger, Senegal, Suecia, Benín, más otro nominado por los representantes de los trabajadores.

Aún no sabe con certeza cuántos votos fijos ha sumado el candidato francés en sus viajes, los cuales continuarán por cada uno de los 56 países que en mayo próximo se reunirán para decidir el nombre del nuevo secretario general de la OIT.

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